Estudio avanzado para Maestros, con la "Guía de Estudio de la Biblia"

Letra Negra: Lección de la ES

Letra Café: Comentario

Letra Azul: Espíritu de Profecía


Lección 07: Para el 17 de noviembre de 2018

 

CUANDO SURGEN LOS CONFLICTOS

 

Sábado 10 de noviembre

 

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hechos 6:1-6; Hechos 10:1-23; Mateo 5:17-20; Hechos 11:3-24; Hechos 15:1-22; Amós 9:11, 12.

 

PARA MEMORIZAR:

 

“Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál. 6:27, 28).

 

Una de las tareas más difíciles de cualquier comunidad cristiana es conservar la unidad cuando surgen diferencias de opinión sobre cuestiones relacionadas con la identidad y la misión de la iglesia. Estas diferencias pueden llevar a consecuencias devastadoras.

 

Las comunidades cristianas actuales no son distintas de las que vemos en el Nuevo Testamento. Todos somos seres humanos, y surgirán diferencias, incluso sobre temas importantes. Los cristianos primitivos enfrentaron algunos conflictos derivados de aparentes prejuicios y de serias diferencias de interpretación de historias y prácticas clave del Antiguo Testamento. Estos conflictos podrían haber destruido a la iglesia en sus inicios si no hubiera sido por los apóstoles y los dirigentes sensatos, que buscaron la conducción del Espíritu Santo y las Escrituras para resolver estas tensiones.

 

Hace algunas semanas estudiamos cómo logró la unidad la iglesia primitiva. Esta semana analizaremos de qué manera resolvió los conflictos internos que amenazaban con socavar su unidad. ¿Cuáles fueron estos conflictos, cómo se resolvieron y qué podemos aprender de esas experiencias?

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

 

El secreto de la unidad se halla en la igualdad de los creyentes en Cristo. La razón de toda división, discordia y diferencia se halla en la separación de Cristo. Cristo es el centro hacia el cual todos debieran ser atraídos, pues mientras más nos acercamos al centro, más estrechamente nos uniremos en sentimientos, simpatía, amor, crecimiento en el carácter e imagen de Jesús. En Dios no hay acepción de personas (Mensajes selectos, tomo 1, p. 304).

 

Todos los hombres son una familia por la creación, y todos son uno por la redención. Cristo vino para demoler todo muro de separación… para que cada alma pudiese tener libre acceso a Dios. Su amor es tan amplio, tan profundo, tan completo, que penetra por doquiera (Palabras de vida del gran Maestro, p. 318).

 

Dios escogió para sí un pueblo entre los gentiles, y les dio el nombre de cristianos. Este es un nombre real, y se les concede a los que se unen a Cristo… Pedro declara: “Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (1 Pedro 4:16)…

 

¡Oh, si tan solo el pueblo de Dios confiara en él y aceptara el extraordinario tesoro de conocimiento que se le ofrece!…

 

Ante nosotros tenemos el ejemplo supremo y más santo. Jesús fue impecable tanto en pensamiento como en palabra y acción. La perfección caracterizaba a todo lo que hacía. Mientras nos señala la senda marcada por él, nos dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Exaltad a Jesús, p. 285).

 

La gloria del cielo consiste en elevar a los caídos, consolar a los angustiados. Siempre que Cristo more en el corazón humano, se revelará de la misma manera. Siempre que actúe, la religión de Cristo beneficiará. Donde quiera que obre, habrá alegría…

 

Cualquiera que sea la diferencia de creencia religiosa, el llamamiento de la humanidad doliente debe ser oído y contestado. Donde existe amargura de sentimiento por causa de la diferencia de la religión, puede hacerse mucho bien mediante el servicio personal. El ministerio amante quebrantará el prejuicio, y ganará las almas para Dios (Palabras de vida del gran Maestro, p. 318).

 

La obra de la redención es poner a la humanidad en comunión con Cristo, efectuar la unión de la raza caída con la divinidad. Cristo tomó la forma humana para que los hombres pudieran ser uno con él, así como él es uno con el Padre; para que Dios amara al hombre como ama a su Hijo unigénito; para que los hombres pudieran ser participantes de la naturaleza divina y pudieran ser completos en Cristo.

 

El Espíritu Santo, que procede del unigénito Hijo de Dios, une al ser humano, cuerpo, alma y espíritu, con la perfecta naturaleza de Cristo divino-humana. Esta unión está representada por la unión de la vid y los sarmientos. El hombre finito está unido con la fortaleza de Cristo. Mediante la fe, la naturaleza humana queda asimilada con la naturaleza de Cristo. En Cristo, somos hechos uno con Dios (Mensajes selectos, t. 1, p. 294).

 


Domingo 11 de noviembre

PREJUICIOS ÉTNICOS

 

Lee Hechos 6:1. ¿Qué problema de la iglesia primitiva hizo que la gente se quejara por la falta de distribución justa y equitativa de alimentos a las viudas?

 

Hechos 6:1

 

1 En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.

Algunos cristianos primitivos parecían tener prejuicios contra las viudas de ascendencia griega en su seno y les proporcionaban menos alimentos que a las viudas de ascendencia hebrea. Este aparente favoritismo causó una grieta en la comunidad primitiva de creyentes. El pasaje no dice si el favoritismo era real o no. Solo dice que algunas personas creían que era así. Este conflicto amenazó la unidad de la iglesia desde el principio. Qué fascinante es saber que esa división étnica se evidenció tan rápidamente en la iglesia.

 

Lee Hechos 6:2 al 6. ¿Cuáles fueron los pasos sencillos que dio la iglesia primitiva para resolver este malentendido?

 

Hechos 6:2-6

Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.  Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.  Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.  Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía;  a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.

 La iglesia primitiva crecía rápidamente, y este crecimiento hizo que las cargas fuesen cada vez más pesadas para los apóstoles. El nombramiento de estos siete hombres, tradicionalmente llamados “diáconos” (aunque el Nuevo Testamento no los llama así), alivió la tensión de la iglesia de Jerusalén y permitió que hubiera más gente participando en el ministerio eclesiástico.

 

Los apóstoles escucharon atentamente las quejas de los creyentes de habla griega y les pidieron una solución. Se le encargó a este grupo la elección de siete hombres para que fuesen colaboradores de los apóstoles, y ellos recomendaron a siete discípulos, todos ellos de ascendencia y habla griega. Se decía que estos hombres eran de “buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría” (Hech. 6:3). El ministerio de los apóstoles, que hasta ese entonces había sido predicar la Palabra de Dios y distribuir alimentos a las viudas, se dividió en dos grupos; cada uno se encargaba de un ministerio igualmente valioso para la proclamación del evangelio. Lucas usa la misma palabra, “ministerio”, o “servicio” (diakonia), para referirse tanto al ministerio de los apóstoles en la predicación de la Palabra (vers. 4) como al ministerio de los diáconos en la distribución de alimentos (vers. 1).

 

¿Qué importancia ves en el hecho de que los dirigentes reunieron a muchos de los creyentes (Hech. 6:2) para tratar de encontrar una solución?

 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

 

“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria”… Comenzaron a suscitarse murmuraciones entre ellos de que las viudas de lengua griega no recibían una ayuda tan generosa como las indigentes hebreas. Cualquier parcialidad de esta clase hubiera sido ofensiva para Dios; y rápidamente se tomaron medidas para restaurar la paz y la armonía entre los creyentes.

 

El Espíritu Santo sugirió un método por medio del cual los apóstoles podrían ser aliviados de la tarea de distribuir ayudas a los pobres, y otras responsabilidades similares, de manera que pudieran estar libres para predicar a Cristo…

 

De acuerdo con esto la iglesia seleccionó siete hombres llenos de fe y de la sabiduría del Espíritu de Dios, para que atendieran los asuntos relativos a la causa. Se eligió primero a Esteban; era judío de nacimiento y religión, pero hablaba griego y estaba bien versado en las costumbres y las maneras de los griegos… Esta selección satisfizo a todos, de modo que se calmaron la insatisfacción y las murmuraciones (La historia de la redención, pp. 270, 270).

 

En el capítulo sexto de Los Hechos, se nos muestra que cuando fueron elegidos algunos hombres para ocupar puestos en la iglesia, el asunto fue presentado delante del Señor y se elevaron oraciones muy fervientes en procura de la dirección divina. Las viudas y los huérfanos habían de ser sostenidos por contribuciones de la iglesia. Sus necesidades no harían de ser aliviadas por la iglesia sino mediante donaciones especiales. El diezmo había de ser consagrado al Señor y siempre debía ser usado para el sostén del ministerio. Se debían elegir hombres para sobrevigilar la obra del cuidado de los pobres, para vigilar la debida distribución de los medios de que se disponía, a fin de que ninguno de los creyentes sufriera por la carencia de lo necesario para la vida…

 

 

Aunque Dios había prometido bendecir grandemente a su pueblo, no se proponía que la pobreza fuese totalmente desconocida entre ellos. Declaró que los pobres no dejarían de existir en la tierra. Siempre habría entre su pueblo algunos que le darían oportunidad de ejercer la simpatía, la ternura y la benevolencia. En aquel entonces, como ahora, las personas estaban expuestas al infortunio, la enfermedad y la pérdida de sus propiedades; pero mientras se siguieran estrictamente las instrucciones dadas por Dios, no habría mendigos en Israel ni quien sufriera por falta de alimentos (El ministerio de la bondad, pp. 289, 290).

 

Debemos anticipamos a las tristezas, las dificultades y angustias de los demás. Debemos participar de los goces y cuidados tanto de los encumbrados como de los humildes, de los ricos como de los pobres. “De gracia recibisteis —dice Cristo— dad de gracia” [Zacarías 3:7]. En nuestro derredor hay pobres almas probadas que necesitan palabras de simpatía y acciones serviciales. Hay viudas que necesitan simpatía y ayuda. Hay huérfanos a quienes Cristo ha encargado a sus servidores que los reciban como una custodia de Dios. Demasiado a menudo se los pasa por alto con negligencia. Pueden ser andrajosos, toscos, y aparentemente sin atractivo alguno; pero son propiedad de Dios. Han sido comprados con precio, y a su vista son tan preciosos como nosotros. Son miembros de la gran familia de Dios, y los cristianos como mayordomos suyos, son responsables por ellos. “Sus almas —dice—, demandaré de tu mano” (Palabras de vida de gran Maestro, p. 318).

 


Lunes 12 de noviembre

LA CONVERSIÓN DE LOS GENTILES

 

 En el libro de Hechos, la conversión de los gentiles al evangelio de Jesucristo es un acontecimiento que prepara el escenario para el conflicto más grande en la vida de la iglesia primitiva, que amenazaría su existencia y su misión.

 

Lee Hechos 10:1 al 23. ¿Qué elementos de este pasaje indican que el Espíritu Santo estaba obrando en el corazón de muchas personas con el fin de preparar el camino para que los gentiles recibieran el evangelio?

 

Hechos 10:1-23 

1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas. Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo. Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. 10 Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; 11 y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; 12 en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. 13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. 14 Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. 15 Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 16 Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo. 17 Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. 18 Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. 19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. 20 Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. 21 Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido? 22 Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras. 23 Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope.

La visión debió de haberle parecido muy extraña a Pedro. Estaba conmocionado por ello porque, como fiel judío, nunca había comido alimentos inmundos ni contaminados, como lo exigía la Ley (ver Lev. 11; Eze. 4:14; Dan. 1:8). Sin embargo, la finalidad de esta visión no era la dieta; giraba en torno a las barreras entre judíos y gentiles que obstaculizaban la difusión del evangelio. Esas barreras eran como mínimo tan frecuentes en el mundo antiguo como hoy.

 

En las primeras décadas, el cristianismo estaba integrado básicamente por judíos que habían aceptado a Jesús como el Mesías prometido en las profecías del Antiguo Testamento. Estos primeros creyentes en Jesús eran judíos fieles que obedecían la Ley como se les había enseñado. No consideraban que el evangelio de Jesucristo hubiese borrado o abolido las prescripciones del Antiguo Testamento (ver Mat. 5:17-20).

 

Lee Hechos 10:28, 29, 34 y 35. ¿Cómo entendió Pedro el significado de la visión que recibió en Jope? ¿Qué lo llevó a esta interpretación?

 

Hechos 10:28-29 y 34-35 

28 Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; 29 por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?

34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. 

Lo que vemos en Hechos es que el Espíritu Santo había preparado el camino para que los gentiles fueran recibidos en la comunión de la comunidad cristiana. Y podrían hacerlo sin tener que circuncidarse ni hacerse judíos primeramente. Lo que convenció a Pedro y a sus amigos de que esta era la voluntad de Dios fue el derramamiento del Espíritu Santo sobre Cornelio y su casa de una manera similar a la que los discípulos de Jesús habían experimentado el día de Pentecostés (Hech. 10:44-47). Si el Espíritu Santo podía derramarse sobre los gentiles de la misma manera en que les fue dado a los judíos, entonces era evidente que la circuncisión no era un requisito previo para ser creyente en Jesús como el Mesías. Esta conclusión preparó el escenario para un gran conflicto teológico entre los primeros cristianos.

 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

 

Pedro todavía no había predicado el evangelio a los gentiles. Muchos de ellos habían sido oyentes atentos de las verdades que enseñaba, pero la pared divisoria, que la muerte de Cristo había derribado, todavía existía en la mente de los apóstoles, y excluía a los gentiles de los privilegios del evangelio. Los judíos de origen griego habían recibido los beneficios de las labores de los apóstoles, y muchos de ellos habían respondido a esos esfuerzos abrazando la fe de Jesús; pero la conversión de Cornelio iba a ser la primera de importancia entre los gentiles. 

 

Mediante la visión del lienzo y su contenido, que descendió del cielo, se iba a librar a Pedro de sus arraigados prejuicios contra los gentiles; debía comprender que por medio de Cristo las naciones paganas llegaban a ser participantes de las bendiciones y los privilegios de los judíos, y que junto con ellos debían ser igualmente beneficiarlas. Algunos han sostenido que esta visión significa que Dios eliminó la prohibición de usar la carne de animales que anteriormente habían sido considerados inmundos, y que por lo tanto la carne de cerdo es apta para el consumo. Esta es una interpretación estrecha y completamente errónea, y contradice flagrantemente el relato bíblico de la visión y sus consecuencias (La historia de la redención, p. 298).

 

De la historia de Cornelio (Hechos 10) aprendemos que Dios guiará a todo aquel que está dispuesto a ser guiado. Guio a Cornelio. Sondeó el corazón de su siervo cuando éste oraba. Lo preparó para recibir la luz de su verdad; y decidió iluminar la mente de Cornelio por intermedio de uno que ya había recibido la luz de lo alto… El Señor reparó en todo acto de Cornelio. Todo el cielo observó las limosnas y las oraciones de este devoto centurión.

 

Así sucede hoy. El Señor tiene su ojo puesto sobre toda alma que lo busca. Se interesa en toda alma que necesita ayuda y no dejará a ninguna en las tinieblas del error, sino que paso a paso la guiará a la plenitud de la luz de la verdad que brilla en cada página de las Escrituras (En los lugares celestiales, p. 324).

 

Puede ser que algunos de aquellos con quienes estén en contacto sean rudos y descorteses, pero no sean ustedes menos corteses por causa de ello. Aquel que desee conservar su respeto propio debe tener cuidado de no herir innecesariamente el de los demás. Esta regla debe observarse religiosamente para con los más duros de entendimiento, para con los que más yerran. Ustedes no saben lo que Dios se propone hacer con los que aparentemente prometen poco. El aceptó en lo pasado personas que no eran más promisorias ni atrayentes que ellos para que hiciesen una gran obra para El. Su Espíritu, obrando en el corazón, despertó toda facultad y la hizo obrar vigorosamente. El Señor vio en estas piedras toscas y sin tallar material precioso, que podía soportar la prueba de la tempestad, el calor y la presión.

 

Sean corteses con los que llegan a estar en contacto con ustedes; así serán corteses con Dios. Alábenlo por su bondad, así serán testigos de Él, y se estarán preparando para la sociedad con los ángeles. Estarán aprendiendo en este mundo cómo conducirse en la familia de Cristo en el cielo (Reflejemos a Jesús, p. 20).

 


Martes 13 de noviembre

EL ESPÍRITU LOS GUÍA 

 

Los informes de lo que sucedió en Cesarea con Cornelio pronto llegaron a los dirigentes de la comunidad cristiana de Jerusalén, y estos le pidieron a Pedro que diera cuenta de lo que sucedió. Se ofendieron por lo que hizo Pedro porque, según su interpretación judía de la Ley de Moisés, a los judíos fieles no se les permitía comer con los gentiles (Hech. 11:3). 

 

Lee Hechos 11:4 al 18. ¿Qué dijo Pedro para explicar la obra del Espíritu Santo y su dirección en este acontecimiento? ¿Cuál fue el argumento principal que utilizó al relatar lo que había ocurrido?

 

Hechos 11:4-18

Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo. 11 Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. 12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, 13 quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; 14 él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. 15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. 16 Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. 17 Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? 18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!

 Aunque algunos plantearon dudas sobre la legitimidad de los actos de Pedro y su decisión de bautizar a estos gentiles, hubo suficientes testigos (Hech. 11:12) que certificaron que el Espíritu Santo efectivamente manifestó su presencia de la misma manera que en Pentecostés. La conducción del Espíritu Santo en este caso era irrefutable, y el don fue aceptado. “Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hech. 11:18).

 

Lee Hechos 11:19 al 24. ¿Qué ocurrió después en la vida de la iglesia primitiva? 

 

Hechos 11:19-24

19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. 20 Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. 21 Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. 22 Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. 23 Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. 24 Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.

Quizás algunos en Jerusalén pensaron que lo que sucedió con Cornelio y su familia sería una excepción y que esa experiencia no se repetiría. Pero, eso no es lo que pensaba el Espíritu Santo. Cuando los discípulos de Jesús se dispersaron más allá de Jerusalén y Judea debido a la persecución que surgió después de la muerte de Esteban (Hech. 8:1), y fueron a Samaria, Fenicia, Chipre y Antioquía, cada vez más gentiles aceptaban a Jesús como su Salvador. Esto es lo que Jesús había predicho (Hech. 1:8). Por más maravillosa que haya sido esta afluencia de gentiles, si nos ponemos en el lugar de estos primeros creyentes judíos, no es difícil deducir que no estaban muy seguros de cómo reaccionar.

 

¿Es posible que nos estemos aferrando a posturas estrechas acerca de la iglesia y de nuestro mensaje que podrían obstaculizar nuestra testificación? 

 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

 

Para Pedro esa orden era penosa, y debía hacer violencia a su voluntad a cada paso que daba mientras emprendía el deber que se le imponía; pero no se atrevía a desobedecer… Mientras señalaba a los presentes [Cornelio y sus parientes y amigos] a Jesús como única esperanza del pecador, Pedro mismo comprendió más plenamente el significado de la visión que había tenido, y en su corazón ardía el espíritu de la verdad que estaba presentando…

 

Cuando los hermanos de Judea oyeron decir que Pedro había ido a la casa de un gentil y predicado a los que en ella estaban congregados, se sorprendieron y escandalizaron. Temían que semejante conducta, que les parecía presuntuosa, hubiese de contrarrestar sus propias enseñanzas (Conflicto y valor, p. 335). 

 

“Y como comencé a hablar —[Pedro] dijo, relatando el incidente—, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua; mas vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo. Así que, si Dios les dio el mismo don también como a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?”

 

Al oír esta explicación, los hermanos callaron. Convencidos de que la conducta de Pedro estaba de acuerdo con el cumplimiento directo del plan de Dios, y que sus prejuicios y espíritu exclusivo eran totalmente contrarios al espíritu del evangelio, glorificaron a Dios, diciendo: “De manera que también a los Gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida”. 

 

Así, sin discusión, los prejuicios fueron quebrantados, se abandonó el espíritu exclusivista establecido por la costumbre secular, y quedo expedito el camino para la proclamación del evangelio a los gentiles (Los hechos de los apóstoles, p. 115). 

 

Después que los discípulos fueron expulsados de Jerusalén por la persecución, el mensaje evangélico se difundió rápidamente por las comarcas limítrofes de Palestina, y en importantes poblaciones se constituyeron pequeñas compañías de creyentes. Algunos de los discípulos “fueron hasta Fenicia, y Chipre, y Antioquía, predicando la palabra” (Los hechos de los apóstoles, p. 126). 

 

Jesús anhelaba revelar los profundos misterios de la verdad que habían quedado ocultos durante siglos, a fin de que los gentiles fuesen coherederos con los judíos y “consortes de su promesa en Cristo por el evangelio” [Efesios 3:6], Los discípulos tardaron mucho en aprender esta verdad, y el Maestro divino les dio lección tras lección. Al recompensar la fe del centurión en Capernaúm y al predicar el evangelio a los habitantes de Sicar, había demostrado ya que no compartía la intolerancia de los judíos. Pero los samaritanos tenían cierto conocimiento de Dios; y el centurión había manifestado bondad hacia Israel. Ahora Jesús relacionó a los discípulos con una pagana a quien ellos consideraban tan desprovista como cualquiera de su pueblo de motivos para esperar favores de él. Quiso dar un ejemplo de cómo debía tratarse a una persona tal. Los discípulos habían pensado que él dispensaba demasiado libremente los dones de su gracia. Quería mostrarles que su amor no había de limitarse a raza o nación alguna (El Deseado de todas las gentes, p. 368). 

 


Miércoles 14 de noviembre

EL CONCILIO DE JERUSALÉN

 

Lee Hechos 15:1 y 2; y Gálatas 2:11 al 14. ¿Cuáles son los dos problemas que causaron un conflicto serio en la iglesia primitiva?

 

Hechos 15:1-2 

1 Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. 

Gálatas 2:11-14

11 Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. 12 Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. 13 Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. 14 Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?

La amenaza a la unidad de la iglesia que enfrentaron los primeros cristianos fue real y difícil. Algunos cristianos judíos pensaban que la salvación solo era posible para quienes pertenecían al pueblo del Pacto de Dios, y esto implicaba que la circuncisión era un requisito. Y, como parte de un estilo de vida fiel, estos creyentes judíos también creían que debían evitar cualquier contacto con los gentiles que pudiera impedir su salvación personal.

 

Los judíos tenían tradiciones muy estrictas con respecto a su asociación con los gentiles. Estas tradiciones se convirtieron rápidamente en un obstáculo para la nueva comunidad cristiana cuando los apóstoles comenzaron a acercarse a los gentiles que deseaban convertirse en seguidores de Jesús. Debido a que el Mesías es el Salvador del pueblo del Pacto de Dios, como se predijo en el Antiguo Testamento, ¿no se suponía que los gentiles primeramente tendrían que hacerse judíos y luego seguir las mismas reglas del Pacto si querían ser salvos?

 

Lee Hechos 15:3 al 22. ¿Cuáles fueron algunos de los problemas presentados durante el Concilio de Jerusalén? 

 

Hechos 15:3-22

Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos. Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. 12 Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. 13 Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. 14 Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. 15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: 16 Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar, 17 Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre,18 Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos. 19 Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 20 sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. 21 Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo. 22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos;

El problema aquí consistía en conflictos por interpretaciones muy arraigadas de las historias del Antiguo Testamento con respecto a la circuncisión y la relación con los gentiles. Aunque los apóstoles, los ancianos y los delegados de Antioquía se sentaron juntos, parece que la discusión duró mucho tiempo sin ninguna resolución.

 

Pero entonces Pedro, Bernabé y Pablo pronunciaron sus discursos. El discurso de Pedro aludió a la revelación visionaria que Dios le dio y al don del Espíritu Santo, que abrió el camino para la misión a los gentiles. Luego, Pablo y Bernabé compartieron lo que Dios había hecho a través de ellos en favor de los gentiles. Como resultado, muchas miradas se abrieron a la nueva verdad. Pedro dijo: “Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos”, es decir, los gentiles (Hech. 15:11). Siglos de antiguas tradiciones se estaban desmoronando a la luz del evangelio. 

 

¿Alguna vez cambiaste de opinión sobre cómo interpretar una creencia profundamente arraigada? ¿Qué aprendiste de la experiencia que quizá pueda ayudarte cuando tengas que evaluar nuevamente tu interpretación de alguna creencia?

 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

 

Algunos judíos de Judea produjeron una consternación general entre los creyentes gentiles al agitar el asunto de la circuncisión. Afirmaban con gran seguridad que nadie se salvaría si no era circuncidado ni guardaba toda la ley ceremonial.

 

Este era un asunto importante que afectaba en gran medida a la iglesia… El problema produjo mucha discusión y falta de armonía en la iglesia, hasta que finalmente los hermanos de Antioquía, temerosos de que pudiera producirse una división entre ellos como resultado de discutir más este asunto, decidieron enviar a Pablo y Bernabé, junto con algunos hombres responsables de Antioquía, a Jerusalén, para presentar la situación delante de los apóstoles y ancianos… 

 

Los judíos se habían enorgullecido de sus ceremonias divinamente señaladas; y habían llegado a la conclusión de que si Dios en una oportunidad había determinado cómo debía ser el culto hebreo, era imposible que autorizara jamás cambio alguno en cualquiera de sus detalles. Resolvieron que la cristiandad observara las leyes y ceremonias judías. Eran lentos para darse cuenta del fin de lo que había sido abolido por el deceso de Cristo, y para comprender que todos los sacrificios prefiguraban la muerte del Hijo de Dios, en la cual el tipo se había encontrado con su antitipo, quitándole todo valor a las ceremonias divinamente señaladas y a los sacrificios de la religión judía (La historia de la redención, pp. 319, 320).

 

Muchos consideran a los días de Israel como un tiempo de oscuridad, cuando los hombres estaban sin Cristo, sin arrepentimiento y sin fe. Muchos sostienen la doctrina errónea de que la religión de los hijos de Israel consistía en formas y ceremonias en las cuales no tenía parte la fe en Cristo. Pero los de esa era se salvaban por Cristo tan ciertamente como son salvados los de hoy por él… Los sacrificios y símbolos eran una sombra de Cristo y habían de durar hasta que viniera la realidad. Los hebreos se regocijaron en un Salvador venidero. Nosotros nos gozamos en un Salvador que vino, y que vendrá otra vez… La sangre de Cristo es eficaz para nosotros como lo fue para el antiguo Israel (That I May Know Him, p. 101; parcialmente en A fin de conocerle, p. 102).

 

Si un hermano está enseñando el error, los que ocupan puestos de responsabilidad debieran saberlo; y si está enseñando verdad, deben ponerse resueltamente de su lado. Todos nosotros debemos saber lo que se enseña en nuestro medio, pues si es la verdad, necesitamos conocerla… Todos tenemos la obligación hacia Dios de comprender lo que él nos envía. Él ha dado instrucciones por las cuales podemos probar toda doctrina. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Pero si está de acuerdo con esta prueba, no estéis tan llenos de prejuicio que no podáis aceptar un punto, sencillamente porque no concuerda con vuestras ideas (Testimonios para los ministros, p. 110).

 


Jueves 15 de noviembre

UNA SOLUCIÓN DIFÍCIL

 

Se requería cierto grado de confianza por parte de la iglesia de Antioquía para enviar representantes a Jerusalén a fin de buscar la mejor solución para su conflicto. Sin embargo, después de horas de discusión entre los apóstoles y los ancianos, Jacobo, el hermano de Jesús, quien parece ser el dirigente de la asamblea, tomó una decisión sobre lo que se debía hacer (Hech. 15:13-20). Evidentemente, el concilio decidió que los gentiles no necesitaban convertirse al judaísmo ni obedecer todos los aspectos de las leyes ceremoniales, incluida la circuncisión, para hacerse cristianos.

 

Lee Amós 9:11 y 12; y Jeremías 12:14 al 16. ¿Qué predicciones hicieron estos profetas del Antiguo Testamento con respecto a las naciones circundantes de Israel?

 

Amós 9:11-12

11 En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; 12 para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.

Jeremías 12:14-16

14 Así dijo Jehová contra todos mis malos vecinos, que tocan la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel: He aquí que yo los arrancaré de su tierra, y arrancaré de en medio de ellos a la casa de Judá. 15 Y después que los haya arrancado, volveré y tendré misericordia de ellos, y los haré volver cada uno a su heredad y cada cual a su tierra. 16 Y si cuidadosamente aprendieren los caminos de mi pueblo, para jurar en mi nombre, diciendo: Vive Jehová, así como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, ellos serán prosperados en medio de mi pueblo.

Si bien Jacobo cita Amós 9, existen alusiones a la salvación de las naciones en otros profetas del Antiguo Testamento. Desde el principio, la intención de Dios fue salvar al mundo entero a través del testimonio y la experiencia de Israel. De hecho, el llamado de Dios a Abraham incluyó una bendición para todas las naciones a través de él y sus descendientes (Gén. 12:1-3). La conducción del Espíritu Santo; el ministerio de Pedro, Bernabé y Pablo entre los gentiles; y la conversión de muchos gentiles eran evidencias que no podían dejarse de lado. Estos testimonios ayudaron a los dirigentes cristianos de Jerusalén a darse cuenta de que muchas profecías del Antiguo Testamento se estaban cumpliendo en ese entonces. De hecho, Dios ya había dado leyes que guiaban la presencia de los gentiles en Israel y las restricciones que se aplicaban a ellos (Lev. 17, 18).

 

Jacobo también se refirió a estas leyes en su decisión (Hech. 15:29). Resultó obvio para todos que Dios estaba llamando a los gentiles a unirse a su pueblo y a recibir la salvación en Jesús. La conducción del Espíritu Santo les dio una comprensión más profunda de las Escrituras y les reveló verdades cruciales que no habían visto antes. Hechos 15:30 al 35 relata la respuesta de los creyentes de Antioquía a lo que se decidió en Jerusalén: “Los creyentes […] se alegraron por su mensaje alentador” (Hech. 15:31, NVI).

 

Vemos en Hechos un poderoso ejemplo de cómo la iglesia primitiva, mediante la sumisión a la Palabra de Dios, junto con una mentalidad de amor, unidad y confianza, pudo evitar, bajo la conducción del Espíritu Santo, lo que podría haber sido una gran crisis de unidad.

 

¿Qué nos enseña este relato sobre lo importante que es no solo escuchar lo que otros dicen, sino también considerar la posibilidad de que tengan razón, incluso cuando lo que dicen no es exactamente lo que queremos escuchar?

 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

 

El orden mantenido en la primitiva iglesia cristiana, la habilitó para seguir firmemente adelante como disciplinado ejército revestido de la armadura de Dios. Aunque las compañías o grupos de fieles estaban esparcidos en un dilatado territorio, eran todos miembros de un solo cuerpo y actuaban de concierto y en mutua armonía. Cuando se suscitaban disensiones en alguna iglesia local, como ocurrió después en Antioquía y otras partes, y los fieles no lograban avenirse, no se consentía en que la cuestión dividiese a la iglesia, sino que se la sometía a un concilio general de todos los fieles, constituido por delegados de las diversas iglesias locales con los apóstoles y ancianos en funciones de gran responsabilidad. Así por la concertada acción de todos se desbarataban los esfuerzos que Satanás hacía para atacar a las iglesias aisladas, y quedaban deshechos los planes de quebranto y destrucción que forjaba el enemigo.

 

“Dios no es Dios de disensión, sino de paz; como en todas las iglesias de los santos” (1 Corintios 14:33), y quiere que hoy día se observe orden y sistema en la conducta de la iglesia, lo mismo que en tiempos antiguos. Desea que su obra se lleve adelante con perfección y exactitud, a fin de sellarla con su aprobación. Los cristianos han de estar unidos con los cristianos y las iglesias con las iglesias, de suerte que los instrumentos humanos cooperen con los divinos, subordinándose todo agente al Espíritu Santo y combinándose todos en dar al mundo las buenas nuevas de la gracia de Dios (Los hechos de los apóstoles, pp. 78, 78).

 

Santiago trató de grabar en la mente de sus hermanos el hecho de que, al convertirse a Dios, los gentiles habían hecho un gran cambio en sus vidas, y que debía ejercerse mucha prudencia para no molestarlos con dudosas y confusas cuestiones de menor importancia, no fuera que se desanimaran en seguir a Cristo.

 

Los conversos gentiles, sin embargo, debían abandonar las costumbres inconsecuentes con los principios del cristianismo. Los apóstoles y ancianos convinieron por lo tanto en pedir a los gentiles por carta que se abstuvieran de los alimentos ofrecidos a los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado, y de sangre. Debía instárselos a guardar los mandamientos, y a vivir una vida santa. Debía asegurárseles también que los que habían declarado obligatoria la circuncisión no estaban autorizados por los apóstoles para hacerlo…

 

Las decisiones amplias y de largo alcance del concilio general produjeron confianza en las filas de los creyentes gentiles, y la causa de Dios prosperó (Los hechos de los apóstoles, pp. 158, 160).

 


Viernes 16 de noviembre

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

 

Lee “Un investigador de la verdad” y “Judíos y gentiles”, en Los hechos de los apóstoles, pp. 107-115 y 153-163, respectivamente.

 

“El concilio que decidió este caso estaba compuesto por los apóstoles y los maestros que se habían destacado en levantar iglesias cristianas judías y gentiles, con delegados escogidos de diversos lugares. Estaban presentes los ancianos de Jerusalén y los diputados de Antioquía, y estaban representadas las iglesias de más influencia. El concilio procedió de acuerdo con los dictados de un juicio iluminado, y con la dignidad de una iglesia establecida por la voluntad divina. Como resultado de sus deliberaciones, todos vieron que Dios mismo había resuelto la cuestión en disputa concediendo a los gentiles el Espíritu Santo; y comprendieron que a ellos les correspondía seguir la dirección del Espíritu.

 

“Todo el cuerpo de cristianos no fue llamado a votar sobre el asunto. Los ‘apóstoles y ancianos’, hombres de influencia y juicio, redactaron y promulgaron el decreto, que fue luego aceptado generalmente por las iglesias cristianas. No todos, sin embargo, estaban satisfechos con la decisión; había un bando de hermanos ambiciosos y confiados en sí mismos que estaban en desacuerdo con ella. Estos hombres estaban decididos a ocuparse en la obra bajo su propia responsabilidad. Se tomaban la libertad de murmurar y hallar faltas, de proponer nuevos planes y tratar de derribar la obra de los hombres a quienes Dios había escogido para que enseñaran el mensaje evangélico. Desde el principio la iglesia ha tenido que afrontar tales obstáculos, y tendrá que hacerlo hasta el fin del siglo” (HAp 159, 160).

 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Qué pasos para la resolución de conflictos hallados en los relatos analizados esta semana se pueden aplicar a la comunidad de tu iglesia si surgen desacuerdos? Aunque uno de los problemas que la iglesia abordó era teológico, ¿qué podemos aprender de estos relatos que ayude a la iglesia cuando surgen problemas culturales, políticos o étnicos que amenazan la unidad? ¿Qué principios importantes podemos extraer de lo que hemos visto?
  2. Vuelve a leer la cita de Elena de White del comienzo. A pesar del resultado positivo, algunos aún no estaban satisfechos. ¿Qué lección sacas de esta triste realidad? 

Resumen: La iglesia primitiva se vio amenazada por conflictos internos sobre una serie de cuestiones que podrían haber tenido un efecto devastador en ella. Vimos la forma en que la iglesia, bajo la conducción del Espíritu Santo y la sumisión a la Palabra de Dios, pudo resolver estos conflictos y evitar cismas.

 

Nuestros agradecimientos a la dedicación, calidad en el análisis y comentario teológico avanzado de Flia. García-Saravia.

 

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Presentación de apoyo, para los que requieran proyectar los puntos relevantes de la lección.
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Comentario de Jonathan Gallagher
Jonathan Gallagher es un ministro ordenado de la Iglesia Adventista trabajó por siete años en una iglesia en Inglaterra –su tierra natal–, seguidos por ocho años de administración eclesiástica. Cuenta con un doctorado en divinidad de la Universidad de St. Andrews en Escocia y es autor de siete libros y numerosos artículos.
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