Estudio avanzado para Maestros, con la "Guía de Estudio de la Biblia"

Letra Negra: Lección de la ES

Letra Azul: Espíritu de Profecía


Lección 2:  Para el 11 de Abril de 2020

  

El origen y la naturaleza de la Biblia  

 

 

Sábado 4 de abril

 

Lee Para el Estudio de esta Semana:  2 Pedro 1:19-212 Timoteo 3:1617Deuteronomio 18:18Éxodo 17:14Juan 1:14Hebreos 11:36.

Para Memorizar: “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tes. 2:13).

La forma de ver y entender el origen y la naturaleza de la Biblia tiene un gran impacto en el papel que desempeña la Biblia en nuestra vida y en la iglesia en general. La manera en que interpretamos el proceso de revelación e inspiración determina e influye notablemente en nuestra comprensión de la Biblia. Cuando queremos entender las Escrituras correctamente, primero debemos permitir que la Biblia determine los parámetros básicos de cómo se debe abordar. No podemos estudiar matemáticas con los métodos empíricos empleados en biología o sociología. No podemos estudiar física con las mismas herramientas utilizadas para estudiar historia. Del mismo modo, no conoceremos ni comprenderemos correctamente las verdades espirituales de la Biblia utilizando métodos ateos que abordan la Biblia como si Dios no existiera. Nuestra interpretación de las Escrituras debe considerar seriamente la dimensión divino-humana de la Palabra de Dios. Por consiguiente, lo que necesitamos para una interpretación adecuada de la Biblia es acercarnos a la Biblia con fe, no con escepticismo ni dudas metodológicas.

Esta semana veremos algunos aspectos fundamentales del origen y la naturaleza de la Biblia que deberían influir en nuestra forma de interpretarla y entenderla.

Espíritu de Profecía

Los fariseos de los días de Cristo cerraron los ojos para no ver y los oídos para no oír, y en esa forma, la verdad no les pudo llegar al corazón. Habían de sufrir el castigo por su ignorancia voluntaria y la ceguera que se imponían a sí mismos. Pero Cristo enseñó a sus discípulos que ellos habían de abrir su mente a la instrucción y habían de estar listos para creer. Pronunció una bendición sobre ellos porque vieron y oyeron con ojos y oídos creyentes…

 

Solo es un verdadero estudiante el que recibe las Escrituras como la voz de Dios que le habla. Tiembla ante la Palabra; porque para él es una viviente realidad. Abre su entendimiento y corazón para recibirla. Oyentes tales eran Cornelio y sus amigos, que dijeron al apóstol Pedro: “Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado”. Hechos 10:33.

 

El conocimiento de la verdad depende no tanto de la fuerza intelectual como de la pureza de propósito, la sencillez de una fe ferviente y confiada. Los ángeles de Dios se acercan a los que con humildad de corazón buscan la dirección divina. Se les da el Espíritu Santo para abrirles los ricos tesoros de la verdad —Palabras de vida del gran Maestro, p. 39.

 

La Biblia es la voz de Dios hablándonos tan ciertamente como si pudiéramos oírlo con nuestros oídos. La palabra del Dios viviente no está solo escrita, sino que es hablada. ¿Recibimos la Biblia como el oráculo de Dios? Si nos damos cuenta de la importancia de esta Palabra, ¡con qué respeto la abriríamos, y con qué fervor escudriñaríamos sus preceptos! La lectura y la contemplación de las Escrituras serían consideradas como una audiencia con el Altísimo.

 

La Palabra de Dios es un mensaje que debemos obedecer, un volumen para consultar a menudo y con cuidado, y con un espíritu deseoso de asimilar las verdades escritas para la admonición de aquellos a quienes han alcanzado los fines de los siglos. No debe ser descuidado en favor de cualquier otro libro —En los lugares celestiales, p. 136.

 

Dediquemos más tiempo al estudio de la Biblia. No entendemos la Palabra como deberíamos. El libro del Apocalipsis se inicia con una orden a entender la instrucción que contiene. “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía—declara Dios—, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”. Cuando como pueblo comprendamos lo que significa este libro para nosotros, se verá entre nosotros un gran reavivamiento. No entendemos plenamente las lecciones que enseña, a pesar del mandato que nos fue dado de escudriñarlo y estudiarlo —Testimonios para los ministros, p. 113. 

 

Domingo 5 de abril

La revelación divina de la Biblia 

Lee 2 Pedro 1:19 al 21. ¿Cómo expresa Pedro su convicción sobre el origen del mensaje bíblico y profético?

 

La Biblia no es como cualquier otro libro. Según el apóstol Pedro, los profetas fueron inspirados por el Espíritu Santo de manera que el contenido de su mensaje vino de Dios. No lo inventaron ellos. En lugar de ser “fábulas artificiosas” (2 Ped. 1:16), el mensaje profético de la Biblia es de origen divino, y por lo tanto es veraz y confiable. “Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Ped. 1:21). Dios obró en el proceso de revelación al dar a conocer su voluntad a personas escogidas.

La comunicación verbal y directa entre Dios y personas específicas es un hecho ineludible de las Escrituras. Esta es la razón por la cual la Biblia tiene una autoridad divina especial, y debemos tener en cuenta el elemento divino en nuestra interpretación de las Escrituras. Es apropiado llamar “santas Escrituras” (Rom. 1:22 Tim. 3:15) a los libros bíblicos considerando que nuestro santo Dios es su autor principal.

La Escritura también fue dada con propósitos prácticos. Es “útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Tim. 3:1617, NVI).

También necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para aplicar a nuestra vida lo que Dios reveló en su Palabra. Según el apóstol Pedro, la interpretación de la Palabra de Dios divinamente revelada no es una cuestión de opinión personal. Para entender correctamente su significado, necesitamos la Palabra de Dios y el Espíritu Santo.

La Escritura también dice: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). La palabra bíblica para “revelación” (en sus diversas formas) expresa la idea de que algo que antes estaba oculto ahora se ha revelado o desvelado y, por lo tanto, se da a conocer y se manifiesta. Como seres humanos, necesitamos esa revelación, ya que somos seres pecaminosos, separados de Dios a causa de nuestro pecado y, por lo tanto, dependemos de él para conocer su voluntad.

Ya de por sí cuesta bastante obedecer la Biblia, incluso creyendo en su origen divino. ¿Qué pasaría si encima desconfiamos o cuestionamos ese origen divino?

 

Espíritu de Profecía

Estamos sumamente agradecidos de poseer la segura palabra profética, así que ninguno de nosotros necesita ser engañado. Sabemos que actualmente existen herejías y fábulas en nuestro mundo, y deseamos conocer cuál es la verdad. Para lograr ese conocimiento nos conviene investigar cuidadosamente por nosotros mismos. Pero no se lo puede lograr con una simple lectura de la Biblia, sino que se necesita comparar un texto con otro. Debemos escudriñar las Escrituras por nosotros mismos, para que no nos descarriemos; y aunque muchos pierdan el camino debido a la diversidad de doctrinas que hay en nuestro mundo, hay una sola verdad. Muchos se podrán acercar a ustedes para decirles que tienen la verdad, pero ustedes tienen el privilegio de escudriñar las Escrituras por su propia cuenta. “¡A la ley y al testimonio! si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Necesitamos tener un conocimiento personal de las Escrituras, para que podamos comprender la verdadera razón de la esperanza que hay en nosotros —Exaltad a Jesús, p. 108.

 

Las Escrituras fueron dadas a los hombres, no en una cadena continua de declaraciones ininterrumpidas, sino parte tras parte a través de generaciones sucesivas, a medida que Dios en su providencia veía una oportunidad adecuada para impresionar a los hombres en varios tiempos y en diversos lugares. Los hombres escribieron a medida que fueron movidos por el Espíritu Santo. Hay primero el brote, después el capullo y después el fruto; “primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga”. Esto es exactamente lo que son las declaraciones de la Biblia para nosotros…

 

Aquellos cuyo corazón está en armonía con la verdad y el deber, escudriñarán las Escrituras con un corazón preparado para recibir impresiones divinas. El alma iluminada ve una unidad espiritual, una gran hebra de oro que corre por todo el conjunto, pero se requieren paciencia, meditación y oración para rastrear la preciosa hebra áurea —Mensajes selectos, t. 1, pp. 22, 23.

 

La Palabra de Dios es un gran Libro educador. Pero mientras muchos pretenden respetarla, ponen otros libros por encima de ella. Se exalta la razón humana por sobre la divina. ¿Puedo hablar claramente y dar un testimonio definido? Si la Palabra de Dios hubiera sido considerada como siempre lo debió ser, como la voz de Dios que habla a los hombres, la fuente de toda sabiduría, de toda verdad, de la más elevada educación, los niños, jóvenes y padres habrían hecho de ella no solamente motivo de su estudio, sino su maestra y su guía…

 

La Biblia es el libro de texto, y debería ser estudiada diligentemente, no como se lee cualquier libro. Debe ser para nosotros el libro que satisface las necesidades del alma. Este libro hará sabio para la salvación al hombre que lo estudie y lo obedezca. Así como el alimento no puede nutrir el cuerpo a menos que se lo coma y se lo digiera, tampoco puede la Palabra del Dios vivo satisfacer el alma a menos que se la reciba como Maestra de un sistema de educación superior, que está por encima de todo artificio humano; a menos que sus principios sean obedecidos porque son la sabiduría de Dios —Cada día con Dios, p. 125. 

 

Lunes 6 de abril

El proceso de la inspiración 

Debido a que Dios utiliza el medio del lenguaje para revelar su voluntad al hombre, la revelación divina se puede escribir. Sin embargo, como ya hemos visto, la Biblia es el resultado de la verdad divina revelada mediante la obra del Espíritu Santo, quien transmite y protege su mensaje a través de instrumentos humanos. Esta es la razón por la que podemos contar con la unidad fundamental que se manifiesta en todas las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis (p. ej., comparar Gén. 3:1415 con Apoc. 12:17).

Lee 2 Pedro 1:212 Timoteo 3:16; y Deuteronomio 18:18. ¿Qué dicen estos versículos sobre la inspiración bíblica?

Toda la Escritura es divinamente inspirada, aunque no todas las partes sean igualmente inspiradoras para leer ni necesariamente aplicables a nosotros hoy (p. ej., las partes sobre las fiestas hebreas fueron inspiradas, aunque no es necesario que las observemos en la actualidad). Sin embargo, debemos aprender de toda la Biblia, incluso de aquellas partes que no son tan fáciles de leer ni entender o que no son específicamente aplicables a nosotros hoy.

Además, no todo lo que está en la Biblia fue revelado en forma directa o sobrenatural. A veces, Dios utilizó a escritores bíblicos que investigaron cuidadosamente las cosas o usaron otros documentos existentes (ver Jos. 10:13Luc. 1:1-3) para comunicar su mensaje.

Aun así, toda la Escritura es inspirada (2 Tim. 3:16). Esta es la razón por la que Pablo declara que “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron”, para que a través de “la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Rom. 15:4).

“La Biblia señala a Dios como autor de ella; sin embargo, fue escrita por manos humanas, y la diversidad de estilo de sus diferentes libros nos muestra la individualidad de cada uno de sus escritores. Las verdades reveladas son todas inspiradas por Dios (2 Tim. 3:16); aun así, están expresadas en palabras de los hombres” (CS 9).

En la actualidad existen eruditos bíblicos que niegan la autoría divina de muchas partes de la Biblia, incluso hasta el punto de negar muchas enseñanzas cruciales: la creación, el Éxodo, la resurrección. ¿Por qué es primordial que no le abramos la puerta a esas enseñanzas, ni siquiera un poco? Al fin y al cabo, ¿quiénes somos nosotros para juzgar la Palabra de Dios?

 

Espíritu de Profecía

La Biblia está escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores.

 

No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios —Mensajes selectos, t. 1, p. 24.

 

Tomo la Biblia tal como es, como la Palabra Inspirada. Creo en sus declaraciones: en una Biblia completa. Se levantan hombres que piensan que encuentran algo para criticar en la Palabra de Dios. Lo exhiben delante de otros como una evidencia de sabiduría superior. Muchos de esos hombres son inteligentes y eruditos; tienen elocuencia y talento, y toda la obra de la vida [de ellos] es intranquilizar las mentes en cuanto a la inspiración de las Escrituras. Influyen en muchos para que tengan la misma opinión de ellos. Y la misma obra se propaga de uno a otro, tal como Satanás quiere que sea, hasta que podamos ver el pleno significado de las palabras de Cristo: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas 18:8.

 

Hermanos, no se ocupe ninguna mente ni mano en criticar la Biblia. Esa es una obra que Satanás se deleita en que alguien la haga, pero no es una obra que el Señor nos ha indicado hacer —Mensajes selectos, t. 1, pp. 19, 20.

 

Se me ha mostrado que las dudas expresadas con respecto a la veracidad de… la inspiración de la palabra de Dios no han sido provocadas, como muchos piensan que lo son. Estas dificultades no yacen tanto en la Biblia o en la evidencia de nuestra fe, como en los propios corazones de los que dudan. Los requerimientos de la palabra de Dios son demasiado sofocantes para su naturaleza no santificada… Si las propensiones del corazón natural no se restringen y someten por la influencia santificadora de la gracia de Dios recibida por el conducto de la fe, los pensamientos del corazón no son puros ni santos. Las condiciones de la salvación presentadas por la palabra de Dios son razonables, claras y positivas y significan nada menos que perfecta conformidad con la voluntad de Dios y pureza de corazón y de vida…

 

En casi todos los casos en que alguien pone en duda la inspiración de la palabra de Dios, lo hace a causa de su vida que no está santificada, y que esa palabra condena… Las perplejidades y las dudas que confunden el corazón depravado desaparecerán para el que práctica los puros principios de la verdad —Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 388. 

 

Martes 7 de abril

La palabra escrita de Dios 

“Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel” (Éxo. 34:27). ¿Por qué querría el Señor que Moisés escribiera estas palabras en vez de pedirle que se las recitara al pueblo solamente? ¿Cuál es la ventaja obvia de la Palabra escrita?

 

El Dios que habla y que creó el lenguaje humano permite que los elegidos comuniquen las verdades divinamente reveladas y los pensamientos divinamente inspirados de una manera confiable. Por lo tanto, no es de extrañar que Dios les haya ordenado a los escritores bíblicos desde el principio que pongan sus enseñanzas y su revelación por escrito.

¿Qué enseñan los siguientes versículos sobre la revelación escrita?

 

Éxodo 17:1424:4

Josué 24:26

Jeremías 30:2

Apocalipsis 1:111921:522:1819.

 

¿Por qué Dios ordenó escribir sus revelaciones y sus mensajes inspirados? La respuesta obvia es para que no los olvidemos tan fácilmente. Las palabras escritas de la Biblia son un punto de referencia constante que nos señalan a Dios y su voluntad. Por lo general, un documento escrito puede conservarse mejor y ser mucho más confiable que los mensajes orales, que deben repetirse vez tras vez. La Palabra escrita, que se puede copiar muchas veces, también puede ser accesible a mucha más gente que si solo se transmitiera oralmente. Por último, podemos hablarle a un número reducido de personas al mismo tiempo en un lugar, pero innumerables lectores pueden leer la Palabra escrita en muchos lugares y continentes diferentes, y esta incluso puede ser una bendición para muchas generaciones posteriores. De hecho, si hay gente que no puede leer, otros pueden leerle un documento escrito en voz alta.

Espíritu de Profecía

Dios no confió sus preceptos a la memoria de un pueblo inclinado a olvidar sus requerimientos, sino que los escribió sobre tablas de piedra. Quiso alejar de Israel toda posibilidad de mezclar las tradiciones paganas con sus santos preceptos, o de confundir sus mandamientos con costumbres o reglamentos humanos. Pero hizo más que solo darles los preceptos del Decálogo. El pueblo se había mostrado tan susceptible a descarriarse, que no quiso dejarles ninguna puerta abierta a la tentación. A Moisés se le dijo que escribiera, como Dios se lo había mandado, derechos y leyes que contenían instrucciones minuciosas respecto a lo que el Señor requería. Estas instrucciones relativas a los deberes del pueblo para con Dios, a los deberes de unos para con otros, y para con los extranjeros, no eran otra cosa que los principios de los Diez Mandamientos ampliados y dados de una manera específica, en forma tal que ninguno pudiera errar. Tenían por objeto resguardar la santidad de los Diez Mandamientos grabados en las tablas de piedra.

 

Si el hombre hubiera guardado la ley de Dios, tal como le fue dada a Adán después de su caída, preservada por Noé y observada por Abraham, no habría habido necesidad del rito de la circuncisión. Y si los descendientes de Abraham hubieran guardado el pacto del cual la circuncisión era una señal, jamás habrían sido inducidos a la idolatría, ni habría sido necesario que sufrieran una vida de esclavitud en Egipto; habrían conservado el conocimiento de la ley de Dios, y no habría sido necesario proclamarla desde el Sinaí, o grabarla sobre tablas de piedra. Y si el pueblo hubiera practicado los principios de los Diez Mandamientos, no habría habido necesidad de las instrucciones adicionales que se le dieron a Moisés —Historia de los patriarcas y profetas, pp. 379, 380.

 

Fue Cristo quien ordenó al apóstol que escribiera lo que le iba a ser revelado. “Escribe en un libro lo que ves —le mandó— …Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas: el misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro. Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”. Apocalipsis 1:11, 17-20…

 

Se habla de Cristo como caminando en medio de los candeleros de oro. Así se simboliza su relación con las iglesias. Está en constante comunicación con su pueblo. Conoce su real condición. Observa su orden, su piedad, su devoción. Aunque es el sumo sacerdote y mediador en el Santuario celestial, se le representa como caminando de aquí para allá en medio de sus iglesias en la tierra. Con incansable desvelo y constante vigilancia, observa para ver si la luz de alguno de sus centinelas arde débilmente o si se apaga. Si el candelero fuera dejado al mero cuidado humano, la vacilante llama languidecería y moriría; pero él es el verdadero centinela en la casa del Señor, el fiel guardián de los atrios del templo. Su cuidado constante y su gracia sostenedora son la fuente de la vida y la luz —Los hechos de los apóstoles, pp. 467, 468. 

 

Miércoles 8 de abril

El paralelismo entre Cristo y la Escritura 

Lee Juan 1:142:228:31 y 32; y 17:17. ¿Qué paralelismos encuentras entre Jesús, el Verbo de Dios hecho carne; y la Escritura, la Palabra escrita de Dios?

 

Existe un paralelismo entre el Verbo de Dios hecho carne (es decir, Jesucristo), y la Palabra escrita de Dios (es decir, la Escritura). Así como Jesús fue concebido sobrenaturalmente por el Espíritu Santo, pero nació de una mujer, la santa Escritura también tiene un origen sobrenatural, pero se difunde a través de los seres humanos.

Jesucristo se hizo hombre en el tiempo y en el espacio. Vivió durante un tiempo específico y en un lugar específico. Sin embargo, este hecho no anuló su divinidad, ni tampoco hizo que Jesús fuese relativo históricamente. Él es el único Redentor para todas las personas de todo el mundo y de todas las épocas (ver Hech. 4:12). Igualmente, la Palabra escrita de Dios, la Biblia, también se dio en un momento específico y en una cultura determinada. Al igual que Jesucristo, el tiempo no condiciona la Biblia, es decir, no está limitada a un tiempo y un lugar específicos; sigue vinculada a todas las personas de todo el mundo.

Cuando Dios se reveló, descendió al nivel humano. La naturaleza humana de Jesús mostraba todos los indicios de las enfermedades humanas y los efectos de unos cuatro mil años de degeneración. Sin embargo, él era sin pecado. De igual modo, la terminología de la Escritura es humana, no un lenguaje “perfecto y superhumano” que nadie habla ni es capaz de entender. Si bien todo idioma tiene sus limitaciones, el Creador de la humanidad, que es el Creador del lenguaje humano, es perfectamente capaz de comunicar su voluntad a los seres humanos de una manera confiable e inconfundible.

Por supuesto, toda comparación tiene sus límites. Jesucristo y la santa Escritura no son idénticos. La Biblia no es una encarnación de Dios. Dios no es un libro. Dios se hizo humano en Jesucristo. Nosotros amamos la Biblia porque adoramos al Salvador proclamado en sus páginas.

La Biblia es una unión divina-humana única e inseparable. Elena de White vio esto claramente cuando escribió: “La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el lenguaje de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano. Tal unión existía en la naturaleza de Cristo, quien era Hijo de Dios e Hijo del hombre. Así se puede decir de la Biblia lo que se dijo de Cristo: ‘Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros’ (Juan 1:14)” (CS 10).

¿Por qué la Biblia debe ser fundamental para nuestra fe? Sin ella, ¿dónde estaríamos?

 

Espíritu de Profecía

El Hijo de Dios se humilló para levantar al caído. Por ello dejó los mundos celestiales que no han conocido el pecado, los noventa y nueve que le amaban, y vino a esta tierra para ser “herido por nuestras rebeliones”, y “molido por nuestros pecados”. Isaías 53:5. Fue hecho, en todas las cosas, semejante a sus hermanos. Se revistió de carne humana igualándose a nosotros.

 

Él sabía lo que significaba tener hambre, sed y cansancio. Fue sustentado por el alimento y refrigerado por el sueño. Fue un extranjero y advenedizo sobre la tierra —en el mundo, pero no del mundo. Tentado y probado como lo son los hombres de la actualidad, vivió, sin embargo, una vida libre del pecado. Lleno de ternura, compasión, simpatía, siempre considerado con los demás, representó el carácter de Dios. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14 —Los hechos de los apóstoles, pp. 376, 377.

 

La naturaleza humana del Hijo de María, ¿fue cambiada en la naturaleza divina del Hijo de Dios? No. Las dos naturalezas se mezclaron misteriosamente en una sola persona: el hombre Cristo Jesús. En él moraba toda la plenitud de la Deidad corporalmente. Cuando Cristo fue crucificado, su naturaleza humana fue la que murió. La Deidad no disminuyó ni murió; esto habría sido imposible. Cristo, el inmaculado, salvará a cada hijo e hija de Adán que acepte la salvación que se le ofrece, que consienta en convertirse en hijo o hija de Dios. El Salvador ha comprado a la raza caída con su propia sangre.

 

Este es un gran misterio, un misterio que no será comprendido plena y completamente, en toda su grandeza, hasta que los redimidos sean trasladados. Entonces se comprenderán el poder, la grandeza y la eficacia de la dádiva de Dios para el hombre —Exaltad a Jesús, p. 70.

 

Mirando constantemente a Jesús con el ojo de la fe, seremos fortalecidos. Dios hará las revelaciones más preciosas a sus hijos hambrientos y sedientos. Hallarán que Cristo es un Salvador personal. A medida que se alimenten de su Palabra, hallarán que es espíritu y vida. La Palabra destruye la naturaleza terrenal y natural e imparte nueva vida en Cristo Jesús. El Espíritu Santo viene al alma como Consolador. Por el factor transformador de su gracia, la imagen de Dios se reproduce en el discípulo; viene a ser una nueva criatura. El amor reemplaza al odio y el corazón recibe la semejanza divina. Esto es lo que quiere decir vivir de “toda palabra que sale de la boca de Dios”. Esto es comer el Pan que descendió del cielo —El Deseado de todas las gentes, p. 355. 

 

Jueves 9 de abril

Cómo interpretar la Biblia con fe 

Lee Hebreos 11:3 y 6. ¿Por qué la fe es tan esencial para entender a Dios y su Palabra? ¿Por qué es imposible agradar a Dios sin fe?

Todo verdadero aprendizaje se da en el contexto de la fe. Es la fe implícita del niño hacia sus padres la que le permite aprender cosas nuevas. Es una relación de confianza la que guía al niño a aprender los aspectos básicos y fundamentales de la vida y el amor. Por lo tanto, el conocimiento y el entendimiento surgen de una relación de amor y confianza.

Del mismo modo, un buen músico toca bien una pieza musical no solo cuando domina las habilidades técnicas que lo ayudan a tocar un instrumento, sino también muestra amor por la música, el compositor y el instrumento. En este mismo sentido, no entendemos la Biblia correctamente cuando la abordamos con una actitud de escepticismo o duda metodológica, sino con un espíritu de amor y fe. El apóstol Pablo escribió: “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6). Por lo tanto, es indispensable acercarse a la Biblia con fe, reconociendo su origen sobrenatural, en lugar de ver la Biblia simplemente como un libro humano.

Los adventistas del séptimo día han expresado claramente esta percepción del origen sobrenatural de las Escrituras en la primera creencia fundamental de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que dice: “Las Sagradas Escrituras, que abarcan el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, constituyen la Palabra de Dios escrita, transmitida por inspiración divina. Los autores inspirados hablaron y escribieron impulsados por el Espíritu Santo. Por medio de esta Palabra, Dios comunica a los seres humanos el conocimiento necesario para alcanzar la salvación. Las Sagradas Escrituras son la revelación suprema, autoritativa e infalible de la voluntad divina. Son la norma del carácter, el criterio para evaluar la experiencia, la revelación definitiva de las doctrinas, un registro fidedigno de los actos de Dios realizados en el curso de la historia (Sal. 119:105Prov. 30:56Isa. 8:20Juan 17:171 Tes. 2:132 Tim. 3:1617Heb. 4:122 Ped. 1:2021)” (Creencias de los adventistas del séptimo día, p. 13).

¿Qué no alcanzan a entender de la Biblia quienes no se acercan a ella con una actitud de fe? ¿Por qué esta fe no es ciega? Es decir, ¿qué buenas razones tenemos para esta fe y por qué la fe sigue siendo una necesidad al abordar las verdades de la Biblia?

 

Espíritu de Profecía

Al permitir todo género de descubrimientos en las ciencias y en las artes, Dios ha derramado sobre el mundo raudales de luz; pero aun los espíritus más poderosos, si no son guiados en sus investigaciones por la Palabra de Dios, se extravían en sus esfuerzos por encontrar las relaciones existentes entre la ciencia y la revelación.

 

Los conocimientos humanos, tanto en lo que se refiere a las cosas materiales como a las espirituales, son limitados e imperfectos; de aquí que muchos sean incapaces de hacer armonizar sus nociones científicas con las declaraciones de las Sagradas Escrituras. Son muchos los que dan por hechos científicos lo que no pasa de ser meras teorías y elucubraciones, y piensan que la Palabra de Dios debe ser probada por las enseñanzas de “la falsamente llamada ciencia”. 1 Timoteo 6:20. El Creador y sus obras les resultan incomprensibles; y como no pueden explicarlos por las leyes naturales, consideran la historia bíblica como sí no mereciese fe. Los que dudan de la verdad de las narraciones del Antiguo Testamento y del Nuevo, dan a menudo un paso más y dudan de la existencia de Dios y atribuye poder infinito a la naturaleza. Habiendo perdido su ancla son arrastrados hacia las rocas de la incredulidad.

 

Es así como muchos se alejan de la fe y son seducidos por el diablo. Los hombres procuraron hacerse más sabios que su Creador; la filosofía intentó sondear y explicar misterios que no serán jamás revelados en el curso infinito de las edades. Si los hombres se limitasen a escudriñar y comprender tan solo lo que Dios les ha revelado respecto de sí mismo y de sus propósitos, llegarían a tal concepto de la gloria, majestad y poder de Jehová, que se darían cuenta de su propia pequeñez y se contentarían con lo que fue revelado para ellos y sus hijos —El conflicto de los siglos, p. 513.

 

La fe no es sentimiento. “Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven”. Hebreos 11:1. La verdadera fe no va en ningún sentido aliada a la presunción. Únicamente aquel que tiene verdadera fe está seguro contra la presunción, porque la presunción es la falsificación de la fe por Satanás.

 

La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce fruto en obediencia. La presunción se atiene también a las promesas, pero las emplea como las empleó Satanás, para disculpar la transgresión. La fe habría inducido a nuestros primeros padres a confiar en el amor de Dios y obedecer sus mandamientos. La presunción los indujo a violar su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado. No es fe la que pretende el favor del cielo sin cumplir con las condiciones en que se ha de otorgar la misericordia. La verdadera fe tiene su cimiento en las promesas y provisiones de las Escrituras —Obreros evangélicos, p. 274.

 

He observado frecuentemente que los hijos del Señor… no ejercitan la fe que es su privilegio y deber ejercitar, y a menudo aguardan aquel sentimiento íntimo que solo la fe puede dar. El sentimiento de por sí no es fe. Son dos cosas distintas. A nosotros nos toca ejercitar la fe; pero el sentimiento gozoso y sus beneficios han de sernos dados por Dios. La gracia de Dios llega al alma por el canal de la fe viva, que está en nuestro poder ejercitar.

 

La fe verdadera demanda la bendición prometida y se aferra a ella antes de saberla realizada y de sentirla. Debemos elevar nuestras peticiones al Lugar Santísimo con una fe que dé por recibidos los prometidos beneficios y los considere ya suyos. Hemos de creer, pues, que recibiremos la bendición, porque nuestra fe ya se apropió de ella, y, según la Palabra, es nuestra… La fe verdadera se apoya en las promesas contenidas en la Palabra de Dios, y únicamente quienes obedezcan a esta Palabra pueden pretender que se cumplan sus gloriosas promesas —Primeros escritos, pp. 72, 73. 

 

Viernes 10 de abril

Para Estudiar y Meditar 

Lee las siguientes partes del documento: “Métodos de estudio de la Biblia”: 2. Presuposiciones que surgen de las afirmaciones de la Biblia, parte a) Origen, y parte b) Autoridad. (Los “Métodos de estudio de la Biblia” se pueden encontrar en http://cort.as/-MdHR).

Aunque la Biblia es fundamental para nuestra fe, por sí sola no tendría ningún valor espiritual real para nosotros si no fuera por la influencia del Espíritu Santo en nuestro corazón y mente al leerla y estudiarla.

“En su Palabra, Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como una revelación autorizada e infalible de su voluntad. Son la norma del carácter, las reveladoras de doctrinas y las examinadoras de la experiencia. […] Sin embargo, el hecho de haber revelado Dios su voluntad a los hombres por medio de su Palabra no anuló la necesidad que ellos tienen de la continua presencia y dirección del Espíritu Santo. Por el contrario, el Salvador prometió el Espíritu para abrir la Palabra a sus siervos, para iluminar y aplicar sus enseñanzas. Y como el Espíritu de Dios fue el que inspiró la Biblia, es imposible que alguna vez las enseñanzas del Espíritu sean contrarias a las de la Palabra” (CS 7).

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿Por qué Dios se revela a sí mismo y nos revela su voluntad? ¿Por qué necesitamos la revelación?
  2. ¿Cómo se revela Dios? Él utiliza diferentes medios para revelar algo acerca de sí mismo. Lo hace de una manera más general a través de la naturaleza, pero más específicamente a través de los sueños (Dan. 7:1); las visiones (Gén. 15:1); las señales (1 Rey. 18:2438); y a través de su hijo, Jesucristo (Heb. 1:12). ¿Se te ha revelado Dios personalmente? Comparte tu experiencia.
  3. Algunos eruditos de la Biblia rechazan muchas de las enseñanzas de la Biblia, al considerarlas meros mitos. La historia de la creación, un Adán y una Eva literales, el Éxodo y las historias de Daniel son solo algunos ejemplos (del Antiguo Testamento) de enseñanzas que se descartan por considerarlas historias inventadas para enseñar verdades espirituales. Esto es lo que sucede cuando los seres humanos emiten juicios sobre la Palabra de Dios. ¿Qué debería decirnos esto sobre lo peligrosa que es esa actitud?
  4. Dios ha revelado su voluntad de una manera poderosa en la Biblia. No obstante, Dios desea contar con tu ayuda para difundir su voluntad y las buenas nuevas de su salvación solo en Jesucristo. Cuando la gente te observa, ¿qué tipo de Dios ve en ti y a través de tu comportamiento?

Espíritu de Profecía

Mi vida hoy, “La prosperidad y la fe”, p. 43;

Mi vida hoy, “La verdad santifica”, p. 269. 

 

 

Edición Maestros 

 

RESEÑA

 

Texto Clave: 2 Timoteo 3:162 Pedro 1:19-211 Tesalonicenses 2:131 Corintios 2:910Romanos 15:4Hechos 1:16.

 

Nuestra comprensión del origen y la naturaleza de las Escrituras influye significativamente en la forma en que leemos y consideramos la Biblia. Si la Biblia fuera un libro de origen humano, escrito como cualquier otro libro, creado por seres humanos falibles, no podríamos confiar en él. Bajo esas circunstancias, indudablemente no tendría autoridad divina. Para ser justos con la Biblia, debemos permitir que los propios autores de la Biblia definan y expliquen lo que piensan acerca de sus escritos y así permitir que la Biblia determine los parámetros básicos de cómo debemos abordarla. Los escritores bíblicos afirman que su mensaje no es inventado por el hombre, sino que la Biblia se revela divinamente y su contenido es inspirado por Dios.

Comprender el proceso de revelación e inspiración es fundamental para nuestro abordaje de la Palabra de Dios. Debido a que Dios utiliza el medio del lenguaje para comunicarse con los seres humanos, la revelación divina puede escribirse. El Espíritu Santo permite que los escritores bíblicos pongan por escrito en forma fiel y confiable lo que les ha revelado. Esta inspiración divina le da a la Biblia su autoridad divina y garantiza la unidad que encontramos desde el Génesis hasta el libro de Apocalipsis. Aunque fue escrita por seres humanos, la Biblia es la Palabra escrita de Dios. En esta dimensión divino-humana, hay un cierto paralelismo entre Jesucristo, el Verbo de Dios, que se hizo carne, y la Palabra escrita de Dios, la Biblia. Solo por fe vislumbramos y apreciamos esta realidad.

 

COMENTARIO 

Imagina un libro puramente humano escrito por muchos autores diferentes durante un período de cientos de años. Imagina que estos diversos autores recordaran a Dios y su experiencia religiosa en sus escritos. Las diferentes perspectivas otorgarían a sus escritos poca autoridad más allá de sus opiniones personales. En todo caso, solo transmitirían algo de autoridad humana. Pero la Biblia no es así. Sostiene que el autor principal es Dios. Dios se comunica mediante su Espíritu Santo con los autores de la Biblia, entregando el contenido que él considera que es importante que conozcamos. El Dios bíblico es un Dios que habla. Creó a los seres humanos con la capacidad de hablar e interpretar información verbal. Por lo tanto, utiliza el lenguaje para comunicarse con la humanidad. Estos mensajes divinos no se dan en un lenguaje celestial artificial que solo los ángeles entienden. Se dan en el mismo lenguaje de los escritores de la Biblia. También se dan con fines prácticos, para que el pueblo de Dios “sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:17). Por lo tanto, los libros bíblicos en su conjunto se llaman acertadamente las “santas Escrituras” (Rom. 1:22 Tim. 3:15).

De este modo, la autoridad de la Escritura es sinónimo de la autoridad de Dios, que habla mediante la Escritura. Para que la Biblia cumpla su papel divinamente previsto en nuestra vida personal, así como en la vida de la iglesia, debemos asumir seriamente sus orígenes divinos. También significa que debemos prestar atención a toda la Escritura, tal como está escrita.

Si excluimos algunas partes de la Escritura porque supuestamente no son inspiradas y, por lo tanto, meramente humanas, no tenemos más que una autoridad selectiva de la Biblia. En lugar de colocarnos por encima de las Escrituras y juzgar las Escrituras, debemos ser sumisos a las Escrituras, permitiendo así que ellas nos juzguen.

En 1 Tesalonicenses 2:13 aprendemos algo importante acerca de la actitud con que los creyentes de Tesalónica recibieron la Palabra de Dios. Lee 1 Tesalonicenses 2:13 y reflexiona en cómo los creyentes de Tesalónica recibieron la Palabra de Dios. Su manera de aceptar la Escritura ¿qué nos dice en cuanto a cómo debemos recibir el mensaje bíblico al leerlo o escucharlo?

 

Texto bíblico

Vemos la revelación más sublime y más explícita de Dios en la encarnación de su hijo Jesucristo. Adicionalmente, la forma más eficaz y más ampliamente utilizada de revelación divina es cuando Dios habla. En la Biblia encontramos referencias constantes al Dios que habla. Sus portavoces, los profetas, reciben su Palabra. Las diversas frases como la “palabra de Jehová”, “así dice Jehová” o la “palabra que habló Jehová” dan testimonio de este hecho. Cuando Dios habla, se produce la Palabra de Jehová y esta finalmente termina plasmada en un documento escrito. La redacción de la Palabra de Dios también es resultado de la iniciativa de Dios (ver Éxo. 17:1424:4Jos. 24:26; y otros).

¿Cuál es el propósito de la revelación escrita de Dios? Es un punto de referencia constante para su pueblo. Permite que el pueblo de Dios lo escuche de manera continua y que esté atento para hacer lo que él dice (ver Deut. 30:910). Un documento escrito puede conservarse mejor y de manera más confiable que un mensaje oral. Un texto escrito tiene mayor permanencia que la palabra oral. Un documento escrito puede copiarse y multiplicarse y, por lo tanto, ponerse a disposición de muchas más personas que cualquier mensaje oral, y en muchos lugares diferentes. También está disponible a través del tiempo y puede ser una bendición para lectores y oyentes de muchas generaciones posteriores. Como registro escrito permanente, sigue siendo una norma para la veracidad del mensaje bíblico a lo largo de los siglos.

Si bien es cierto que Dios inspira pensamientos en los escritores bíblicos, no sabríamos nada acerca de estos pensamientos si no se hubieran comunicado a través de palabras, es decir, en lenguaje humano. Solo las palabras nos dan acceso a los pensamientos. Por lo tanto, el proceso de inspiración abarca los pensamientos, así como el producto final de esos pensamientos: las palabras escritas de las Escrituras. “En gran medida, es innecesaria la disyuntiva de si la inspiración debería atribuírsele a los escritores inspirados o a los libros escritos por ellos. Es evidente que el principal locus de inspiración está en las personas. El Espíritu Santo impresionó a las personas para que hablaran o escribieran; sin embargo, lo que ellas dijeron o escribieron era la palabra inspirada de Dios” (P. M. van Bemmelen, “Revelación e inspiración”, p. 46). Por ende, el apóstol Pablo pudo escribir: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16, énfasis añadido).

 

Ilustración

Existe un paralelismo entre el Verbo de Dios hecho carne (es decir, Jesucristo), y la Palabra escrita de Dios (es decir, la Escritura). Así como Jesús fue concebido sobrenaturalmente por el Espíritu Santo, pero nació de una mujer en este mundo, también la Biblia tiene al Espíritu Santo como su autor principal, pero fue redactada por escritores humanos.

Jesucristo se hizo carne en un momento y lugar específicos (es decir, nació en Belén, no en Nueva York, Tokio ni Nairobi; se bautizó en el río Jordán, no en el Mississippi, el Nilo ni el Ganges). Sin embargo, este hecho en particular no anuló su divinidad, ni tampoco hizo que Jesús fuese relativo históricamente. Él es el único Redentor para todas las personas de todo el mundo y de todas las épocas. Igualmente, los libros de la Biblia también se dieron en un momento específico y en una cultura determinada. Pero al igual que Jesús, esta transmisión no hace que la Biblia esté condicionada al tiempo ni que sea relativa. La Biblia es para todas las personas de todo el mundo hasta el fin del tiempo.

Jesús se hizo humano y vivió como un ser humano real con todos los indicios de las enfermedades humanas. Sin embargo, él era sin pecado. De igual modo, el lenguaje de la Biblia es el lenguaje humano con todas sus limitaciones, no un lenguaje celestial perfecto. Sin embargo, ¡lo que la Biblia afirma es confiable, no engañoso!

Cuando Jesús vivió en esta Tierra, quería que lo aceptaran por quien realmente era: el Hijo del Dios divino. Asimismo, Dios no quiere que leamos la Biblia como un libro más. Él quiere que la aceptemos por lo que realmente es: la Palabra escrita de Dios. Como tal, la Biblia conlleva una autoridad innata que va más allá de cualquier sabiduría humana. Esta autoridad distingue a la Biblia como la única norma de Dios para toda doctrina y experiencia religiosa.

Por supuesto, Jesucristo y la Biblia no son idénticos. Hay diferencias importantes. La Biblia no es una encarnación de Dios. Dios no se hizo libro. Nosotros no adoramos a un libro. Adoramos al Salvador que se proclama en la Biblia. Pero sin la Biblia, no sabríamos mucho sobre Jesús. A la Biblia, sin Jesús, le faltaría el mensaje más importante. Pero sin la Biblia no sabríamos que Jesús es el Mesías prometido. No podríamos aceptarlo como el Salvador prometido. Estaríamos perdidos. Por lo tanto, la Biblia es fundamental e indispensable para nuestra fe.

 

Texto bíblico

Las Escrituras son fundamentales para nuestra fe, pero además debemos acercarnos a la Biblia con fe, si queremos ser justos con su naturaleza divina. En Hebreos 11:6 leemos que “sin fe es imposible agradar a Dios”. El mensaje transformador de la Biblia no se discierne adecuadamente a una distancia crítica; debe aceptarse por fe y obedecerse con amor.

 

APLICACIÓN A LA VIDA 

Saber que la Biblia tiene autoridad divina nos motiva para acercarnos a ella con respeto y amor. Nosotros no hablamos con frivolidad de aquello que amamos. La forma en que hablamos de la Biblia debería revelar nuestro profundo aprecio por la Palabra de Dios. Esta apreciación se hará evidente, no solo en la forma en que cargamos y sostenemos la Biblia, sino en cómo seguimos sus enseñanzas y las ponemos en práctica en nuestra vida. Nuestra actitud será de gratitud y fidelidad. Ser fiel a la Palabra escrita de Dios no es venerar un libro. Es más bien una expresión de nuestro amor por el Dios trino del que habla este libro. “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3). La Biblia nos presenta al Dios viviente y nos ayuda a ser más semejantes a Jesús.

¿Cómo sería una actitud de gratitud y de fidelidad por la Escritura? ¿En qué difieren la autoridad de la Escritura y la de otros libros? ¿Cuándo te sientes tentado a no obedecer la Biblia debido a experiencias y sentimientos personales que te llevan en una dirección diferente? ¿Cómo puedes asumir una actitud de confianza?

Ser fiel a las Escrituras no es lo mismo que ser fiel a mis ideas preferidas de la Biblia. En este último caso, sería fiel solo a mí mismo. La fidelidad a las Escrituras más bien requiere una actitud abierta para permitir que la Biblia moldee y transforme mis pensamientos y acciones.

 

  

El Deseado de Todas las Gentes C.73

  

"No se Turbe Vuestro Corazón"

 

 

Después del himno, salieron. Cruzaron por las calles atestadas, y salieron por la puerta de la ciudad hacia el monte de las Olivas, avanzando lentamente, engolfados cada uno de ellos en sus propios pensamientos. Cuando empezaban a descender hacia el monte, Jesús dijo, en un tono de la más profunda tristeza: "Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas." Los discípulos oyeron esto con tristeza y asombro. Recordaron como, en la sinagoga de Capernaúm, cuando Cristo habló de si mismo como del pan de vida, muchos se hablan ofendido y se habían apartado de él. Pero los doce no se habían mostrado infieles. Pedro, hablando por sus hermanos, había declarado entonces su lealtad a Cristo. Entonces el Salvador había dicho: " ¿No he escogido yo a vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?" En el aposento alto, Jesús había dicho que uno de los doce le traicionaría, y que Pedro le negaría. Pero ahora sus palabras los incluían a todos.

 

Esta vez se oyó la voz de Pedro que protestaba vehementemente: "Aunque todos sean escandalizados, mas no yo." En el aposento alto, había declarado: "Mi alma pondré por ti." Jesús le habla advertido que esa misma noche negarla a su Salvador. Ahora Cristo le repite la advertencia: "De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces." Pero Pedro "con mayor porfía decía: Si me fuere menester morir contigo, no te negare.

 

También todos decían lo mismo." En la confianza que tenían en sí mismos, llegaron la repetida declaración de Aquel que sabía. No estaban preparados para la prueba; cuando la tentación les sobreviniese, comprenderían su propia debilidad.

 

Cuando Pedro dijo que seguiría a su Señor a la cárcel y a la muerte, cada palabra era sincera; pero no se conocía a sí mismo. Ocultos en su corazón estaban los malos elementos que las circunstancias iban a hacer brotar a la vida. A menos que se le hiciese conocer su peligro, esos elementos provocarían su ruina eterna. El Salvador vela en él un amor propio y una seguridad que superarían aun su amor por Cristo. En su experiencia se habían revelado muchas flaquezas, mucho pecado que no habla sido amortiguado, mucha negligencia de espíritu, un temperamento no santificado y temeridad para exponerse a la tentación. La solemne amonestación de Cristo fue una invitación a escudriñar su corazón.

 

Pedro necesitaba desconfiar de si mismos y tener una fe más profunda en Cristo. Si hubiese recibido con humildad la amonestación, habría suplicado al pastor del rebaño que guardase su oveja. Cuando, en el mar de Galilea, estaba por hundirse, clamó: "Señor, sálvame." Entonces la mano de Cristo se extendió para tomar la suya. Así también ahora, si hubiese clamado a Jesús: Sálvame de mi mismo, habría sido guardado. Pero Pedro sintió que se desconfiaba de él, y pensó que ello era cruel. Ya se escandalizaba, y se volvió más persistente en su confianza propia.

 

Jesús miró con compasión a sus discípulos. No podía salvarlos de la prueba, pero no los dejó sin consuelo. Les aseguró que él estaba por romper las cadenas del sepulcro, y que su amor por ellos no faltaría. "Después que haya resucitado --dijo,-- iré delante de vosotros a Galilea." Antes que le negasen, les aseguró el perdón. Después de su muerte y resurrección, supieron que estaban perdonados y que el corazón de Cristo los amaba.

 

Jesús y los discípulos iban hacia Getsemaní, al pie del monte de las Olivas, lugar apartado que él había visitado con frecuencia para meditar y orar. El Salvador había estado explicando a sus discípulos la misión que le había traído al mundo y la relación espiritual que debían sostener con él. Ahora ilustró la lección. La luna resplandecía y le revelaba una floreciente vid. Llamando la atención de los discípulos a ella, la empleó como símbolo.

 

"Yo soy la Vid verdadera," dijo. En vez de elegir la graciosa palmera, el sublime cedro o el fuerte roble, Jesús tomó la vid con sus zarcillos prensiles para representarse. La palmera, el cedro y el roble se sostienen solos. No necesitan apoyo. Pero la vid se aferra al enrejado, y así sube hacia el cielo. Así también Cristo en su humanidad dependía del poder divino. "No puedo yo de mí mismo hacer nada," declaró.

 

"Yo soy la Vid verdadera." Los judíos hablan considerado siempre la vid como la más noble de las plantas, y una figura de todo lo poderoso, excelente y fructífero. Israel había sido representado como una vid que Dios había plantado en la tierra prometida. Los judíos fundaban su esperanza de salvación en el hecho de estar relacionados con Israel. Pero Jesús dice: Yo soy la Vid verdadera. No penséis que por estar relacionados con Israel podéis llegar a participar de la vida de Dios y heredar su promesa. Por mi solamente se recibe la vida espiritual.

 

"Yo soy la Vid verdadera, y mi Padre es el labrador." En las colinas de Palestina, nuestro Padre celestial había plantado su buena Vid, y él mismo era el que la cultivaba. Muchos eran atraídos por la hermosura de esta Vid, y declaraban su origen celestial. Pero para los dirigentes de Israel parecía como una raíz en tierra seca. Tomaron la planta, la maltrataron y pisotearon bajo sus profanos pies. Querían destruirla para siempre. Pero el celestial Viñador no la perdió nunca de vista. Después que los hombres pensaron que la habían matado, la tomó y la volvió a plantar al otro lado de la muralla. Ya no se vería el tronco.

 

Quedaría oculto de los rudos asaltos de los hombres. Pero los sarmientos de la Vid colgaban por encima de la muralla. Hablan de representarla. Por su medio, se podrían unir todavía injertos a la Vid. De ella se ha ido obteniendo fruto. Ha habido una cosecha que los transeúntes han arrancado.

 

"Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos," dijo Cristo a sus discípulos. Aunque él estaba por ser arrebatado de entre ellos, su unión espiritual con él no había de cambiar. La unión del sarmiento con la vid, dijo, representa la relación que habéis de sostener conmigo. El pámpano está injertado en la vid viviente, y fibra tras fibra, vena tras vena, va creciendo en el tronco. La vida de la vid llega a ser la vida del pámpano. Así también el alma muerta en delitos y pecados recibe vida por su unión con Cristo. Por la fe en él como Salvador personal, se forma esa unión. El pecador une su debilidad a la fuerza de Cristo, su vacuidad a la plenitud de Cristo, su fragilidad a la perdurable potencia de Cristo. Entonces tiene el sentir de Cristo. La humanidad de Cristo ha tocado nuestra humanidad, y nuestra humanidad ha tocado la divinidad. Así, por la intervención del Espíritu Santo, el hombre viene a ser participante de la naturaleza divina. Es acepto en el Amado.

 

Esta unión con Cristo, una vez formada, debe ser mantenida. Cristo dijo: "Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de si mismo, si no estuviera en la vid; así ni vosotros, si no estuvierais en mí." Este no es un contacto casual, ninguna unión que se realiza y se corta luego. El sarmiento llega a ser parte de la vid viviente. La comunicación de la vida, la fuerza y el carácter fructífero de la raíz a las ramas se verifica en forma constante y sin obstrucción. Separado de la vid, el sarmiento no puede vivir. Así tampoco, dijo Jesús, podéis vivir separados de mí. La vida que habéis recibido de mí puede conservarse únicamente por la comunión continua. Sin mí, no podéis vencer un solo pecado, ni resistir una sola tentación.

 

"Estad en mi, y yo en vosotros." El estar en Cristo significa recibir constantemente de su Espíritu, una vida de entrega sin reservas a su servicio. El conducto de comunicación debe mantenerse continuamente abierto entre el hombre y su Dios.

 

Como el sarmiento de la vid recibe constantemente de la savia de la vid viviente, así hemos de aferrarnos a Jesús y recibir de él por la fe la fuerza y la perfección de su propio carácter.

 

La raíz envía su nutrición por el sarmiento a la ramificación más lejana. Así comunica Cristo la corriente de su fuerza vital a todo creyente. Mientras el alma esté unida con Cristo, no hay peligro de que se marchite o decaiga.

 

La vida de la vid se manifestará en el fragante fruto de los sarmientos. "El que está en mí --dijo Jesús,-- y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer." Cuando vivamos por la fe en el Hijo de Dios, los frutos del Espíritu se verán en nuestra vida; no faltará uno solo.

 

"Mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mi no lleva fruto, le quitará." Aunque el injerto esté unido exteriormente con la vid, puede faltar la conexión vital. Entonces no habrá crecimiento ni frutos. Puede haber una relación aparente con Cristo, sin verdadera unión con él por la fe. El profesar la religión coloca a los hombres en la iglesia, pero el carácter y la conducta demuestran si están unidos con Cristo. Si no llevan fruto, son pámpanos falsos. Su separación de Cristo entraña una ruina tan completa como la representada por el sarmiento muerto. "El que en mí no estuviere --dijo Cristo,-- será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden."

 

"Todo pámpano ... que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto." De los doce escogidos que hablan seguido a Jesús, uno estaba por ser sacado como rama seca, el resto iba a pasar bajo la podadera de la amarga prueba. Con solemne ternura, Jesús explicó el propósito del labrador. La poda causará dolor, pero es el Padre quien la realiza. El no trabaja con mano despiadada y corazón indiferente. Hay ramas que se arrastran por el suelo; y tienen que ser separadas de los apoyos terrenales en que sus zarcillos se han enredado. Han de dirigirse hacia el cielo y hallar su apoyo en Dios. El follaje excesivo que desvía de la fruta la corriente vital, debe ser suprimido. El exceso de crecimiento debe ser cortado, para que puedan penetrar los senadores rayos del Sol de justicia. El labrador poda lo que perjudica, a fin de que la fruta pueda ser más rica y abundante.

 

"En esto es glorificado mi Padre --dijo Jesús,-- en que llevéis mucho fruto." Dios desea manifestar por vosotros la santidad, la benevolencia, la compasión de su propio carácter. Sin embargo, el Salvador no invita a los discípulos a trabajar para llevar fruto. Les dice que permanezcan en él. "Si estuvierais en mí --dice El,-- y mis palabras estuvieron en vosotros, pedid todo lo que quisierais, y os será hecho." Por la Palabra es como Cristo mora en sus seguidores. Es la misma unión vital representada por comer su carne y beber su sangre. Las palabras de Cristo son espíritu y vida. Al recibirlas, recibís la vida de la vid.

 

Vivís "con toda palabra que sale de la boca de Dios." La vida de Cristo en vosotros produce los mismos frutos que en él. Viviendo en Cristo, adhiriéndoos a Cristo, sostenidos por Cristo, recibiendo alimento de Cristo, lleváis fruto según la semejanza de Cristo.

 

En esta última reunión con sus discípulos, el gran deseo que Cristo expresó por ellos era que se amasen unos a otros como él los había amado. En varias ocasiones habló de esto. "Esto os mando --dijo repetidas veces:-- Que os améis los unos a los otros." Su primer mandato, cuando estuvo a solas con ellos en el aposento alto, fue: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros." Para los discípulos, este mandamiento era nuevo; porque no se habían amado unos a otros como Cristo los había amado. El veía que nuevas ideas e impulsos debían gobernarlos; que debían practicar nuevos principios; por su vida y su muerte iban a recibir un nuevo concepto del amor. El mandato de amarse unos a otros tenía nuevo significado a la luz de su abnegación. Toda la obra de la gracia es un continuo servicio de amor, de esfuerzo desinteresado y abnegado. Durante toda hora de la estada de Cristo en la tierra, el amor de Dios fluía de él en raudales incontenibles. Todos los que sean dotados de su Espíritu amarán como él amó. El mismo principio que animó a Cristo los animará en todo su trato mutuo.

 

Este amor es la evidencia de su discipulado. "En esto conocerán todos que sois mis discípulos --dijo Jesús,-- si tuviereis amor los unos con los otros." Cuando los hombres no están vinculados por la fuerza o los intereses propios, sino por el amor, manifiestan la obra de una influencia que está por encima de toda influencia humana. Donde existe esta unidad, constituye una evidencia de que la imagen de Dios se está restaurando en la humanidad, que ha sido implantado un nuevo principio de vida. Muestra que hay poder en la naturaleza divina para resistir a los agentes sobrenaturales del mal, y que la gracia de Dios subyuga el egoísmo inherente en el corazón natural.

 

Este amor, manifestado en la iglesia, despertará seguramente la ira de Satanás. Cristo no trazó a sus discípulos una senda fácil. "Si el mundo os aborrece --dijo,-- sabed que a mi me aborreció antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amarla lo suyo; mas porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su Señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros perseguirán: si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

 

Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado." El Evangelio ha de ser proclamado mediante una guerra agresiva, en medio de oposición, peligros, pérdidas y sufrimientos. Pero los que hacen esta obra están tan sólo siguiendo los pasos de su Maestro.

 

Como Redentor del mundo, Cristo arrostraba constantemente lo que parecía ser el fracaso. El, el mensajero de misericordia en nuestro mundo, parecía realizar sólo una pequeña parte de la obra elevadora y salvadora que anhelaba hacer. Las influencias satánicas estaban obrando constantemente para oponerse a su avance. Pero no quiso desanimarse.

 

Por la profecía de Isaías declara: "Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mi fortaleza; mas mi juicio está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios.... Bien que Israel no se juntará, con todo, estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fortaleza." A Cristo se dirige la promesa: "Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las gentes. ... Así dijo Jehová: ... guardarte he, y te daré por alianza del pueblo, para que levantes la tierra, para que heredes asoladas heredades; para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Manifestaos. . . . No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manaderos de aguas."

 

Jesús confió en esta palabra, y no dio a Satanás ventaja alguna. Cuando iba a dar los últimos pasos en su humillación, cuando estaba por rodear su alma la tristeza más profunda, dijo a sus discípulos: "Viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí." "El príncipe de este mundo es juzgado." Ahora será echado. Con ojo profético, Cristo vio las escenas que iban a desarrollarse en su último gran conflicto. Sabía que cuando exclamase: "Consumado es," todo el cielo triunfaría. Su oído percibió la lejana música y los gritos de victoria en los atrios celestiales. El sabía que el toque de muerte del imperio de Satanás resonaría entonces, y que el nombre de Cristo sería pregonado de un mundo al otro por todo el universo.

 

Cristo se regocijó de que podía hacer más en favor de sus discípulos de lo que ellos podían pedir o pensar. Habló con seguridad sabiendo que se había promulgado un decreto todopoderoso antes que el mundo fuese creado. Sabía que la verdad, armada con la omnipotencia del Espíritu Santo, vencería en la contienda con el mal; y que el estandarte manchado de sangre ondearía triunfantemente sobre sus seguidores. Sabia que la vida de los discípulos que confiasen en él seria como la suya, una serie de victorias sin interrupción, no vistas como tales aquí, pero reconocidas así en el gran más allá.

 

"Estas cosas os he hablado --dijo,-- para que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo." Cristo no desmayó ni se desalentó, y sus seguidores han de manifestar una fe de la misma naturaleza perdurable. Han de vivir como él vivió y obrar como él obró, porque dependen de él como el gran artífice y Maestro. Deben poseer valor, energía y perseverancia. Aunque obstruyan su camino imposibilidades aparentes, por su gracia han de seguir adelante. En vez de deplorar las dificultades, son llamados a superarlas. No han de desesperar de nada, sino esperarlo todo. Con la áurea cadena de su amor incomparable, Cristo los ha vinculado al trono de Dios. Quiere que sea suya la más alta influencia del universo, que mana de la fuente de todo poder. Han de tener poder para resistir el mal, un poder que ni la tierra, ni la muerte ni el infierno pueden dominar, un poder que los habilitará para vencer como Cristo venció.

 

Cristo quiere que estén representados en su iglesia en la tierra el orden celestial, el plan de gobierno celestial, la armonía divina del cielo. Así queda glorificado en los suyos. Mediante ellos resplandecerá ante el mundo el Sol de justicia con un brillo que no se empañará. Cristo dio a su iglesia amplias facilidades, a fin de recibir ingente rédito de gloria de su posesión comprado y redimida. Ha otorgado a los suyos capacidades y bendiciones para que representen su propia suficiencia. La iglesia dotada de la justicia de Cristo es su depositaria, en la cual las riquezas de su misericordia y su gracia y su amor han de aparecer en plena y final manifestación. Cristo mira a su pueblo en su pureza y perfección como la recompensa de su humillación y el suplemento de su gloria, siendo él mismo el gran Centro, del cual irradia toda gloria.

 

Con palabras enérgicas y llenas de esperanza, el Salvador terminó sus instrucciones. Luego volcó la cara de su alma en una oración por sus discípulos Elevando los ojos al cielo, dijo: "Padre la hora es llegada; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado la potestad de toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado."

 

Cristo había concluido la obra que se le había confiado. Había glorificado a Dios en la tierra. Había manifestado el nombre del Padre. Había reunido a aquellos que habían de continuar su obra entre los hombres. Y dijo: "Yo soy glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo, mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. ¡Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que ellos sean uno, así como nosotros lo somos!" Así, con el lenguaje de quien tenía autoridad divina, Cristo entregó a su electa iglesia en los brazos del Padre. Como consagrado sumo sacerdote, intercedió por los suyos. Como fiel pastor, reunió a su rebaño bajo la sombra del Todopoderoso, en el fuerte y seguro refugio. A él le aguardaba la última batalla con Satanás, y salió para hacerle frente. 

 

Consejos para los Maestros C.65 

 

Estudiad la Biblia por Vosotros Mismos

 

 

NO HAY nada que esté mejor calculado para vivificar la mente y fortalecer el intelecto que el estudio de la Palabra de Dios. Ningún otro libro es tan potente para elevar los pensamientos, y dar vigor a las facultades, como las amplias y ennoblecedoras verdades de la Biblia. Si la Palabra de Dios fuera estudiada como debiera serlo, los hombres tendrían una amplitud de opiniones, una nobleza de carácter y una estabilidad de propósito que rara vez se ve en estos tiempos. La búsqueda de la verdad recompensará a cada paso al que ande tras ella; cada descubrimiento abrirá campos más ricos para su investigación.

 

Miles de hombres que ministran en el púlpito carecen de las cualidades esenciales de la mente y del carácter porque no se aplican al estudio de las Escrituras. Se conforman con un conocimiento superficial de las verdades que están llenas de ricas profundidades de significado; y prefieren seguir así, perdiendo mucho en todo sentido, más bien que buscar diligentemente el tesoro oculto.

 

Los hombres se transforman de acuerdo con lo que contemplan. Si pensamientos y asuntos comunes ocupan la atención, el hombre será común. Si es demasiado negligente para obtener algo más que una comprensión superficial de la verdad, no recibirá las ricas bendiciones que a Dios le agradaría concederle. Es una ley de la mente que ella se estreche o expanda según las dimensiones de las cosas con las cuales se familiariza. Las facultades mentales se contraerán seguramente, y perderán su capacidad de asir los significados profundos de la Palabra de Dios, a menos que se las dedique vigorosa y persistentemente a la tarea de buscar la verdad. La mente se amplía si se la emplea en la búsqueda de las relaciones que tienen los temas de la Biblia unos con otros, comparando pasaje con pasaje y las cosas espirituales con las espirituales. Los más ricos tesoros del pensamiento aguardan al estudiante diligente.

 

El conocimiento de Dios no se obtiene sin esfuerzo mental y sin oración por conseguir sabiduría. Muchos están convencidos de que los preciosos tesoros del reino de Dios y de Cristo están contenidos en la Palabra. Saben también que ningún tesoro terrenal se obtiene sin esfuerzo esmerado. ¿Por qué han de esperar, entonces, comprender el significado de las Escrituras sin estudio diligente?.

 

La Palabra de Dios es luz y verdad: una lámpara para los pies y una antorcha para el sendero. Puede guiar cada paso del camino hasta la ciudad de Dios. Por esta razón, Satanás ha hecho esfuerzos desesperados por oscurecer la luz, para que los hombres no puedan hallar ni conservar la senda trazada para que anden en ella los redimidos del Señor.

 

Así como el minero cava en la tierra en busca del áureo tesoro, también nosotros debiéramos buscar ferviente y persistentemente el tesoro de la Palabra de Dios. En el estudio diario, el método de seguir versículo por versículo es a menudo muy útil. Tome el estudiante un versículo y concentre su mente en averiguar el pensamiento que Dios quiere comunicarle, y luego espáciese en él hasta asimilarlo. Un pasaje así estudiado hasta que su significación se haga clara, es de más valor que la lectura de muchos capítulos sin un propósito definido, y sin que se adquiera instrucción positiva de ellos.

 

La Biblia es su propia expositora

 

La Biblia es su propia expositora. Se ha de comparar un pasaje con otro. El alumno debe considerar la Palabra como un todo y ver la relación de sus partes, Debe adquirir conocimiento de su gran tema central: el propósito original de Dios para el mundo, el despertar de la gran controversia y de la obra de la redención. Debe comprender la naturaleza de los dos principios que contienden por la supremacía, y del de aprender a seguir sus manifestaciones a través de los anales de la historia y la profecía, hasta la gran consumación. Debe ver cómo esa controversia entra en toda fase de la experiencia humana; cómo en todo acto de la vida él mismo revela uno u otro de los motivos antagónicos; y cómo, sea que lo quiera o no, está ahora mismo decidiendo de qué lado de la controversia será hallado.

 

Cada parte de la Biblia ha sido dada por inspiración de Dios y es provechosa. El Antiguo Testamento, no menos que el Nuevo, debe recibir atención. Mientras estudiemos el Antiguo Testamento, hallaremos fuentes vivas que borbotean donde el lector negligente discierne solamente un desierto.

 

El Antiguo Testamento derrama luz sobre el Nuevo, y el Nuevo sobre el Antiguo. Cada uno es una revelación de la gloria de Dios en Jesús. Cristo manifestado a los patriarcas, simbolizado en los servicios de los sacrificios, esbozado en la ley, y revelado por los profetas, constituye las riquezas del Antiguo Testamento. Cristo en su vida, en su muerte y su resurrección; Cristo manifestado por el Espíritu Santo, es el tesoro del Nuevo. Tanto el Nuevo como el Antiguo Testamento presentan verdades que revelan continuamente nuevas profundidades de significado al que las busca fervorosamente.

 

Cuando se despierte su verdadero amor por la Biblia, y el estudiante empiece a comprender cuán vasto es el campo y cuán precioso su tesoro, entonces deseará aprovechar toda oportunidad de familiarizarse con la Palabra de Dios. Su estudio no se limitará a un tiempo ni lugar especial. Y esa preparación continua es uno de los mejores medios para cultivar el amor por las Escrituras. Tenga el alumno su Biblia siempre consigo, y a medida que se presente la oportunidad, lea un texto y medite sobre él. Mientras anda por las calles, espera en una estación de ferrocarril, aguarda el momento de una cita, aproveche la oportunidad de adquirir algún precioso pensamiento del tesoro de verdad.

 

El estudiante de la Palabra no debe hacer de sus opiniones un centro alrededor del cual gire la verdad. No ha de estudiarla con el propósito de hallar pasajes para probar sus teorías, forzando su significado, porque esto es torcer las Escrituras para su propia perdición. Tiene que despojarse de todo prejuicio, deponer sus propias ideas en las puertas de la investigación, y buscar sabiduría de Dios con ferviente oración, con corazón humilde y subyugado, con el yo escondido en Cristo. Debe procurar hacer la voluntad revelada de Dios porque concierne a su bienestar presente y eterno. Esta Palabra es la guía por la cual debe aprender el camino a la vida eterna. 

 

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Comentarios de Jonathan Gallagher
Jonathan Gallagher es un ministro ordenado de la Iglesia Adventista. Trabajó por siete años en una iglesia en Inglaterra –su tierra natal–, seguidos por ocho años de administración eclesiástica. Cuenta con un doctorado en divinidad de la Universidad de St. Andrews en Escocia y es autor de siete libros y numerosos artículos. Está casado con Ana Gonçalves y tiene dos hijos adultos, Paul y Rebekah
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Comentarios: 1
  • #1

    Eredis melendres huayama (martes, 31 marzo 2020 06:39)

    Exelente me alluda mucho en mi estudio de cada día Bendiciones