Estudio avanzado para Maestros, con la "Guía de Estudio de la Biblia"

Letra Negra: Lección de la ES

Letra Azul: Espíritu de Profecía


Lección 03:  Para el 20 de Julio de 2019

 

 

El sábado: un día de libertad  

 

 

Sábado 13 de julio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Éxodo 16:16-1820:8-11Deuteronomio 5:12-15Mateo 12:9-13Levítico 25:1-7.

Para Memorizar: “También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Mar. 2:27).

Dios creó el sábado como el acto final de la semana de la Creación. Se ha dicho que en el séptimo día, Dios no solo descansó, sino también creó el reposo como parte integral del mundo. El sábado era una demostración de la forma en que fuimos creados para interactuar con Dios y con los demás.

Por ende, no es de extrañar que el sábado sea uno de los mandamientos en el plan de Dios para su pueblo, que se muestra al principio del establecimiento de la nueva nación israelita. Este tendría un papel fundamental en la vida de los hebreos.

A menudo, cuando hablamos del sábado, la conversación se traslada rápidamente a cómo guardarlo. “¿Qué cosas no deberíamos hacer?”, y otras por el estilo. Por más importantes que sean estas preguntas, necesitamos comprender el papel integral que el sábado debía desempeñar en el mundo y en la vida del pueblo de Dios como símbolo de la gracia y la provisión de Dios.

Como dijo Jesús, el día de reposo sabático fue creado para toda la humanidad. Cuando verdaderamente nos “ac[ordemos] del día de reposo”, este nos cambiará todos los días de la semana y, como lo demostró Jesús, también puede ser un medio para bendecir a los demás.

 

Espíritu de profecía

Durante su ministerio terrenal, Cristo recalcó la vigencia de lo ordenado acerca del sábado; en toda su enseñanza manifestó reverencia hacia la institución que él mismo había dado. En su tiempo el sábado había quedado tan pervertido que su observancia reflejaba el carácter de hombres egoístas y arbitrarios más bien que el carácter de Dios. Cristo puso a un lado las falsas enseñanzas con que habían calumniado a Dios los que aseveraban conocerle. Aunque los rabinos le seguían con implacable hostilidad, no aparentaba siquiera conformarse con sus exigencias, sino que iba adelante observando el sábado según la ley de Dios.

En lenguaje inequívoco atestiguó su consideración por la ley de Jehová. “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas. De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos”. Mateo 5:17-19 (Profetas y reyes, pp. 135, 136).

Los cuatro primeros mandamientos se dieron para mostrar al hombre cuáles son sus deberes hacia el Altísimo. El cuarto es el eslabón que une al gran Dios con el hombre. El sábado fue dado especialmente en beneficio del hombre y para honra del Señor. Los seis últimos preceptos señalan el deber del hombre hacia sus semejantes.

El sábado había de ser una señal entre Dios y su pueblo para siempre. De esta manera se manifestaría la señal: todos los que guardaran el sábado pondrían de manifiesto mediante esa enseñanza que eran adoradores del Dios viviente, Creador de los cielos y la tierra. El sábado sería una señal entre el Señor y su pueblo mientras hubiera gente sobre la tierra que le sirviese (La historia de la redención, p. 144).

Dios dio al hombre seis días en los cuales trabajar para sí, pero se reservó un día en el cual se le ha de honrar especialmente. Debemos glorificarlo y respetar su autoridad… Dios puso aparte el séptimo día como período de descanso para el hombre, para bien del hombre tanto como para su propia gloria. Vio que las necesidades del hombre requerían que durante un día descansase del trabajo y cuidado, que su salud y vida peligrarían sin un período de reposo del trabajo y ansiedad de los seis días.

El sábado fue hecho para beneficio del hombre; y transgredir a sabiendas el santo mandamiento que prohíbe trabajar en el séptimo día es, a la vista del cielo, un crimen considerado de tal magnitud bajo la ley mosaica, que exigía la muerte del que lo cometiera. Pero esto no era todo lo que el delincuente había de sufrir, porque Dios no llevará al cielo a un transgresor de su ley. Deberá sufrir la segunda muerte, que es la penalidad plena y final a que se hace acreedor el transgresor de la ley de Dios (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 465). 

 

Domingo 14 de julio:

Suficiente maná

Después de generaciones de esclavitud y de degradación social que esa condición pudo infligir en su pueblo oprimido, Dios procuró elevar a los israelitas recién liberados, indicándoles una mejor manera de vivir y dándoles leyes para organizar mejor su nueva sociedad. Pero una de las primeras partes de este proceso llegó en forma de una lección práctica e instructiva.

Como este ritmo de vida duró un total de cuarenta años durante su peregrinación por el desierto (evidencia visible de la provisión y el altruismo de Dios), debió haberse convertido en parte de la cultura de la sociedad israelita. Llegó en forma de maná, un alimento que aparecía cada mañana en el suelo alrededor del campamento de los israelitas.

Lee Éxodo 16:16 al 18. ¿Cuál crees que es la importancia de la medida específica para cada persona que se enfatiza en estos versículos?

En 2 Corintios 8:10 al 15, Pablo hace referencia a esta historia como un ejemplo de cómo deben dar los cristianos: “En las circunstancias actuales la abundancia de ustedes suplirá lo que ellos necesitan, para que a su vez la abundancia de ellos supla lo que ustedes necesitan. Así habrá igualdad” (vers. 14, NVI).

La lección para los israelitas, y para nosotros, fue que Dios ha provisto lo suficiente para su pueblo y su creación. Si tomamos solo lo que necesitamos y estamos preparados para compartir lo que nos sobra con los demás, todos serán atendidos y provistos. Tomar solo lo suficiente para el día requería que el pueblo confiara en que habría más al día siguiente. Los oprimidos, como los esclavos israelitas, tienden a enfocarse en su supervivencia, pero Dios quería mostrarles una vida de confianza, generosidad e intercambio.

Pero también había otra dimensión, más notable, de esta práctica. Cada viernes, una doble porción de maná aparecía en el suelo, y ese día, y solo ese día, el pueblo debía recolectar el maná adicional en preparación para el sábado. La disposición especial para el sábado se convirtió en una forma adicional para que aprendan a confiar en el Señor para todas sus necesidades. Esta porción extra de maná, un acto de gracia por parte de Dios, les permitió disfrutar aún más del descanso que Dios les había prometido en el día de reposo sabático.

¿Qué podemos hacer los viernes que nos ayude a disfrutar mejor lo que Dios nos ofrece el sábado?

 

Espíritu de profecía

Si se come con exceso, aunque sea alimento sencillo, con el tiempo se dañarán los órganos digestivos; pero añádase a esto el consumo excesivo de alimento perjudicial, y el mal será mucho mayor. El organismo llega así a deteriorarse…

El Señor sacó a sus hijos de Egipto en forma victoriosa. Los condujo por el desierto para probarlos. Repetidas veces manifestó su poder milagroso al librarlos de sus enemigos. Prometió conservarlos para sí mismo, como su tesoro peculiar, si ellos obedecían su voz y guardaban sus mandamientos. No les prohibió comer la carne de los animales, pero la apartó de ellos en gran medida. Les proporcionó el alimento más saludable. Hizo llover su pan del cielo y les dio agua pura de la dura roca. Realizó un pacto con ellos según el cual los libraría de las enfermedades si ellos le obedecían en todas las cosas (Mensajes selectos, t. 2, pp. 475, 476).

Muchos ven que son suplidas sus necesidades del momento, pero no confían en el Señor para el futuro. Manifiestan incredulidad y se entregan al abatimiento y el desánimo ante posibles necesidades. Algunos se preocupan constantemente por el temor de pasar necesidades y que sus hijos tengan que sufrir. Cuando surgen dificultades o se ven en aprietos —cuando se somete a prueba su amor y su fe en Dios— evitan la prueba y se quejan del procedimiento empleado por Dios para purificarlos. Se verifica que su amor no es puro ni perfecto; no es capaz de soportar todas las cosas.

La fe de los hijos del Dios del cielo debería ser fuerte, activa y perseverante: la certeza de lo que se espera. En ese caso se expresarán de este modo: “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre”, porque ha obrado generosamente conmigo.

Algunos consideran que la abnegación es un verdadero sufrimiento. Se complace el apetito pervertido. Y el dominio de las apetencias malsanas induce incluso a muchos profesos cristianos a retroceder, como si la inanición fuese la consecuencia directa de un régimen alimentario sencillo. Y como los hijos de Israel prefieren la esclavitud, la enfermedad y hasta la muerte, antes que verse privados de las ollas de carne. Pan y agua es todo lo que se promete al remanente en el tiempo de angustia (La historia de la redención, pp. 132, 133).

Durante toda la semana, debemos recordar el sábado y hacer preparativos para guardarlo según el mandamiento. No solo debemos observar el sábado en forma legal. Debemos comprender su importancia espiritual sobre todas las acciones de nuestra vida. Todos los que consideren el sábado como una señal entre ellos y Dios y demuestren que Dios es quien los santifica, representarán los principios de su gobierno. Pondrán diariamente en práctica las leyes de su reino. Diariamente rogarán que la santificación del sábado descanse sobre ellos. Cada día tendrán el compañerismo de Cristo y ejemplificarán la perfección de su carácter. Cada día su luz brillará para los demás en sus buenas obras (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 355).

 

Lunes 15 de julio:

Dos razones para el sábado

Lee Éxodo 20:8 al 11 y Deuteronomio 5:12 al 15. ¿Cómo se complementan estas dos versiones del cuarto mandamiento?

Recordar es una parte importante de la relación que Dios busca restablecer con su pueblo, una relación centrada en el hecho de que Dios es nuestro Creador y Redentor. Ambos roles aparecen en las dos versiones del cuarto mandamiento y, por lo tanto, están estrechamente vinculados con el sábado y su práctica.

Al salir de una tierra dominada por tantos dioses falsos, los israelitas debían recordar el verdadero papel de Dios como Creador. El sábado fue una forma trascendental de hacer eso, lo que hizo que todo fuera más significativo en el contexto del ciclo semanal de proporcionar maná extra el viernes, un poderoso ejemplo de su poder creador. En la versión de Éxodo 20 del cuarto mandamiento, Dios se revela más claramente como nuestro Creador.

En contraste, su rescate, redención y salvación es el énfasis del cuarto mandamiento en Deuteronomio 5. Era una historia que los israelitas debían volver a contar regularmente. Podían volver a conectarse con ella especialmente cada sábado. Su primera historia era la de un rescate físico real de la esclavitud de Egipto, pero a medida que su comprensión de Dios y su salvación aumentaban, el sábado también se convertiría en un símbolo y una celebración semanal de su salvación espiritual.

Estas dos motivaciones para el día de reposo tenían que ver con restablecer la relación entre Dios y su pueblo: “Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico” (Eze. 20:12). Y, como hemos visto, esto nunca fue solo para este grupo de personas. Sobre la base de esta relación, debían establecer un nuevo tipo de sociedad que fuera amable con los forasteros y una bendición para el mundo en general.

“Por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo” (Deut. 5:15). Al guardar el sábado como una forma de recordar y celebrar nuestra creación y redención, podemos seguir creciendo en nuestra relación, no solo con el Señor sino con los que nos rodean. Dios es misericordioso con nosotros; por lo tanto, tenemos que ser misericordiosos con los demás.

¿De qué manera la observancia del sábado nos hace mejores personas, más bondadosas, más solidarias y compasivas?

 

Espíritu de profecía

En el cuarto mandamiento el Señor se presenta como Creador de los cielos y la tierra, y por lo tanto como distinto de todos los dioses falsos. El séptimo día fue santificado para que fuera un día de reposo para el hombre, como un monumento de la obra de la creación. Se lo instituyó para que mantuviera al Dios viviente siempre delante de las mentes como la fuente de todo ser y objeto de reverencia y culto. Satanás trató de desviar a los hombres para que no manifestaran lealtad a Dios ni rindieran obediencia a su ley; por lo tanto dirigió sus esfuerzos especialmente contra ese mandamiento que señala a Dios como Creador (La historia de la redención, p. 346).

Y como [Cristo] hizo todo, creó también el sábado. Por él fue apartado como un monumento recordativo de la obra de la creación. Nos presenta a Cristo como Santificador tanto como Creador. Declara que el que creó todas las cosas en el cielo y en la tierra, y mediante quien todas las cosas existen, es cabeza de la iglesia, y que por su poder somos reconciliados con Dios. Porque, hablando de Israel, dijo: “Díles también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico” [Ezequiel 20:12], es decir, que los hace santos. Entonces el sábado es una señal del poder de Cristo para santificarnos. Es dado a todos aquellos a quienes Cristo hace santos. Como señal de su poder santificador, el sábado es dado a todos los que por medio de Cristo llegan a formar parte del Israel de Dios (El Deseado de todas las gentes, p. 255).

Dios hará más que cumplir las más elevadas expectativas de los que confían en él. Desea que recordemos que si somos humildes y contritos estaremos donde él puede y quiere manifestarse a nosotros. Se complace cuando le presentamos sus mercedes y bendiciones del pasado como una razón por la cual debe concedernos más altas y mayores bendiciones. Es honrado cuando lo amamos y damos testimonio de la sinceridad de nuestro amor guardando sus mandamientos… No hay nada tan grande y poderoso como el amor de Dios por los que son sus hijos (En los lugares celestiales, p. 131).

La hermosura del carácter de Cristo ha de verse en los que le siguen… En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor es el móvil de las acciones. Modifica el carácter, gobierna los impulsos, restringe las pasiones, subyuga la enemistad y ennoblece los afectos. Este amor atesorado en el alma endulza la vida y derrama una influencia purificadora sobre todos los que están en derredor (El camino a Cristo, p. 59).

 

Martes 16 de julio:

Un día de igualdad

Una de las cosas obvias de una lectura rápida de los Diez Mandamientos en Éxodo 20 y Deuteronomio 5 es que el cuarto mandamiento es, de lejos, el más detallado. Mientras que algunos de los mandamientos se registran en tan solo tres palabras en algunas versiones (en hebreo y en español, algunos pueden expresarse en solo dos palabras), el cuarto mandamiento da espacio al por qué, al cómo y al quién para recordar el día de reposo.

Lee Éxodo 20:8 al 11. ¿Qué dice sobre los siervos y los extranjeros, y hasta los animales, y qué significa?

Entre estos detalles del sábado es notable el énfasis en los demás. Sigve K. Tonstad sostiene que este tipo de mandamiento es único entre todas las culturas del mundo. El mandamiento del sábado, explica, “prioriza desde abajo hacia arriba y no desde arriba mirando hacia abajo, considerando en primer lugar a los miembros más débiles y vulnerables de la sociedad. Los que más necesitan descansar: el esclavo, el extranjero residente y la bestia de carga, se destacan especialmente. En el descanso del séptimo día, los menos privilegiados, incluso los animales que no pueden hablar, encuentran un aliado” (The Lost Meaning of the Seventh Day [El significado perdido del séptimo día], pp. 126, 127.

El mandamiento se centra especialmente en instar a que el sábado sea un día para que todos lo disfruten. A la luz del sábado, todos somos iguales. Si eres un empleador durante la semana, no tienes ninguna autoridad para hacer que tus empleados trabajen en sábado. Y eso es porque Dios también les dio un día de descanso. Si eres empleado, o incluso un esclavo, por el resto de tus días, el sábado te recuerda que Dios te ha creado y redimido por igual, y Dios te invita a celebrar esto de una manera distinta a tus deberes habituales. Incluso los que no guardan el sábado, “tu extranjero que está dentro de tus puertas” (Éxo. 20:10), deberían beneficiarse del día de reposo.

Esta idea habría sido un cambio notable de perspectiva para los israelitas, que recién salían de su experiencia de esclavitud y marginación. Ahora que debían establecerse en una tierra nueva, Dios no quería que adoptaran los hábitos de sus ex opresores. Además de darles leyes detalladas para su sociedad, les dio (a ellos y a todos nosotros, en realidad) un poderosísimo recordatorio semanal de cuán iguales somos todos ante Dios.

¿Cómo puedes compartir el sábado en tu comunidad? Es decir, ¿cómo pueden beneficiarse los demás miembros de tu comunidad por el hecho de que tú guardes el sábado?

 

Espíritu de profecía

Los que participan del amor de Dios, mediante la recepción de la verdad, darán evidencia de esto haciendo esfuerzos fervientes y abnegados para dar el mensaje del amor de Dios a otros. Así son colaboradores con Cristo. El amor a Dios y el amor mutuo los une con Cristo mediante eslabones áureos. … Esta unión hace que fluyan al corazón continuamente ricos raudales del amor de Cristo, y luego fluyan nuevamente en amor hacia otros.

Las cualidades esenciales para conocer a Dios son las que señalan la plenitud del carácter de Cristo: su amor, su paciencia, su desinterés. Esos atributos se cultivan realizando actos bondadosos con un corazón bondadoso (A fin de conocerle, p. 11).

Cristo vino para dar al mundo un ejemplo de lo que podría ser la humanidad perfecta unida con la divinidad. Presentó al mundo una nueva fase de la grandeza cuando exhibió su misericordia, compasión y amor. Dio a los hombres una nueva interpretación de Dios. Como cabeza de la humanidad, enseñó a los hombres lecciones en la ciencia del gobierno divino, por las cuales reveló la rectitud de la reconciliación de la misericordia y la justicia (Mensajes selectos, t. 1, p. 305).

Cristo vino a enseñarnos no solamente lo que debemos saber y creer, sino también lo que debemos hacer al relacionarnos con Dios y nuestro prójimo. La regla de oro de la justicia requiere que hagamos con los demás lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros: “Han sido adquiridos con la sangre del Salvador; han sido comprados por precio”.

En toda nuestra relación con nuestros prójimos, ya sean creyentes o no, debemos tratarlos como Cristo los trataría en nuestro lugar. Si es para nuestro bien presente y eterno obedecer la ley de Dios, será para su bien presente y eterno que lo hagan también (Cada día con Dios, p. 106).

El ministerio de Cristo estaba en notable contraste con el de los ancianos judíos… Para evitar el contacto con lo “inmundo”, se mantenían apartados no solo de los gentiles, sino de la mayoría de su propio pueblo, sin tratar de beneficiarlos ni de ganar su amistad… Su ejemplo estimulaba el egotismo y la intolerancia entre todas las clases del pueblo.

Jesús empezó la obra de reforma poniéndose en una relación de estrecha simpatía con la humanidad. Aunque manifestaba la mayor reverencia por la ley de Dios, reprendía la presuntuosa piedad de los fariseos, y trataba de libertar a la gente de las reglas sin sentido que la ligaban. Procuraba quebrantar las barreras que separaban las diferentes clases de la sociedad, a fin de unir a los hombres como hijos de una sola familia (El Deseado de todas las gentes, p. 124).

 

Miércoles 17 de julio:

Un día de sanidad

Si bien la concepción original para el sábado y la observancia del sábado era amplia e inclusiva, el sábado había llegado a ser algo muy diferente para muchos de los dirigentes religiosos cuando Jesús vino a la Tierra. En lugar de un día de libertad e igualdad, el sábado se había convertido en un día de reglas y restricciones humanas y tradicionales. En aquellos días, Jesús se alzó contra esas actitudes, especialmente cuando les eran impuestas a los demás.

Es muy interesante que haya hecho esto, sobre todo al sanar varias veces en el día de reposo. Parece que Jesús realizó intencionalmente estos milagros en sábado, en vez de cualquier otro día, para demostrar algo importante acerca de lo que debería ser el sábado. A menudo, en estas historias, Jesús hizo comentarios acerca de la conveniencia de sanar en el día de reposo, y con frecuencia los fariseos utilizaron sus declaraciones como excusa para promover sus planes para que Jesús fuera asesinado.

Lee las historias de Jesús sanando en sábado en Mateo 12:9 al 13; Marcos 1:21 al 26; 3:1 al 6; y Juan 9:1 al 16. ¿Qué es lo más significativo que observas en estas historias?

Jesús confirmó que el sábado es importante. Necesitamos demarcar las horas del día de reposo para que sea especial y permitir que este tiempo semanal sea una oportunidad para hacer crecer nuestra relación con Dios, nuestra familia, nuestra iglesia y nuestra comunidad. Pero la observancia del sábado no debe ser egoísta solo para nosotros. Como dijo Jesús, “es lícito hacer el bien en los días de reposo” (Mat. 12:12).

Muchos miembros de iglesia hacen un muy buen trabajo atendiendo a los demás. Pero muchos de nosotros también sentimos que debemos hacer más para ayudar. Sabemos que a Dios le importan los que sufren, los oprimidos u olvidados, por quienes también debemos preocuparnos. Como se nos ordena que el sábado no sigamos con nuestro trabajo regular y que nos liberemos de las presiones de la semana, tenemos tiempo para enfocarnos en atender a los demás como una de las formas de guardar el sábado en forma auténtica y activa: “De acuerdo con el cuarto mandamiento, el sábado fue dedicado al descanso y el culto religioso. Todo asunto secular debía ser suspendido, pero las obras de misericordia y benevolencia estaban en armonía con el propósito del Señor. […] Aliviar a los afligidos y consolar a los tristes es un trabajo de amor que realmente honra el santo día de Dios” (MB 81).

¿Qué haces por el bien de los demás en sábado?

 

Espíritu de profecía

 

[Jesús] había venido para librar al sábado de estos requerimientos gravosos que hacían de él una maldición en vez de una bendición.

Por esta razón, había escogido el sábado para realizar el acto de curación de Betesda. Podría haber sanado al enfermo en cualquier otro día de la semana; podría haberle sanado simplemente, sin pedirle que llevase su cama, pero esto no le habría dado la oportunidad que deseaba. Un propósito sabio motivaba cada acto de la vida de Cristo en la tierra. Todo lo que hacía era importante en sí mismo y por su enseñanza. Entre los afligidos del estanque, eligió el caso peor para el ejercicio de su poder sanador, y ordenó al hombre que llevase su cama a través de la ciudad a fin de publicar la gran obra que había sido realizada en él. Esto iba a levantar la cuestión de lo que era lícito hacer en sábado, y prepararía el terreno para denunciar las restricciones de los judíos acerca del día del Señor y declarar nulas sus tradiciones (El Deseado de todas las gentes, p. 176).

Otro sábado, al entrar Jesús en una sinagoga, vio allí a un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos le vigilaban, deseosos de ver lo que iba a hacer. El Salvador sabía muy bien que al efectuar una curación en sábado, sería considerado como transgresor, pero no vaciló en derribar el muro de las exigencias tradicionales que rodeaban el sábado. Jesús invitó al enfermo a ponerse de pie, y luego preguntó: “¿Es lícito hacer bien en sábado, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla?” Era máxima corriente entre los judíos que el dejar de hacer el bien, cuando había oportunidad, era hacer lo malo; el descuidar de salvar una vida, era matar. Así se enfrentó Jesús con los rabinos en su propio terreno. “Mas ellos callaban. Y mirándolos alrededor con enojo, condoliéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fue restituida sana” [Marcos 3:4, 5].

Cuando le preguntaron: “¿Es lícito curar en sábado?” Jesús contestó “¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere esta en una fosa en sábado, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que, lícito es en los sábados hacer bien” Mateo 12:10-12.

Los que, tanto como sea posible, se ocupan en hacer el bien de los demás, dándoles una demostración práctica de su interés por ellos están no solo aliviando los males de la vida al ayudarlos a llevar sus cargas, sino que al mismo tiempo contribuyen en buen grado a la salud de su propia alma y su propio cuerpo. Hacer el bien beneficia tanto al dador como al receptor (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 473).

 

Jueves 18 de julio:

Descanso sabático para la tierra

Como hemos visto, el sábado estaba muy arraigado en el ciclo de vida de la nación israelita. Pero el principio del sábado no solo era un día a la semana. También incluía un descanso especial cada séptimo año, que culminaba en el año de jubileo después de siete series de siete años, es decir, cada 50 años.

Lee Levítico 25:1 al 7. ¿Qué se destaca en esta clase de instrucción? ¿De qué manera podrías incorporar este tipo de principios en tu vida y tu trabajo?

El año sabático permitía que las tierras agrícolas quedaran en barbecho durante todo el año. Es un acto notable de mayordomía de la tierra, y la sabiduría de esto como una práctica agrícola ha sido ampliamente reconocida.

El séptimo año también era importante para los esclavos (ver Éxo. 21:1-11). En el caso de que alguno de los israelitas se endeudara tanto como para venderse como esclavo, sería liberado el séptimo año. Asimismo, las deudas pendientes debían cancelarse al final del séptimo año (ver Deut. 15:1-11).

Al igual que el maná que Dios proporcionó a los israelitas en el desierto, no sembrar cultivos por un año era un acto de confianza en que Dios proporcionaría suficiente el año anterior y en que vivirían de lo que el terreno produciría por sí solo en el año sabático. Además, liberar esclavos y cancelar deudas era un acto de misericordia, pero también un acto de confianza en el poder de Dios para satisfacer sus necesidades. En cierto sentido, el pueblo necesitaba aprender que no tenía que oprimir a los demás para poder mantenerse.

El modelo y los principios sabáticos debían estar estrechamente ligados a la estructura de la sociedad israelita en general. Igualmente, la observancia contemporánea del sábado debe ser una disciplina espiritual que transforme todos los demás días. En un sentido práctico, el sábado es una forma de vivir las instrucciones de Jesús de buscar primeramente su Reino: “Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten” (Mat. 6:3233, NTV).

¿Qué diferencia debería marcar la observancia del sábado con los otros seis días de su semana? Al fin y al cabo, si eres codicioso, egoísta e indiferente de domingo a viernes, ¿qué importa realmente si no eres ninguna de estas cosas en sábado? (O dicho de otro modo: ¿realmente puedes no ser esas cosas en sábado si eres así el resto de la semana?)

 

Espíritu de profecía

La observancia del año sabático había de beneficiar tanto a la tierra como al pueblo. Después de descansar una estación, sin ser cultivada, la tierra iba a producir más copiosamente. El pueblo se veía aliviado de las labores apremiantes del campo; y aunque podía dedicarse a diversas actividades durante ese tiempo, todos tenían más tiempo libre, lo cual les brindaba oportunidad de recuperar las fuerzas físicas para los trabajos de los años subsiguientes. Tenían más tiempo para la meditación y la oración, para familiarizarse con las enseñanzas y exigencias del Señor, y para instruir a sus familias…

Debía inculcársele al pueblo el hecho de que la tierra que se le permitía poseer por un tiempo pertenecía a Dios, que él era su dueño legítimo, su poseedor original, y que él quería que se le diera al pobre y al menesteroso una consideración especial. Debía hacerse comprender a todos que los pobres tienen tanto derecho como los más ricos a un sitio en el mundo de Dios.

Tales fueron las medidas que nuestro Creador misericordioso tomó para aminorar el sufrimiento e impartir algún rayo de esperanza y alegría en la vida de los indigentes y angustiados (Patriarcas y profetas, pp. 572, 574, 575).

Si os habéis entregado a Dios, para hacer su obra —dice Jesús—, no os preocupéis por el día de mañana. Aquel a quien servís percibe el fin desde el principio. Lo que sucederá mañana, aunque esté oculto a vuestros ojos, es claro para el ojo del Omnipotente.

Cuando nosotros mismos nos encargamos de manejar las cosas que nos conciernen, confiando en nuestra propia sabiduría para salir airosos, asumimos una carga que él no nos ha dado, y tratamos de llevarla sin su ayuda. Nos imponemos la responsabilidad que pertenece a Dios y así nos colocamos en su lugar. Con razón podemos entonces sentir ansiedad y esperar peligros y pérdidas, que seguramente nos sobrevendrán. Cuando creamos realmente que Dios nos ama y quiere ayudarnos, dejaremos de acongojarnos por el futuro. Confiaremos en Dios así como un niño confía en un padre amante. Entonces desaparecerán todos nuestros tormentos y dificultades; porque nuestra voluntad quedará absorbida por la voluntad de Dios.

Cristo no nos ha prometido ayuda para llevar hoy las cargas de mañana. Ha dicho: “Bástate mi gracia”; [2 Corintios 12:9] pero su gracia se da diariamente, así como el maná en el desierto, para la necesidad cotidiana. Como los millares de Israel en su peregrinación, podemos hallar el pan celestial para la necesidad del día (El discurso maestro de Jesucristo, p. 85).

Dios proveyó pan para su pueblo en el desierto mediante un milagro de misericordia, y podría haber provisto todo lo necesario para el servicio religioso, pero no lo hizo, porque en su infinita sabiduría veía que la disciplina moral de su pueblo dependía de su cooperación con él, de que cada uno de ellos hiciese algo (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 460).

 

Viernes 19 de julio

Para Estudiar y Meditar:

Lee “Del Mar Rojo al Sinaí”, en Patriarcas y profetas, pp. 300-304; y “El sábado”, en El Deseado de todas las gentes, pp. 248-255.

“Jesús les declaró que la obra de aliviar a los afligidos estaba en armonía con la Ley del sábado, y en armonía con la obra de los ángeles de Dios, que siempre están descendiendo y ascendiendo entre el cielo y la tierra para servir a la humanidad doliente. […]

“Y el hombre también tiene una obra que cumplir en sábado: atender las necesidades de la vida, cuidar a los enfermos, proveer a los menesterosos. No será tenido por inocente quien descuide el alivio del sufrimiento en sábado. El santo día de reposo de Dios fue hecho para el hombre, y las obras de misericordia están en perfecta armonía con su propósito. Dios no desea que sus criaturas sufran una hora de dolor que pueda ser aliviada en sábado o cualquier otro día” (DTG 176, 177).

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿De qué manera vives el sábado como una demostración de tu confianza en Dios? ¿Has tenido una experiencia similar a la del maná en tu vida, donde Dios te proveyó en respuesta a tu confianza en él? Si es así, compártelo con la clase y cuéntale lo que has aprendido.
  2. Como hemos visto en el cuarto mandamiento que se encuentra en Éxodo 20:8 al 11 y Deuteronomio 5:12 al 15, Dios enfatizó diferentes aspectos del sábado. ¿Cuál es el aspecto del sábado que más aprecias?
  3. En clase o individualmente, aporten ideas sobre las maneras en que se pueden compartir las bendiciones y los beneficios del sábado en tu comunidad.
  4. ¿Cuáles son algunas de las formas en que el sábado te cambia la vida? ¿Hay otros aspectos de tu vida en los que los modelos y principios sabáticos deberían tener mayor impacto?

Resumen: Dios dio el sábado como una forma de recordar la creación y la redención, pero este también tiene muchos beneficios prácticos. Nos enseña a confiar en la provisión de Dios para nosotros; nos enseña a practicar la igualdad; y puede convertirse en una disciplina espiritual que puede transformar todas nuestras relaciones. Jesús demostró su ideal para el sábado sanando a los enfermos y exaltando el sábado como un día para beneficiar a los necesitados.

 

 

RESEÑA

El séptimo día de la semana de la creación, el primer día completo de la vida de Adán y Eva, fue un día de descanso. “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo _de toda la obra que hizo_” (Gén. 2:2, énfasis añadido). El sábado es un monumento que honra a Dios como nuestro gran Creador. La reiteración del cuarto mandamiento en Deuteronomio 5:15 vincula la observancia del sábado con la obra de redención por parte de Dios. Por lo tanto, Dios quiso que el sábado fuera un monumento conmemorativo de su obra creadora y redentora. No fue concebido como una recompensa por nuestro trabajo y esfuerzo durante toda la semana.

Objetivos del maestro:

Recuérdales a los alumnos que Dios realizó el milagro del maná durante cuarenta años antes de que Moisés reiterara la Ley de Dios en los límites de la Tierra Prometida (ver Deut. 4:1; 5:6-21). Este milagro incluía una provisión diaria de maná (de domingo a viernes), así como una provisión para el sábado que se daba el viernes.

Ten en cuenta que el cuarto mandamiento llama al pueblo de Dios a conceder el privilegio universal del descanso sabático a todos por igual, incluidos los esclavos y los extranjeros. El mandato de Dios para el descanso sabático se extiende también a nuestros animales domésticos. Nuestra creencia en el privilegio igualitario del descanso sabático para todas las personas y los animales domésticos debe regir nuestro pensamiento, nuestras actitudes hacia los demás y nuestras actividades personales en los otros seis días de la semana también.

Recuérdales a los alumnos que incluso la tierra bajo el control de la nación israelita podía descansar cada siete años.

Llama la atención de tus alumnos a la actitud de Jesús de sanar en el día de reposo. Recuérdales que la actitud de Jesús de sanar también debe regir sus actitudes y su forma de actuar en los otros seis días.

COMENTARIO

Ilustración

“¡Come la comida! ¡Hay niños en otras partes del mundo que se mueren de hambre!” Este cliché de los padres se ha escuchado en muchos hogares para evitar el desperdicio de alimentos. Hay una cucharada de verdad en esta reprimenda familiar. En los Estados Unidos, por ejemplo, cada año se desechan más de 35 millones de toneladas de alimentos, lo que constituye el cuarenta por ciento de todos los alimentos comprados anualmente por ese país.

La historia del maná ejemplifica el principio de tomar solo lo necesario de nuestra provisión de alimentos dada por Dios para satisfacer nuestras necesidades, y así evitar el desperdicio. Este principio también debe regir la forma en que satisfacemos todas las demás necesidades. A los israelitas les costó confiar en este principio al comienzo. En lugar de creer que Dios repetiría el milagro al día siguiente, algunos acumularon maná adicional que no necesitaban, y, de esa forma, intercambiaron el milagro de Dios por gusanos. Esta lección del maná extrae un precepto bíblico que se repite vez tras vez en otros contextos en todas las Escrituras. Por ejemplo, invita a la clase a leer Levítico 19:9 y 10, y Marcos 6:34 al 44.

Para reflexionar

¿Qué nos pide el Señor que dejemos para los pobres, en Levítico y Marcos? ¿Es comida? ¿Dinero? ¿Tiempo?

¿Cómo considera Dios la acumulación? (Ver Luc. 12:16-21.)

¿Qué principios sabáticos adicionales se demuestran en la provisión de maná para el sábado?

La ausencia de maná en el día de reposo y el hecho de que no hubiese gusanos en la provisión extra de maná que se recolectaba antes del sábado, ¿qué lecciones nos enseñan sobre (1) la confianza en Dios y (2) la importancia de la preparación para el sábado?

El mandato divino de que el pueblo descanse del trabajo regular en sábado ¿de qué forma refuerza el principio de igualdad?

¿Qué otros principios bíblicos extraemos de la ausencia del maná y de los gusanos?

Textos bíblicos: La creación y la redención van de la mano. La Biblia une la actividad creadora de Cristo con su actividad redentora. Hebreos 1:1 al 3 describe a Cristo como el que “hizo el universo” (vers. 2). Inmediatamente después de esta afirmación, Pablo menciona a Cristo como el que efectuó “la purificación de nuestros pecados” (vers. 3). Colosenses 1:16 y 20 muestra un patrón similar, al presentar a Cristo como Creador y Redentor. Además, Pablo califica de “nueva criatura” al cristiano (2 Cor. 5:17). Efectivamente, la redención es un acto creador.

Deuteronomio 5:15 presenta la redención de la esclavitud como la razón para guardar el sábado. Para los esclavos, ¡es una noticia fabulosa! Ya no necesitan trabajar para sus antiguos amos, y la libertad es parte de su vida para siempre. Los esclavos no pueden saltarse un día de trabajo, pero las personas libres sí pueden. Guardar el sábado es ejercer nuestra libertad. Por lo tanto, no tener que trabajar en sábado, significa que estamos libres de la esclavitud.

Para analizar en clase: ¿Cómo ejerces tu libertad el día de reposo? ¿Qué pautas utilizas? ¿Cuál es la diferencia entre los principios y las reglas? Compartan en clase algunos principios para la observancia del sábado y algunas reglas que pueden derivarse de estos principios. Enumeren y evalúen algunas reglas que no se basan en principios. ¿Cuán eficaces o buenas son estas reglas?

Ilustraciones

Sí, el sábado es un día para sanar. Siete de los milagros de sanidad de Jesús tuvieron lugar el día de reposo. Los autores de los evangelios registran estos milagros como un testimonio de la intención de Dios de que el sábado sea un momento para sanar. (Ver Mat. 12:9-15; Mar. 1:21-28; Luc. 4:38, 39; 13:10-17; 14:1-6; Juan 5:1-18; 9:1-41.) A través de estos milagros de curación, Jesús trata de reeducar la mente de su pueblo acerca de la observancia del sábado. Su día santo se había convertido en un día plagado de pesadas reglas impuestas, un día infectado por la actitud de los inventores de las reglas.

Jesús también sanaba a la gente en otros días que no se registran como días de reposo. El sábado sienta las pautas para la obra que él hacía (y para lo que nos llama a hacer) el resto de la semana. Abraham Joshua Heschel dice: “El sábado es el inspirador; los otros días, los inspirados”.1 La paz sanadora del sábado fluye hacia la nueva semana, e impregna nuestras actitudes y nuestro estilo de vida.

A continuación hay algunas ilustraciones que describen la realidad de la verdadera observancia del sábado.

  1. La ceremonia de la Havdalá judía marca el final del sábado. Además de encender la vela de Havdalá, con sus mechas múltiples retorcidas que simbolizan la unión familiar del sábado, los fieles colocan una copa en un platillo y vierten vino o jugo de uva en la copa hasta que se desborda. Este acto representa la creencia de que el sábado ha desbordado de gozo y bendición para la familia. También simboliza que la influencia del sábado rebosa en la nueva semana.

  2. Luego, la familia hace circular una caja sabática especial llena de una mezcla de especias llamada besamim. (Puedes hacer una llenando una cajita decorativa con canela y clavo de olor.) El besamim representa la fragancia de la vida que la familia experimenta junta durante el sábado. A medida que los miembros de la familia se pasan la caja unos a otros, dicen: “Que la fragancia del sábado permanezca contigo durante la próxima semana”,2 o algo parecido.

  3. El sábado es como el concentrado de jugo de naranja cuando se mezcla con agua. Cuando nos concentramos en Jesús durante el sábado, recibimos una dosis concentrada de él. A medida que avanzamos en la semana (cuyos días están simbolizados por el agua), mezclamos el “concentrado sabático” en nuestro trabajo, actividades e interacciones con las personas. De esta manera, los días de la semana adquieren el sabor del sábado.3

Para analizar en clase: La fragancia o el sabor sanador del sábado ¿cómo afecta la forma en que nos relacionamos con la gente que nos rodea a diario? Lee 2 Corintios 2:15 para más detalles.

Textos bíblicos: Los tres sábados.

  1. El sábado semanal: Levítico 23:3 se hace eco de Éxodo 20:8 al 11. Levítico 25 nos muestra que la incumbencia sabática se extiende de los sábados semanales a los años sabáticos: el año de reposo y el año del jubileo.

  2. El año sabático sigue el patrón del ciclo semanal de seis días, seguido del día de descanso sabático, y extiende el patrón a un ciclo de siete años. La tierra, y no solo los poseedores, estaba incluida en el descanso sabático. En el año sabático, el patrón del sábado semanal surge otra vez, porque el sábado semanal “prioriza de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo: daba las primeras consideraciones a los miembros más débiles y vulnerables de la sociedad. Se hace mención especial de los que más necesitan descansar: el esclavo, el extranjero residente y la bestia de carga”.4

  3. El jubileo: El año del jubileo se une al año sabático en el cuidado de la tierra y la preocupación por los menesterosos. (Este año sabático se trató en la Lección 2).

Para analizar en clase: Como cristianos adventistas del séptimo día, ¿con cuánto éxito aplicamos los principios de la idea de los “tres sábados” a nuestra vida hoy? Esta pregunta ¿sugiere que debemos observar los tres sábados literalmente? ¿Por qué?

APLICACIÓN A LA VIDA

Dios nos ordena que descansemos el sábado de nuestro trabajo semanal y que dejemos de perseguir nuestros propios intereses (financieros o de otra índole) durante estas horas sagradas. Sin embargo, la pluma de la inspiración nos dice que, incluso en el día de reposo, estamos en deuda con el continuo poder de Dios en nuestro favor:

“Dios no puede detener su mano por un momento, o el hombre desmayaría y moriría. Y el hombre también tiene una obra que cumplir en sábado: atender las necesidades de la vida, cuidar a los enfermos, proveer a los menesterosos. No será tenido por inocente quien descuide el alivio del sufrimiento en sábado. El santo día de reposo de Dios fue hecho para el hombre, y las obras de misericordia están en perfecta armonía con su propósito. Dios no desea que sus criaturas sufran una hora de dolor que pueda ser aliviada en sábado o cualquier otro día” (DTG 177).

¿De qué manera las “obras de misericordia” que realizamos en sábado armonizan con la enseñanza de Jesús de que el sábado se hizo para la humanidad (Mar. 2:27)? Invita a los miembros de la clase a compartir testimonios de cómo han puesto en práctica la enseñanza de Jesús. Quizá se encontraron con gente necesitada o en una situación de emergencia: gente que estaba en una situación denominada “del buey en el pozo” (Luc. 14:2-5). Los miembros de tu clase ¿de qué modo conservaron el carácter sagrado del sábado mientras intentaban aliviar el sufrimiento de los demás en el día más sagrado?

Referencias

1 Abraham Joshua Heschel, The Sabbath: Its Meaning for Modern Man (Nueva York: Harper & Row, 1952), p. 22.

2 May-Ellen Colon, From Sundown to Sundown: How to Keep the Sabbath… and Enjoy It! (Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association, 2008), pp. 150, 151.

Ibíd., p. 108.

 

4 Sigve K. Tonstad, The Lost Meaning of the Seventh Day (Berrien Springs, Michigan: Andrews University Press, 2009), p. 126.

 

Espíritu de profecía

 

Cristo quería enseñar a sus discípulos y a sus enemigos que el servicio de Dios está antes que cualquier otra cosa. El objeto de la obra de Dios en este mundo es la redención del hombre; por lo tanto, lo que es necesario hacer en sábado en cumplimiento de esta obra, está de acuerdo con la ley del sábado. Jesús coronó luego su argumento declarándose “Señor del sábado,” es decir un Ser por encima de toda duda y de toda ley. Este Juez infinito absuelve a los discípulos de culpa, apelando a los mismos estatutos que se les acusaba de estar violando. 

 

Jesús no dejó pasar el asunto con la administración de una reprensión a sus enemigos. Declaró que su ceguera había interpretado mal el objeto del sábado. Dijo: “Si supieseis qué es: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes.” 12 Sus muchos ritos formalistas no podían suplir la falta de aquella integridad veraz y amor tierno que siempre caracterizarán al verdadero adorador de Dios. 

 

Cristo volvió a reiterar la verdad de que en sí mismos los sacrificios no tienen valor. Eran un medio, y no un fin. Su objeto consistía en señalar el Salvador a los hombres, y ponerlos así en armonía con Dios. Lo que Dios aprecia es el servicio de amor. Faltando éste, el mero ceremonial le es una ofensa. Así sucede con el sábado. Estaba destinado a poner a los hombres en comunión con Dios; pero cuando la mente quedaba absorbida por ritos cansadores, el objeto del sábado se frustraba. Su simple observancia exterior era una burla. 

 

Otro sábado, al entrar Jesús en una sinagoga, vió allí a un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos le vigilaban, deseosos de ver lo que iba a hacer. El Salvador sabía muy bien que al efectuar [253] una curación en sábado, sería considerado como transgresor, pero no vaciló en derribar el muro de las exigencias tradicionales que rodeaban el sábado. Jesús invitó al enfermo a ponerse de pie, y luego preguntó: “¿Es lícito hacer bien en sábado, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla?” Era máxima corriente entre los judíos que el dejar de hacer el bien, cuando había oportunidad, era hacer lo malo; el descuidar de salvar una vida, era matar. Así se enfrentó Jesús con los rabinos en su propio terreno. “Mas ellos callaban. Y mirándolos alrededor con enojo, condoliéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituida sana.” 13 

 

 

Cuando le preguntaron: “¿Es lícito curar en sábado?” Jesús contestó “¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere ésta en una fosa en Sábado, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que, lícito es en los sábados hacer bien.” 14 

Los espías no se atrevían a contestar a Jesús en presencia de la multitud, por temor a meterse en dificultades. Sabían que él había dicho la verdad. Más bien que violar sus tradiciones, estaban dispuestos a dejar sufrir a un hombre, mientras que aliviarían a un animal por causa de la pérdida que sufriría el dueño si lo descuidaban. Así manifestaban mayor cuidado por un animal que por el hombre, que fué hecho a la imagen de Dios. Esto ilustra el resultado de todas las religiones falsas. Tienen su origen en el deseo del hombre de exaltarse por encima de Dios, pero llegan a degradar al hombre por debajo del nivel de los brutos.

 

Toda religión que combate la soberanía de Dios, defrauda al hombre de la gloria que le fué concedida en la creación, y que ha de serle devuelta en Cristo. Toda religión falsa enseña a sus adeptos a descuidar los menesteres, sufrimientos y derechos de los hombres. El Evangelio concede alto valor a la humanidad como adquisición hecha por la sangre de Cristo, y enseña a considerar con ternura las necesidades y desgracias del hombre. El Señor dice: “Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre.” 15 

 

Cuando Jesús preguntó a los fariseos si era lícito hacer bien o mal en sábado, salvar la vida o matar, les hizo confrontar sus propios malos deseos. Con acerbo odio ellos deseaban matarle mientras él estaba salvando vidas e impartiendo felicidad a muchedumbres. ¿Era [254] mejor matar en sábado, según se proponían ellos hacer, que sanar a los afligidos como lo había hecho él? ¿Era más justo tener homicidio en el corazón en el día santo, que tener hacia todos un amor que se 

expresara en hechos de misericordia? 

 

Al sanar al hombre que tenía una mano seca, Jesús condenó la costumbre de los judíos, y dejó al cuarto mandamiento tal cual Dios lo había dado. “Lícito es en los sábados hacer bien,” declaró. Poniendo a un lado las restricciones sin sentido de los judíos, honró el sábado, mientras que los que se quejaban contra él deshonraban el día santo de Dios. 

 

 

Los que sostienen que Cristo abolió la ley, enseñan que violó el sábado y justificó a sus discípulos en lo mismo. Así están asumiendo la misma actitud que los cavilosos judíos. En esto contradicen el testimonio de Cristo mismo, quien declaró: “Yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.” 16 Ni el Salvador ni sus discípulos violaron la ley del sábado. Cristo fué el representante vivo de la ley. En su vida no se halló ninguna violación de sus santos preceptos. Frente a una nación de testigos que buscaban ocasión de condenarle, pudo decir sin que se le contradijera: 

 

“¿Quién de vosotros me convence de pecado?” 17 

 

El Salvador no había venido para poner a un lado lo que los patriarcas y profetas habían dicho; porque él mismo había hablado mediante esos hombres representativos. Todas las verdades de la Palabra de Dios provenían de él. Estas gemas inestimables habían sido puestas en engastes falsos. Su preciosa luz había sido empleada para servir al error. Dios deseaba que fuesen sacadas de su marco de error, y puestas en el de la verdad. Esta obra podía ser hecha 

únicamente por una mano divina. Por su relación con el error, la verdad había estado sirviendo la causa del enemigo de Dios y del hombre. Cristo había venido para colocarla donde glorificase a Dios y obrase la salvación de la humanidad. 

 

“El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado,” dijo Jesús. Las instituciones que Dios estableció son para beneficio de la humanidad. “Todas las cosas son por vuestra causa.” “Sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, [255] sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir; todo es vuestro; y vosotros de Cristo; y Cristo de Dios.” 18 La ley de los diez mandamientos, de la cual el sábado forma parte, fué dada por Dios a su pueblo como una bendición. “Mandónos Jehová — dijo Moisés — que ejecutásemos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, porque nos vaya bien todos los días, y para que nos dé vida, como hoy.” 19 Y mediante el salmista se dió este mensaje a Israel: “Servid a Jehová con alegría: venid ante su acatamiento con regocijo. 

 

Reconoced que Jehová él es Dios: él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con reconocimiento, por sus atrios con alabanza.” 20 Y acerca de todos los que guardan “el sábado de profanarlo,” el Señor declara: “Yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración.” 21 

 

“El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.” Estas palabras rebosan instrucción y consuelo. Por haber sido hecho el sábado para el hombre, es el día del Señor. Pertenece a Cristo. Porque “todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fué hecho.” 22 Y como lo hizo todo, creó también el sábado. 

 

Por él fué apartado como un monumento recordativo de la obra de la creación. Nos presenta a Cristo como Santificador tanto como Creador. Declara que el que creó todas las cosas en el cielo y en la tierra, y mediante quien todas las cosas existen, es cabeza de la iglesia, y que por su poder somos reconciliados con Dios. Porque, hablando de Israel, dijo: “Dñes también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico,” 23 es decir, que los hace santos. Entonces el sábado es una señal del poder de Cristo para santificarnos. Es dado a todos aquellos a quienes Cristo hace santos. Como señal de su poder santificador, el sábado es dado a todos los que por medio de Cristo llegan a formar parte del Israel de Dios. 

 

Y el Señor dice: “Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; ... entonces te deleitarás en Jehová.” 24 A todos los que reciban el sábado como señal del poder creador y redentor de Cristo, les resultará una delicia. Viendo a Cristo en él, se deleitan en él. 

 

El sábado les indica las obras de la creación como evidencia de su gran poder redentor. Al par que recuerda la perdida paz del Edén, [256] habla de la paz restaurada por el Salvador. Y todo lo que encierra la naturaleza, repite su invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.” 25 [257]

 

1 Job 38:7; Génesis 1:31. 

2 Génesis 2:3; Salmos 1 1 1:4; Romanos 1:20. 

3 Juan 1:1-3. 

4 2 Corintios 4:6. 

5 Salmos 92:4, 5. 

6 Isaías 40:18-29; 41:10; 45:22; Ezequiel 20:20.

7 Éxodo 16:28. 

8 Mateo 5:18; Isaías 66:23. 

9 Éxodo 20:8; 22:31. 

10 Véase Deuteronomio 23:24, 25. 

11 Lucas 6:3, 4; Marcos 2:27, 28; Mateo 12:5, 6. 

12 Mateo 12:7. 

13 Marcos 3:4, 5. 

14 Mateo 12:10-12. 

15 Isaías 13:12. 

16 Juan 15:10. 

17 Juan 8:46 (VM). 

18 2 Corintios 4:15 (V. de N.Y.); 1 Corintios 3:22, 23. 

19 Deuteronomio 6:24. 

20 Salmos 100:2-4. 

21 Isaías 56:6, 7. 

22 Juan 1:3. 

23 Ezequiel 20:12. 

24 Isaías 58:13, 14. 

25 Mateo 11:28. 

 

 

agradecimientos a las  Flias. García - Sarabia

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Comentarios de Jonathan Gallagher
Jonathan Gallagher es un ministro ordenado de la Iglesia Adventista trabajó por siete años en una iglesia en Inglaterra –su tierra natal–, seguidos por ocho años de administración eclesiástica. Cuenta con un doctorado en divinidad de la Universidad de St. Andrews en Escocia y es autor de siete libros y numerosos artículos. Está casado con Ana Gonçalves y tiene dos hijos adultos, Paul y Rebekah
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