Estudio avanzado para Maestros, con la "Guía de Estudio de la Biblia"

Letra Negra: Lección de la ES

Letra Café: Comentario

Letra Azul: Espíritu de Profecía


Lección 13: Para el 30 de Marzo de 2019

 

"YO HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS” 

Sábado 23 de marzo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Apocalipsis 19:6-9; Juan 14:1-3; Apocalipsis 19:11-16; Apocalipsis 20:1-3; Jeremías 4:23-26; Apocalipsis 20:4-15; Apocalipsis 21:2-8.

 

PARA MEMORIZAR:

“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Apoc. 21:5).

 

La destrucción de la Babilonia del tiempo del fin es una mala noticia para quienes colaboraron con este sistema religioso apóstata. No obstante, para el pueblo de Dios es una buena noticia (Apoc. 19:1-7). Babilonia es la

responsable de inducir a los poderes políticos seculares a perseguir al pueblo de Dios y hacerle daño (Apoc. 18:24). La destrucción de este gran adversario significa liberación y salvación para el pueblo fiel de Dios.

Con la destrucción de Babilonia, la oración del pueblo de Dios, en el quinto sello, al fin recibe respuesta. El grito: “¿Hasta cuándo, Señor?” representa el clamor de los oprimidos de Dios desde Abel hasta cuando Dios finalmente los vindique (Sal. 79:5; Hab. 1:2; Dan. 12:6, 7). Apocalipsis le garantiza al pueblo de Dios que el mal, la opresión y el sufrimiento llegarán a su fin.

Llegó la hora de que Cristo marque el inicio de su Reino eterno. Los capítulos restantes de Apocalipsis no solo describen la destrucción de la Babilonia del tiempo del fin, sino también la destrucción de Satanás y de todo el mal. También vislumbramos la instauración del Reino eterno de Dios.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dios ha revelado lo que ha de acontecer en los postreros días, a fin de que su pueblo esté preparado para resistir la tempestad de oposición e ira. Aquellos a quienes se les han anunciado los sucesos que les esperan, no han de permanecer sentados en tranquila expectación de la tormenta venidera, consolándose con el pensamiento de que el Señor protegerá a sus fíeles en el día de la tribulación. Hemos de ser como hombres que aguardan a su Señor, no en ociosa expectativa, sino trabajando fervientemente, con fe inquebrantable… Mientras los hombres están durmiendo, Satanás arregla activamente los asuntos de tal manera que el pueblo de Dios no obtenga misericordia ni justicia. El movimiento dominical se está abriendo paso en las tinieblas. Los dirigentes están ocultando el fin verdadero, y muchos de los que se unen al movimiento no ven hacia dónde tiende la corriente que se hace sentir por debajo. Los fines que profesan son benignos y aparentemente cristianos; pero cuando hablen, se revelará el espíritu del dragón.
Es nuestro deber hacer todo lo que está en nuestro poder para evitar el peligro que nos amenaza… Debemos escudriñar las Escrituras para poder dar razón de nuestra fe (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 427, 427).
El fin se acerca; avanza sigilosa, imperceptible y silenciosamente, como el ladrón en la noche. Concédanos el Señor la gracia de no dormir por más tiempo, como otros lo hacen; sino que seamos sobrios y velemos. La verdad está apunto de triunfar gloriosamente, y todos los que decidan ahora colaborar con Dios triunfarán con ella. El tiempo es corto; la noche se acerca cuando nadie podrá trabajar. Que los que se gozan en la verdad presente se apresuren ahora a impartirla a otros (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 109).
El gran plan de la redención dará por resultado el completo restablecimiento del favor de Dios para el mundo. Será restaurado todo lo que se perdió a causa del pecado. No solo el hombre, sino también la tierra, será redimida, para que sea la morada eterna de los obedientes. Durante seis mil años, Satanás luchó por mantener la posesión de la tierra. Pero se cumplirá el propósito original de Dios al crearla. “Tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, y hasta el siglo de los siglos”. Daniel 7:18
“Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová”. “En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre”. “Y Jehová será Rey sobre toda la tierra”. La Sagrada Escritura dice: “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos”. “Fieles son todos sus mandamientos; afirmados por siglo de siglo”. Los sagrados estatutos que Satanás ha odiado y ha tratado de destruir, serán honrados en todo el universo inmaculado. Y “como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente, así el Señor Jehová hará brotar justicia y alabanza delante de todas las gentes”. Salmos 113:3; Zacarías 14:9; Salmos 119:89; 111:7, 8; Isaías 61:11 (Patriarcas y profetas, p. 355).

Domingo 24 de marzo

LA CENA DE BODAS DEL CORDERO

Lee Apocalipsis 19:6 al 9 y Juan 14:1 al 3. ¿Cuán adecuada es una boda para ilustrar la unión tan esperada entre Cristo y su pueblo?

Apocalipsis 19:6-9

Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Juan 14:1-3

1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Hace dos mil años, Cristo dejó su hogar celestial para invitar a sus seguidores a una fiesta de bodas (Mat. 22) que tendrá lugar después del matrimonio con su esposa. “La ciudad santa, la nueva Jerusalén […] se llama ‘la novia, la esposa del Cordero’. […] En Apocalipsis se dice que el pueblo de Dios son los invitados a la cena de las bodas (Apoc. 19:9). Si son los invitados, no pueden representar también a la novia. […]

“En la parábola de Mateo 22 se emplea la misma figura de las bodas, y se ve a las claras que el Juicio Investigador se realiza antes de las bodas. Antes de verificarse estas entra el Rey para ver a los huéspedes y cerciorarse de que todos llevan la vestimenta de bodas, el manto inmaculado del carácter, lavado y emblanquecido en la sangre del Cordero (Mat. 22:11; Apoc. 7:14)” (CS 423). Después de pagar la dote con su vida, en el Calvario, el Novio regresó a la casa de su Padre a fin de “preparar lugar” para su pueblo, los invitados a su boda (ver Juan 14:2, 3). Ellos se quedan en la Tierra preparándose para su regreso. En el fin del mundo, él regresará y los llevará a la casa de su Padre.

Apocalipsis 19:8 declara que Cristo le dio la ropa de lino fino y limpio a la esposa. Esto muestra que los invitados a la boda que entran en la ciudad no reclaman ningún mérito por sus obras. Por ende, el “lino fino, limpio y resplandeciente” representa “las acciones justas de los santos”, actos que surgieron como resultado de su unión con Cristo, que vive en ellos. Por consiguiente, estas túnicas simbolizan la justicia de Cristo y el hecho de que su pueblo guarde “los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apoc. 14:12). Mientras estuvo en la Tierra, Jesús relató una parábola sobre una boda. Sin embargo, uno de los invitados prefirió usar su propia ropa en lugar del vestido de boda provisto por el rey, y fue expulsado de la boda (Mat. 22:1-14).

Apocalipsis 3:18 muestra que la túnica de la justicia y la fe de Cristo y el colirio del Espíritu Santo son la mayor necesidad del pueblo de Dios que vive en el tiempo del fin. Al ofrecerles a los laodicenses que le “compren” a él estos dones, Jesús nos muestra que pide algo a cambio de lo que les ofrece. Renunciamos a la autosuficiencia y a la confianza propia a cambio de una vida de fiel obediencia a Cristo y confiamos en él como nuestra única esperanza de salvación.

No somos salvos por obras, pero ¿qué “acciones justas” haces que definen la vida que llevas?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[Los] seguidores de Cristo han de verter luz sobre las tinieblas del mundo. Por medio del Espíritu Santo, la Palabra de Dios es una luz cuando llega a ser un poder transformador en la vida del que la recibe. Implantando en el corazón los principios de su Palabra, el Espíritu Santo desarrolla en los hombres los atributos de Dios. La luz de su gloria —su carácter— ha de brillar en sus seguidores. Así ellos han de glorificar a Dios, han de iluminar el camino a la casa del Esposo, a la ciudad de Dios, a la cena de bodas del Cordero.
La venida del esposo ocurrió a medianoche, es decir en la hora más oscura. De la misma manera la venida de Cristo ha de acontecer en el período más oscuro de la historia de esta tierra. Los días de Noé y Lot pintan la condición del mundo precisamente antes de la venida del Hijo del hombre. Las Escrituras, al señalar este tiempo, declaran que Satanás obrará con todo poder y “con todo engaño de iniquidad”. [2 Tesalonicenses 2:9, 10]. Su forma de obrar es revelada claramente por las tinieblas que van rápidamente en aumento, por la multitud de errores, herejías y engaños de estos últimos días. No solamente está Satanás cautivando al mundo, sino que sus mentiras están leudando las profesas iglesias de nuestro Señor Jesucristo. La gran apostasía se desarrollará hasta llegar a las tinieblas de la medianoche, impenetrables como negro saco de cilicio. Para el pueblo de Dios será una noche de prueba, una noche de lloro, una noche de persecución por causa de la verdad. Pero en medio de esa noche de tinieblas, brillará la luz de Dios (Palabras de vida del gran Maestro, p. 341).
Fueron [entonces] vestidos con ropajes más ricos que los que hayan usado alguna vez los seres terrenales. Fueron coronados con diademas de gloria como ojos mortales nunca han contemplado. Han pasado los días de reproche, de necesidad, de hambre; las lágrimas quedaron atrás. Entonces prorrumpen en cánticos, elevados, claros, musicales. Ondean las palmas de victoria, y exclaman: “La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”. Apocalipsis 7:10 (Mensajes selectos, tomo 3, p. 492).
La única esperanza del hombre yace en Jesucristo, quien trajo el manto de su justicia para ponerlo sobre el pecador que quiera dejar de lado sus sucios andrajos… No se han preparado los mantos puros y santos para que alguien se los ponga después de haber entrado por los portales de la ciudad. Todos los que entren tendrán la túnica de la justicia de Jesucristo… No habrá cobertor de pecados y faltas, que oculte la deformidad del carácter; no habrá ropa medio lavada; por el contrario, todos serán puros y sin mácula.
Cuando colocamos nuestra vida en completa obediencia a la ley de Dios, considerando a Dios como nuestro Guía supremo, y nos aferramos a Cristo como nuestra esperanza de justicia, Dios obrará en nuestro favor. Esta es una justicia de fe… Esta obediencia da como resultado en nosotros la voluntad divina que produce en nuestra vida la justicia y perfección que se vieron en la vida de Cristo (Sons and Daughters of God, p. 66; parcialmente en Hijas e hijos de Dios, p. 68, y Comentario bíblico adventista,

Lunes 25 de marzo

TERMINA EL ARMAGEDÓN

Lee Apocalipsis 19:11 al 16. ¿Cuál es el nombre del jinete del caballo blanco, y qué significa que una espada aguda salga de su boca? ¿Qué nos indica esto acerca de cómo estar en el bando ganador en el fin?

Apocalipsis 19:11-16

11 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. 12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. 13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. 14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. 15 De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. 16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

Lo que vemos aquí es una representación de la segunda venida de Cristo, el cumplimiento de la promesa que los creyentes de todas las edades han estado anhelando. Al igual que Jesús, su pueblo ha basado su fe en la Palabra de Dios. Apocalipsis 19:11 al 16 es la culminación de muchas victorias de Jesús: Jesús derrotó a Satanás en el cielo; derrotó a Satanás en el desierto; lo derrotó en la Cruz; y lo derrotará en su venida.

“Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, cuyo tamaño era más o menos de la mitad de la mano de un hombre. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de oscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del Hombre. En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la Tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es una gloria como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del Pacto. Jesús marcha al frente como un poderoso conquistador. Ya no es el ‘varón de dolores’ que ha de beber el amargo cáliz de la vergüenza y la aflicción; victorioso en el cielo y en la Tierra, viene para juzgar a vivos y a muertos. ‘Fiel y Verdadero […] con justicia juzga y pelea […]. Y los ejércitos celestiales’ lo siguen (Apoc. 19:11, 14). Con antífonas de melodía celestial, una inmensa e innumerable muchedumbre de ángeles santos lo acompañan en el descenso. El firmamento parece lleno de formas radiantes; ‘millones de millones y millares de millares’. Ninguna pluma humana puede describir la escena, ni mente mortal es capaz de concebir su esplendor” (CS 624).

En 2 Tesalonicenses 1:8 al 10, Pablo da otra descripción de la victoria final de Cristo, en la Segunda Venida, cuando todos los poderes seculares y religiosos que habían conspirado contra él son destruidos, y su pueblo es liberado por toda la eternidad.

Apocalipsis 19 describe dos cenas, una en el versículo 9 y otra en los versículos 17 y 18. En una cena tú comes, en la otra te comen a ti. Es difícil imaginar un contraste más marcado entre lo que está en juego en todo el Gran Conflicto para cada ser humano. ¿Qué deberían enseñarnos estas imágenes? ¿Con cuánta seriedad debemos tomar nuestra fe y la misión en la que nuestra fe nos llama a participar?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Necesitamos estudiar el derramamiento de la séptima copa. Apocalipsis 16:17-21. Los poderes del mal no abandonarán el conflicto sin luchar; pero la Providencia tiene una parte que desempeñar en la batalla del Armagedón. Cuando la tierra esté alumbrada con la gloria del ángel de Apocalipsis 18, los elementos religiosos, buenos y malos, despertarán del sueño y los ejércitos del Dios viviente irán a la batalla (Eventos de los últimos días, p. 255).
Cuando Cristo vino a esta tierra la primera vez, lo hizo humilde y oscuramente, y su vida fue de sufrimiento y pobreza… En ocasión de su segunda venida todo será diferente. Los hombres no lo verán como un prisionero rodeado por el populacho, sino como al Rey del cielo.
Cristo vendrá en su propia gloria, en la gloria del Padre, y en la gloria de los santos ángeles. Millones de millones y millares de millares de ángeles, los hermosos y triunfantes hijos de Dios, que poseen una inconmensurable hermosura y gloria, lo escoltarán en su camino. En lugar de la corona de espinas, él llevará una corona de gloria —una corona dentro de una corona. En lugar de ese antiguo manto de púrpura, estará vestido con un ropaje del blanco más puro… Y en su vestido y en su muslo habrá escrito un nombre: “Rey de reyes y Señor de señores”. Apocalipsis 19:16 (La maravillosa gracia de Dios, p. 358).
Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de oscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre. En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del pacto. Jesús marcha al frente como un gran conquistador… victorioso en el cielo y en la tierra, viene a juzgar a vivos y muertos. “Fiel y veraz”, “en justicia juzga y hace guerra”. “Y los ejércitos que están en el cielo le seguían”. Apocalipsis 19:11,14 (VM). Con cantos celestiales los santos ángeles, en inmensa e Innumerable muchedumbre, le acompañan en el descenso… “Su gloria cubre los cielos, y la tierra se llena de su alabanza. También su resplandor es como el fuego”. Habacuc 3:3,4 (VM) (El conflicto de los siglos, p. 624).
Deberíamos considerar el gran sacrificio que se realizó por nosotros para conseguimos el manto de la justicia, tejido en el telar del cielo. Nos ha invitado a la fiesta de boda, y ha provisto un traje para cada uno. El ropaje de la justicia ha sido comprado a un costo infinito; y cuán atrevido es el insulto que asciende al cielo cuando alguien se presenta a sí mismo como candidato a la fiesta de boda llevando su traje de justicia propia. ¡Cómo deshonra a Dios, mostrando abiertamente su desprecio por el sacrificio realizado en el Calvario! (A fin de conocerle, p. 266).

Martes 26 de marzo

EL MILENIO

Lee Apocalipsis 20:1 al 3; y Jeremías 4:23 al 26. Durante el milenio, ¿en qué estado queda la Tierra? ¿En qué sentido Satanás está encadenado?

Apocalipsis 20:1-3

1 Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.

Jeremías 4:23-26

23 Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz. 24 Miré a los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruidos. 25 Miré, y no había hombre, y todas las aves del cielo se habían ido. 26 Miré, y he aquí el campo fértil era un desierto, y todas sus ciudades eran asoladas delante de Jehová, delante del ardor de su ira.

Los mil años (o el milenio) comienzan con la segunda venida de Cristo. En este momento, Satanás y sus ángeles caídos son encadenados. El encadenamiento de Satanás es simbólico, porque los seres espirituales no pueden estar físicamente atados. Satanás está atado a las circunstancias. Las plagas han desolado y exterminado a los habitantes impíos de la Tierra, dejándola en una condición caótica que se asemeja a la Tierra antes de la Creación (Gén. 1:2). En ese estado, la Tierra funciona como prisión de Satanás durante el milenio. Debido a que no hay seres humanos para tentar ni hacerles daño, todo lo que Satanás y sus colaboradores demoníacos pueden hacer es contemplar las consecuencias de su rebelión contra Dios.

Lee Apocalipsis 20:4 al 15. ¿Dónde están los santos durante el milenio?

Apocalipsis 20:4-15

Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años. Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. 10 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. 11 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. 12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis señala que el pueblo de Dios pasará el milenio en los lugares celestiales que Cristo preparó para ellos. Juan los ve sentados en tronos como reyes y sacerdotes, juzgando al mundo. Jesús les prometió a los discípulos que se sentarían “sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mat. 19:28). Pablo dijo que los santos juzgarían al mundo (1 Cor. 6:2, 3).

Este Juicio se refiere a la ecuanimidad de las acciones de Dios. A lo largo de la historia, Satanás ha planteado dudas sobre el carácter de Dios y su trato con los seres creados. Durante el milenio, Dios permite que los redimidos accedan a los registros de la historia para encontrar respuestas a todas las preguntas concernientes a la equidad de sus decisiones relacionadas con quienes se perdieron, así como a las inquietudes relacionadas con la conducción de Dios en su propia vida. Al final del milenio, todos los interrogantes sobre la justicia de Dios quedan resueltos para siempre. El pueblo de Dios puede ver, sin la más mínima sombra de duda, que las acusaciones de Satanás eran infundadas. Ahora está listo para contemplar la administración de la justicia de Dios en el Juicio Final de los impíos.

¿Quién de nosotros no tiene preguntas, preguntas difíciles, que por ahora parecen no tener respuestas? ¿Qué nos dice sobre el carácter de Dios el hecho de que un día él nos dará las respuestas?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

ESPÍRITU DE PROFECÍA

A la venida de Cristo los impíos serán borrados de la superficie de la tierra —matados con el espíritu de su boca y destruidos con el resplandor de su gloria. Cristo lleva a su pueblo a la ciudad de Dios, y la tierra es despojada de sus habitantes… Toda la tierra tiene el aspecto desolado de un desierto. Las minas de las ciudades y aldeas destruidas por el terremoto, los árboles desarraigados, las rocas escabrosas arrojadas al mar o arrancadas de la misma tierra, están esparcidas por la superficie de ésta, al paso que grandes cuevas marcan el sitio donde las montañas han sido rasgadas desde sus cimientos.
La tierra va a ser el hogar de Satanás y de sus ángeles malos durante mil años. Aquí estará confinado para vagar de un lado a otro sobre la superficie de la tierra y ver los efectos de su rebelión contra la ley de Dios. Durante mil años podrá recoger el fruto de la maldición que él causó. Limitado a esta tierra no podrá dirigirse a otros planetas para tentar y molestar a los seres no caídos. Durante ese tiempo Satanás sufrirá terriblemente. Desde su caída ha estado ejerciendo constantemente sus tretas malignas. Pero entonces estará privado de su poder y podrá reflexionar sobre el papel que ha desempeñado desde su caída y mirar hacia adelante con temblor y terror, al espantoso futuro cuando sufrirá por todo el mal que ha hecho y será castigado por todos los pecados que ha hecho cometer” (La fe por la cual vivo, p. 355).
Después que los santos hayan sido transformados en inmortales y arrebatados con Jesús, después que hayan recibido sus arpas, sus mantos y sus coronas, y hayan entrado en la ciudad, se sentarán en juicio con Jesús. Serán abiertos el libro de la vida y el de la muerte. El libro de la vida lleva anotadas las buenas acciones de los santos; y el de la muerte contiene las malas acciones de los impíos. Estos libros son comparados con el de los estatutos, la Biblia, y de acuerdo con ella son juzgados los hombres. Los santos, al unísono con Jesús, pronuncian su juicio sobre los impíos muertos. “He aquí —dijo el ángel— que los santos, unidos con Jesús, están sentados enjuicio y juzgan a los impíos según las obras que hicieron en el cuerpo, y frente a sus nombres se anota lo que habrán de recibir cuando se ejecute el juicio”. Tal era, según vi, la obra de los santos con Jesús durante los mil años que pasan en la santa ciudad antes que ésta descienda a la tierra. Luego, al fin de los mil años, Jesús, con los ángeles y todos los santos, deja la santa ciudad, y mientras él baja a la tierra con ellos, los impíos muertos resucitan, y entonces, habiendo resucitado, los mismos que “le traspasaron” lo verán de lejos en toda su gloria, acompañado de los ángeles y de los santos, y se lamentarán a causa de él (Primeros escritos, p. 52).

Miércoles 27 de marzo

“UN CIELO NUEVO Y UNA TIERRA NUEVA”

Después de la erradicación del pecado, la Tierra se transformará en el hogar de los redimidos. ¿Cómo será?

En Apocalipsis 21:1, Juan vio “un cielo nuevo y una tierra nueva”. La Biblia hace referencia a tres cielos: el firmamento, el Universo estrellado y el lugar donde habita Dios (ver 2 Cor. 12:2). En Apocalipsis 21:1, la atmósfera de la Tierra está a la vista. La Tierra y el firmamento contaminados no pueden soportar la presencia de Dios (Apoc. 20:11). La palabra nuevo, en griego (kainos), se refiere a algo nuevo en calidad, no en origen ni en tiempo. Este planeta será purgado por el fuego y restaurado a su estado original (2 Ped. 3:10-13).

Es interesante que lo primero que Juan observa en la Tierra Nueva es que no hay mar. El hecho de que Juan se refiera a “el mar” (con el artículo definido) muestra que probablemente tenía en mente el mar que lo rodeaba en Patmos, el cual se había convertido en un símbolo de separación y sufrimiento. Para él, la ausencia de ese mar en la Tierra Nueva significaba la ausencia del dolor causado por su separación de sus seres queridos.

Lee Apocalipsis 21:2 al 8; y 7:15 al 17. ¿Qué paralelismos existen en la descripción de la Tierra Nueva y el Jardín del Edén de Génesis 2?

Apocalipsis 21:2-8

Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Apocalipsis 7:15-17

15 Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. 16 Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; 17 porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.

Génesis 2

1 Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. 10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. 11 El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; 12 y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. 13 El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus. 14 Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates. 15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. 18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. 19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. 20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. 21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.

La presencia de Dios en medio de su pueblo garantiza una vida libre de sufrimiento y muerte en la Tierra restaurada. Esta presencia se manifiesta en la Nueva Jerusalén y en “el tabernáculo de Dios” (Apoc. 21:3), donde él habitará entre su pueblo. La presencia de Dios hace que la vida en la Tierra restaurada sea verdaderamente un paraíso.

La presencia de Dios garantiza la ausencia de sufrimiento: no más lágrimas, muerte, tristeza, llanto ni dolor, todas consecuencias del pecado. Con la erradicación del pecado, “las primeras cosas pasaron” (Apoc. 21:4).

Esta idea fue bien formulada por María y Marta al morir su hermano Lázaro: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Juan 11:21, 23). Las hermanas sabían que la muerte no podría existir en presencia de Cristo. De la misma manera, la presencia constante de Dios en la Tierra Nueva garantizará la ausencia del dolor y del sufrimiento que ahora experimentamos en esta vida. Esta es la gran esperanza que se nos promete en Cristo, una esperanza sellada con su sangre.

¿Por qué esta promesa de una existencia nueva en un mundo nuevo es tan importante para todo lo que creemos? ¿De qué serviría nuestra fe sin eso?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El mar divide a los amigos; es una barrera entre nosotros y aquellos a los cuales amamos. Nuestras relaciones son interrumpidas por el ancho e insondable océano. En la tierra nueva no habrá mar…
Toda la naturaleza en su incomparable hermosura ofrecerá a Dios un constante tributo de alabanza y adoración. El mundo estará bañado con la luz del sol, y la luz del sol será siente veces mayor de lo que es ahora. Cuando las estrellas del alba contemplen la escena, alabarán y los hijos de Dios se unirán para proclamar: “No habrá más pecado, ni habrá más muerte” (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día,  t. 7, pp. 998, 999).
Los pies de los malvados nunca profanarán la tierra renovada. Del cielo descenderá fuego de Dios para devorarlos y quemarlos: raíz y rama. Satanás es la raíz y sus hijos las ramas.
El mismo fuego proveniente de Dios que consumió a los impíos purificó toda la tierra. Las desgarradas montañas se derritieron con el ardiente calor; también la atmósfera y todo el rastrojo fueron consumidos. Entonces nuestra heredad apareció delante de nosotros, gloriosa y bella, y heredamos toda la tierra renovada.
“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra han pasado”. Apocalipsis 21:1 (VM). El fuego que consume a los impíos purifica la tierra. Desaparece todo rastro de maldición. Ningún infierno que arda eternamente recordará a los redimidos las terribles consecuencias del pecado (Maranata, p. 349).
No puede haber dolor en la atmósfera del cielo. En el hogar de los redimidos no habrá lágrimas, ni cortejos fúnebres, ni indicios de luto. “No dirá el morador: Estoy enfermo: el pueblo que morare en ella será absuelto de pecado”. Isaías 33:24. Nos invadirá una grandiosa ola de felicidad que irá ahondándose a medida que transcurra la eternidad.
Nos hallamos todavía en medio de las sombras y el torbellino de las actividades terrenales. Consideremos con sumo fervor el bienaventurado más allá. Que nuestra fe penetre a través de toda nube de tinieblas, y contemplemos a Aquel que murió por los pecados del mundo. Abrió las puertas del paraíso para todos los que le reciban y crean en él. Les da la potestad de llegar a ser hijos e hijas de Dios. Permitamos que las aflicciones que tanto nos apenan y agravian sean lecciones instructivas, que nos enseñen a avanzar hacia el blanco del premio de nuestra alta vocación en Cristo. Sintámonos alentados por el pensamiento de que el Señor vendrá pronto. Alegre nuestro corazón esta esperanza. “Aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará”. Hebreos 10:37. Bienaventurados son aquellos siervos que, cuando venga su Señor, sean hallados velando (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 228).

Jueves 28 de marzo

LA NUEVA JERUSALÉN

Juan ahora describe la capital de la Tierra Nueva, la Nueva Jerusalén. Si bien es un lugar real habitado por gente real, la Nueva Jerusalén y la vida en ella están más allá de cualquier descripción terrenal (ver 1 Cor. 2:9).

Lee Apocalipsis 21:9 al 21. ¿Cuáles son las características exteriores de la Nueva Jerusalén?

Apocalipsis 21:9-21

Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. 10 Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 11 teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. 12 Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; 13 al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. 14 Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. 15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. 16 La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. 17 Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. 18 El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; 19 y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; 20 el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. 21 Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.

A la Nueva Jerusalén se la conoce como la novia, la esposa del Cordero. La Nueva Jerusalén es el lugar que Cristo está preparando para su pueblo (Juan 14:1-3).

La ciudad está rodeada de un muro alto con doce puertas: tres puertas en cada uno de los cuatro lados, lo que permite la entrada desde cualquier dirección. Esta característica indica el alcance universal de la ciudad. En la Nueva Jerusalén, todos tienen acceso ilimitado a la presencia de Dios.

A la ciudad, además, se la presenta como un cubo perfecto: son 12.000 estadios de largo, de ancho y de alto. El cubo consta de 12 flancos. Por lo tanto, la ciudad tiene un total de 144.000 estadios, que indica a los 144.000 que son transformados sin ver la muerte en la segunda venida de Jesús. En el Templo del Antiguo Testamento, el Lugar Santísimo era un cubo perfecto (1 Rey. 6:20). Por ende, la Nueva Jerusalén funciona como el centro de adoración a Dios.

Lee Apocalipsis 21:21 a 22:5. ¿Qué características interiores de la ciudad te recuerdan al Jardín del Edén? ¿Cuál es el significado de la promesa de que no habrá más maldición en la ciudad (Apoc. 22:3)?

Apocalipsis 21:21 a 22:5

21 Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. 22 Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. 23 La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. 24 Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. 25 Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. 26 Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. 27 No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.

1 Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 22:3

Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán,

La característica más destacada de la Nueva Jerusalén es el río de agua de vida que fluye del Trono de Dios (ver Gén. 2:10). En contraste con el río de Babilonia, en el que el pueblo de Dios se sentaba como cautivo anhelando Jerusalén (Sal. 137), a orillas del río de la vida en la Nueva Jerusalén, el errante pueblo de Dios de todas las edades ha encontrado su hogar.

A ambos lados del río está el árbol de la vida, cuyas hojas son para “la sanidad de las naciones” (Apoc. 22:2). Esta sanidad no hace referencia a ninguna enfermedad, ya que en la Tierra Nueva no habrá enfermedad. Se refiere a la curación de todas las heridas causadas por las barreras que han azotado a la gente a lo largo de la historia. Los redimidos de todas las edades y de todas las naciones ahora pertenecen a una sola familia de Dios.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La venida del Esposo, presentada aquí, se verifica antes de la boda. La boda representa el acto de ser investido Cristo de la dignidad de Rey. La ciudad santa, la nueva Jerusalén, que es la capital del reino y lo representa, se llama “la novia, la esposa del Cordero”. El ángel dijo a San Juan: “Ven acá; te mostraré la novia, la esposa del cordero”. “Me llevó en el Espíritu”, agrega el profeta, “y me mostró la santa ciudad de Jerusalén, descendiendo del cielo, desde Dios”. Apocalipsis 21:9, 10 (VM) (El conflicto de los siglos, p. 422).
En la ciudad de Dios ya no habrá noche. Nadie necesitará descansar ni deseará hacerlo. Nadie se cansará de hacer la voluntad de Dios ni de ofrecer alabanzas a su nombre. Siempre sentiremos la frescura de la mañana, y siempre estaremos lejos de su terminación. “Y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará”. Apocalipsis 22:5. La luz del sol será sobrepujada por un resplandor que no causará daño, pero que sobrepasará inconmensurablemente al fulgor de nuestro sol al mediodía. La gloria de Dios y del Cordero inundará la Santa Ciudad con luz inextinguida. Los redimidos caminarán a la luz de un día perpetuo en el cual no habrá sol.
“Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero”. Apocalipsis 21:22. El pueblo de Dios tendrá el privilegio de mantener estrecha comunión con el Padre y el Hijo. “Ahora vemos por espejo, oscuramente”. 1 Corintios 13:12. Contemplamos la imagen de Dios reflejada, como en un espejo, en las obras de la naturaleza y en su trato con los hombres; pero entonces lo veremos cara a cara, sin un velo oscurecedor de por medio. Estaremos ante su presencia y contemplaremos la gloria de su rostro (La historia de la redención, pp. 451, 452).
Allí las vastas llanuras alternan con bellísimas colinas y las montañas de Dios elevan sus majestuosos picos. En aquellas pacíficas llanuras, al borde de aquellas correnties vivas es donde el pueblo de Dios que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar.
“Mi pueblo habitará en mansión de paz, en moradas seguras, en descansaderos tranquilos”.
En la tierra renovada los redimidos se dedicarán a las ocupaciones que brindaban felicidad a Adán y Eva en el principio. Se vivirá la vida del Edén, en los huertos y el campo. “Edificarán casas, y morarán en ellas; y plantarán viñas, y comerá en fruto de ellas…”
Para los trabajados y cargados, para los que lucharon la batalla de la fe será un incomparable descanso; porque poseerán el vigor y la juventud de la inmortalidad, y no tendrán que contender nunca más con el pecado y Satanás (Mi vida hoy, p. 369).

Viernes 29 de marzo

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

 

Lee “Ante el tribunal supremo”, en Palabras de vida del gran Maestro, pp. 249-260; y “El fin del Conflicto”, en El conflicto de los siglos, pp. 643-657.

El libro de Apocalipsis concluye con lo presentado al comienzo: la segunda venida de Cristo con poder y gloria, y el establecimiento del Reino eterno de Dios. La venida de Cristo, cuando finalmente él se unirá a su esposa, es el punto culminante del libro.

Sin embargo, el libro no quiere poner estos acontecimientos en un contexto poco realista. El hecho de que Jesús viene pronto es la primera realidad. La segunda realidad es que todavía estamos aquí esperando su venida. Mientras esperamos, debemos tener una comprensión clara de los mensajes de Apocalipsis, y podemos adquirir esta comprensión si leemos el libro vez tras vez hasta que llegue el fin de todas las cosas. Los mensajes del libro de Apocalipsis nos recuerdan constantemente, mientras esperamos, que no debemos enfocarnos en las cosas del mundo, sino fijar nuestra vista en el cielo y en aquel que es nuestra única esperanza. El Cristo de Apocalipsis es la respuesta a todas las esperanzas y los anhelos de la humanidad en medio de los enigmas y las incertidumbres de la vida. Él tiene el futuro de este mundo y nuestro propio futuro en sus manos.

El libro también nos recuerda que, antes de que llegue el fin, se nos confía la tarea de proclamar el mensaje de su pronto regreso a todo el mundo. Nuestra espera de su regreso no es pasiva, sino activa. El Espíritu y la Esposa dicen: “Ven” (Apoc. 22:17). Debemos unirnos a ese llamado. Es una buena noticia y, como tal, debemos proclamarla a los habitantes del mundo.

 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Piensa en el milenio y en el juicio de los impíos muertos que tendrá lugar recién después del milenio. Los salvados tendrán mil años para obtener respuestas a sus preguntas. Recién entonces Dios traerá el castigo sobre los perdidos. Esa verdad ¿qué nos revela acerca de Dios?
  2. Apocalipsis 1:3 promete bendiciones para quienes escuchen, lean, obedezcan y guarden las palabras de las profecías de Apocalipsis. Al concluir nuestro estudio de este libro, ¿qué cosas descubriste que debes tomar en cuenta y guardar?

agradecimientos a las  Flias. García - Sarabia

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El Milenio
Breve descripción de los eventos descritos en Apocalipsis
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Comentario de Jonathan Gallagher
Jonathan Gallagher es un ministro ordenado de la Iglesia Adventista, trabajó por siete años en una iglesia en Inglaterra –su tierra natal–, seguidos por ocho años de administración eclesiástica. Cuenta con un doctorado en divinidad de la Universidad de St. Andrews en Escocia y es autor de siete libros y numerosos artículos.
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Comentarios: 1
  • #1

    Joel Milla (jueves, 27 diciembre 2018 09:08)

    Muchas gracias por estas lecciones, son de gran ayuda.
    Dios los siga bendiciendo.

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