Estudio avanzado para Maestros, con la "Guía de Estudio de la Biblia"

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


 Lección 4: Para el 28 de julio de 2018

LOS PRIMEROS DIRIGENTES DE LA IGLESIA

Sábado 21 de julio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hechos 6; 7:48; Hebreos 5:11-14; Miqueas 6:1-16; Hechos 7; 8:4-25.

PARA MEMORIZAR:

“Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (Hech. 6:7).

Muchos conversos del Pentecostés eran judíos helenistas; es decir, los judíos del mundo grecorromano que ahora vivían en Jerusalén (Hech. 2:5, 9-11). A pesar de ser judíos, diferían en muchos aspectos de los judíos de Judea (los “hebreos” mencionados en Hech. 6:1). La diferencia más visible era que generalmente no sabían arameo, el idioma que se hablaba en Judea en ese entonces.

También había otras diferencias culturales y religiosas. Por haber nacido en países extranjeros, no tenían raíces en las tradiciones judías de Judea, o al menos sus raíces no eran tan profundas como las de estos últimos. Probablemente no eran tan apegados a las ceremonias del Templo ni a los aspectos de la ley mosaica que solo se aplicaban en el territorio de Israel.

Además, por haber pasado la mayor parte de su vida en un ambiente grecorromano y por haber vivido en estrecho contacto con los gentiles, naturalmente estarían más dispuestos a comprender el carácter inclusivo de la fe cristiana.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

 

Cuando Cristo exclamó en la cruz “Consumado es”, el velo del templo se rasgó en dos. Ese velo significaba mucho para la nación judía. Estaba hecho con un material costosísimo, de púrpura y oro, y era muy largo y ancho. Cuando Cristo exhaló el último suspiro, había testigos en el templo que contemplaron cómo el fuerte y pesado material era rasgado de arriba abajo por manos invisibles. Ese acto significaba para el universo celestial y para un mundo corrompido por el pecado, que un camino nuevo y vivo había sido abierto para la raza caída, que todos los sacrificios ceremoniales habían terminado con el gran sacrificio del Hijo de Dios. El que había morado hasta ese momento en el templo hecho de manos, se había ido para nunca más impartirle gracia con su presencia (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 5, p. 1084).

La gloria oculta del lugar santísimo debía permanecer revelada mediante Cristo. Él había sufrido la muerte por cada hombre, y por medio de esa ofrenda los hijos de los hombres se convertirían en los hijos de Dios. A cara descubierta y mirando como en un espejo la gloria del Señor, los creyentes en Cristo debían ser transformados en la misma imagen, de gloria en gloria. El propiciatorio, sobre el cual descansaba la gloria de Dios en el lugar santísimo, está abierto para todos los que aceptan a Cristo como propiciación por sus pecados; y de esa manera entran en comunión con Dios. El velo está rasgado, el muro de separación está derribado, está cancelado el acto de los decretos. Por virtud de su sangre, la enemistad esta abolida. Por la fe en Cristo, judíos y gentiles pueden participar del pan viviente (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 5, pp. 1083, 1084).

El que quiera confesar a Cristo debe tener a Cristo en sí. No puede comunicar lo que no recibió. Los discípulos podían hablar fácilmente de las doctrinas, podían repetir las palabras de Cristo mismo; pero a menos que poseyeran una mansedumbre y un amor como los de Cristo, no le estaban confesando. Un espíritu contrario al espíritu de Cristo le negaría, cualquiera que fuese la profesión de fe…

El Salvador ordenó a sus discípulos que no esperasen que la enemistad del mundo hacia el evangelio sería vencida, ni que después de un tiempo la oposición cesaría. Dijo: “No he venido para meter paz, sino espada”. La creación de esta lucha no es efecto del evangelio, sino resultado de la oposición que se le hace (El Deseado de todas las gentes, p. 324).


Domingo 22 de julio | Lección 4

LA ELECCIÓN DE LOS SIETE

Lee Hechos 6:1. ¿Cuál fue la queja de los creyentes helenistas?

Hechos 6:1

En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.

“El motivo de la queja fue un supuesto descuido de las viudas griegas en el reparto diario de socorros. Toda desigualdad habría sido contraria al espíritu del evangelio; pero Satanás había logrado provocar recelos. Por lo tanto, era indispensable tomar medidas inmediatas que quitasen todo motivo de descontento, so pena de que el enemigo triunfara en sus esfuerzos y determinase una división entre los fieles” (HAp 72).

La solución propuesta por los apóstoles era que se escogieran a siete hombres para “servir [diakoneō] a las mesas” (Hech. 6:2), mientras los apóstoles dedicaban tiempo a la oración y al “ministerio [diakonia] de la palabra” (Hech. 6:4). Dado que diakoneō y diakonia pertenecen al mismo grupo de palabras, la única diferencia real es entre “mesas” de Hechos 6:2 y “la palabra” de Hechos 6:4. Esto, junto con el adjetivo “diaria” (Hech. 6:1), parece apuntar a los dos elementos principales de la vida diaria de la iglesia primitiva: la enseñanza (“la palabra”) y la comunión (“mesas”). Esta última consistía en la comida comunitaria, la Santa Cena y las oraciones (Hech. 2:42, 46; 5:42).

Es decir, como depositarios autorizados de las enseñanzas de Jesús, los apóstoles se dedicarían principalmente a la enseñanza doctrinal de los creyentes y a la oración, mientras que los siete se encargarían de las actividades de camaradería en las diferentes casas-iglesias. Sus deberes no se limitaban a los de los diáconos según se entiende este término en la actualidad. De hecho, fueron los primeros dirigentes eclesiásticos en el ámbito congregacional.

Lee Hechos 6:2 al 6. ¿Cómo se eligió y se nombró a los siete para el servicio?

Hechos 6:2-6

Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.

Los candidatos debían distinguirse por sus cualidades morales, espirituales y prácticas: debían tener una reputación honorable, y estar llenos del Espíritu y de sabiduría. Con la aprobación de la comunidad, se seleccionó a los siete y luego se los designó con oración e imposición de manos. El rito fue un reconocimiento público de que se les concedió autoridad para trabajar como diáconos.

Es muy fácil sembrar disensión en las filas, ¿verdad? ¿Qué podemos hacer para conservar la paz entre nosotros y concentrarnos en la misión?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

 

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la iglesia primitiva había gente de diversas clases sociales y distintas nacionalidades. Cuando vino el Espíritu Santo en Pentecostés, “moraban entonces en Jerusalén judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo” [Hechos 2:5]. Entre los de la fe hebrea reunidos en Jerusalén había también algunos que eran conocidos generalmente como helenistas, cuya desconfianza y aun enemistad con los judíos de Palestina databan de largo tiempo.

Los que se habían convertido por la labor de los apóstoles estaban afectuosamente unidos por el amor cristiano. A pesar de sus anteriores prejuicios, hallábanse en recíproca concordia. Sabía Satanás que mientras durase aquella unión no podría impedir el progreso de la verdad evangélica, y procuró prevalerse de los antiguos modos de pensar, con la esperanza de introducir así en la iglesia elementos de discordia (Los hechos de los apóstoles, p. 72).

El Espíritu Santo sugirió un método por medio del cual los apóstoles podrían ser aliviados de la tarea de distribuir ayudas a los pobres, y otras responsabilidades similares, de manera que pudieran estar libres para predicar a Cristo. “Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la Palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra”.

De acuerdo con esto la iglesia seleccionó siete hombres llenos de fe y de la sabiduría del Espíritu de Dios, para que atendieran los asuntos relativos a la causa. Se eligió primero a Esteban; era judío de nacimiento y religión, pero hablaba griego y estaba bien versado en las costumbres y las maneras de los griegos. Se consideró que era la persona más apropiada para estar al frente de la tarea de supervisar y distribuir los fondos destinados a las viudas, los huérfanos y los pobres. Esta selección satisfizo a todos, de modo que se calmaron la insatisfacción y las murmuraciones (La historia de la redención, pp. 270, 271).

Los rumores que se esparcen, con frecuencia destruyen la unidad entre los hermanos. Hay quienes están alerta, con la mente y los oídos abiertos, para captar los escándalos que circulan. Recogen pequeños incidentes que quizá son en sí una bagatela, pero que se repiten y exageran hasta que un hombre aparece como culpable por una palabra… Estos chismosos hacen la obra del diablo con sorprendente fidelidad, sin darse cuenta cuán detestable para Dios es su conducta. Si empleasen la mitad de la energía y del ahínco que dedican a esa obra impía para examinar su propio corazón, encontrarían tanto que hacer para limpiar su alma de impurezas, que no tendrían tiempo ni ganas para censurar a sus hermanos, y no caerían bajo el poder de esta tentación. La puerta de la mente debiera estar cerrada contra “Se dice” o “He oído”. [D]ebiéramos cultivar ese espíritu de mansedumbre y amor que caracterizaba a nuestro Maestro: un amor que no piensa el mal y que no se irrita fácilmente (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 3, p. 1181).


Lección 4 | Lunes 23 de julio

EL MINISTERIO DE ESTEBAN

Después de su nombramiento, los siete se comprometieron no solo con el ministerio eclesiástico sino también con la testificación eficaz. El resultado fue que el evangelio siguió expandiéndose, y la cantidad de creyentes se incrementó (Hech. 6:7). Evidentemente, este crecimiento comenzó a presentar oposición en la iglesia primitiva. El relato ahora se centra en Esteban, un hombre de una estatura espiritual excepcional.

Lee Hechos 6:8 al 16. ¿Qué nos enseñan estos versículos sobre Esteban, su fe y su carácter? Además, ¿qué predicaba Esteban que enfureció tanto a sus oponentes?

Hechos 6:8-15

Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. 10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. 11 Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. 12 Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. 13 Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; 14 pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés. 15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.

Como judío helenista, Esteban compartía el evangelio en las sinagogas helenistas de Jerusalén. Había varias sinagogas en la ciudad; Hechos 6:9 probablemente se refiera a dos de ellas, una de inmigrantes del sur (judíos de Cirene y Alejandría) y una de inmigrantes del norte (los de Cilicia y Asia).

Indudablemente, Jesús era el tema central de los debates, pero las acusaciones formuladas contra Esteban indican que su comprensión del evangelio y sus implicaciones superaban a las de los creyentes de Judea. A Esteban lo acusaban de hablar blasfemias contra Moisés y Dios; es decir, contra la Ley y el Templo. Aun en el caso de que haya sido malinterpretado en algunos temas, o que hayan tergiversado sus palabras deliberadamente, y que hayan inducido a testigos falsos a hablar en su contra, las acusaciones quizá no eran del todo falsas, como sucedió con Jesús (Mar. 14:58; Juan 2:19). La condenación explícita que hizo Esteban en el Sanedrín sobre la veneración idólatra del Templo (Hech. 7:48) revela que comprendía las implicaciones más profundas de la muerte de Jesús y hacia dónde conduciría esto, al menos en lo relacionado con el Templo y sus servicios ceremoniales.

En otras palabras, aunque tal vez muchos creyentes judíos de Judea todavía estaban demasiado apegados al Templo y a otras prácticas ceremoniales (Hech. 3:1; 15:1, 5; 21:17-24) y tenían dificultades para abandonarlas (Gál. 5:2-4; Heb. 5:11-14), Esteban, y quizá también los demás creyentes helenistas, comprendieron rápidamente que la muerte de Jesús significaba el fin de todo el orden del Templo.

¿Por qué debemos tener cuidado de no encerrarnos tanto en algunas de nuestras ideas acariciadas para no rechazar la nueva luz cuando llegue?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Esteban era muy activo en la causa de Dios y compartía su fe valerosamente. “Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Sirene, de Alejandría, de Silicia y de Asia, disputando con Esteban. Pero no podían resistir a la sabiduría y al espíritu con que hablaba”. Estos discípulos de los grandes rabinos confiaban en que en un debate público podrían obtener una victoria completa sobre Esteban basándose en su supuesta ignorancia. Pero no solamente hablaba éste con el poder del Espíritu Santo, sino que resultó evidente para toda esa vasta asamblea que también era un estudioso de las profecías y versado en todos los asuntos relativos a la ley. Defendió con capacidad las verdades que profesaba, y derrotó totalmente a sus oponentes.

Los sacerdotes y gobernantes que fueron testigos de la maravillosa manifestación de poder que acompañaba el ministerio de Esteban se llenaron de amargo odio. En lugar de ceder al peso de la evidencia que él presentaba, decidieron silenciar su voz dándole muerte (La historia de la redención, p. 273).

En todo tiempo los mensajeros elegidos de Dios fueron víctimas de insultos y persecución; no obstante, el conocimiento de Dios se difundió por medio de sus aflicciones. Cada discípulo de Cristo debe ocupar un lugar en las filas para adelantar la misma obra, sabiendo que todo cuanto hagan los enemigos redundará en favor de la verdad. El propósito de Dios es que la verdad se ponga al frente para que llegue a ser tema de examen y discusión, a pesar del desprecio que se le haga. Tiene que agitarse el espíritu del pueblo; todo conflicto, todo vituperio, todo esfuerzo por limitar la libertad de conciencia son instrumentos de Dios para despertar las mentes que de otra manera dormirían (El discurso maestro de Jesucristo, p. 31).

Cuando se presenta una luz nueva a la iglesia, es peligroso que la rechacéis. Rehusar escuchar porque abrigáis prejuicio contra el mensaje o el mensajero no excusará vuestro caso delante de Dios. Condenar aquello que no habéis oído y que no entendéis, no ensalzará vuestra sabiduría ante los ojos de aquellos que son cándidos en sus investigaciones de la verdad. Y hablar con desprecio de aquellos a quienes Dios ha enviado con un mensaje de verdad es insensatez y locura. Si nuestros jóvenes están procurando educarse a sí mismos para ser obreros en la causa del Señor, deben aprender su camino y vivir de toda palabra que sale de su boca. No deben llegar a la conclusión de que toda la verdad ha sido revelada, y que el Infinito no tiene más luz para su pueblo. Si se atrincheran en la creencia de que toda la verdad ha sido revelada, estarán en peligro de desechar como inútiles las preciosas joyas de verdad que serán descubiertas al volver los hombres la atención al escudriñamiento de la rica mina de la Palabra de Dios (Consejos sobre la obra de la escuela sabática, p. 34).


Martes 24 de julio | Lección 4

ANTE EL SANEDRÍN

Lee Hechos 7:1 al 53. ¿Qué les dijo Esteban a sus acusadores?

Hechos 7:1-53

El sumo sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así? Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora. Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él, cuando él aún no tenía hijo. Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos; y después de esto saldrán y me servirán en este lugar. Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él, 10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. 11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. 12 Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez. 13 Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José. 14 Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. 15 Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres; 16 los cuales fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que a precio de dinero compró Abraham de los hijos de Hamor en Siquem. 17 Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, 18 hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. 19 Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a sus niños, para que no se propagasen. 20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre. 21 Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo. 22 Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. 23 Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. 24 Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. 25 Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. 26 Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? 27 Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? 28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? 29 Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. 30 Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza. 31 Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para observar, vino a él la voz del Señor: 32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se atrevía a mirar. 33 Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. 34 Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto. 35 A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste lo envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza. 36 Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años. 37 Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. 38 Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos; 39 al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto, 40 cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 41 Entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron.42 Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios En el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 43 Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc, Y la estrella de vuestro dios Renfán, Figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia. 44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto. 45 El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David. 46 Este halló gracia delante de Dios, y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob. 47 Mas Salomón le edificó casa; 48 si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: 49 El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? 50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas? 51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; 53 vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.

Las acusaciones formuladas contra Esteban condujeron a su arresto y juicio por parte del Sanedrín. Según la tradición judía, la Ley y los servicios del Templo eran dos de los tres pilares sobre los que descansa el mundo (el último es las buenas obras). La mera insinuación de que las ceremonias mosaicas habían quedado obsoletas se consideraba un verdadero ataque contra lo más sagrado del judaísmo; de allí la acusación de blasfemia (Hech. 6:11).

La respuesta de Esteban es el discurso más largo de Hechos, que en sí es una indicación de su importancia. Aunque a simple vista no parezca más que una recitación tediosa de la historia de Israel, deberíamos entender el discurso en relación con el Pacto del Antiguo Testamento y la forma en que los profetas utilizaron la estructura al erigirse como reformadores religiosos para hacer reflexionar a Israel sobre sus obligaciones. En ese momento, a veces empleaban la palabra hebrea rîḇ, cuya mejor traducción probablemente sea “demanda de pacto”, para expresar la idea de que Dios inicia acciones legales contra su pueblo debido a su incumplimiento del Pacto.

En Miqueas 6:1 y 2, por ejemplo, rîḇ aparece tres veces. Luego, siguiendo la modalidad del pacto del Sinaí (Éxo. 20-23), Miqueas le recuerda al pueblo los poderosos actos de Dios en su favor (Miq. 6:3-5), las estipulaciones y las violaciones del pacto (Miq. 6:6-12) y, por último, las maldiciones de las violaciones (Miq. 6:13-16).

Este probablemente sea el contexto del discurso de Esteban. Cuando se le pidió que explicara su accionar, no hizo ningún esfuerzo para refutar las acusaciones ni para defender su fe, sino que alzó la voz de la misma manera que los antiguos profetas cuando presentaban la rîḇ de Dios contra Israel. Su extenso repaso de la antigua relación de Dios con Israel tenía la intención de ilustrar la ingratitud y la desobediencia de ellos.

Por cierto, en Hechos 7:51 al 53, Esteban ya no es el acusado, sino el abogado profético de Dios que presenta la demanda del pacto de Dios contra estos dirigentes. Si los padres de ellos eran culpables de matar a los profetas, ellos eran aún más culpables. El cambio de “nuestros padres” (Hech. 7:11, 19, 38, 44, 45) a “vuestros padres” (Hech. 7:51) es significativo: Esteban le puso fin a su solidaridad con su pueblo y definitivamente se pronunció a favor de Jesús. El costo sería enorme. Sin embargo, sus palabras no revelan miedo ni arrepentimiento.

¿Cuándo fue la última vez que tuviste que asumir una postura firme e inflexible en favor de Jesús? ¿O, al contrario, te amilanaste? Si es así, ¿qué necesitas cambiar?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[Esteban] creía en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, y estaba sumamente bien fundado con respecto a los privilegios de los judíos; pero su fe era más amplia, y sabía que había llegado el tiempo cuando los verdaderos creyentes adorarían no solo en templos hechos por manos de hombres, sino en todo el mundo los hombres podrían adorar a Dios en espíritu y en verdad. Había caído la venda de los ojos de Esteban, y percibía el propósito por el cual tantas cosas habían sido abolidas con la muerte de Cristo…

Se interrogó a Esteban en cuanto a la verdad de los cargos que se le hacían, y él asumió su defensa con voz clara y conmovedora que resonó por todo el recinto del concilio. Procedió a repasar la historia del pueblo elegido de Dios con palabras qué mantuvieron en suspenso a la audiencia. Puso en evidencia un conocimiento cabal de todo lo relativo al pueblo judío, y de la interpretación espiritual de ello puesta de manifiesto por Cristo. Comenzó con Abraham y procedió a repasar la historia de generación en generación, recorriendo todos los anales de la nación desde Israel hasta Salomón, y recurriendo a sus aspectos más impresionantes para vindicar su causa.

Aclaró su propia lealtad a Dios y a la fe judaica, mientras ponía de manifiesto que la ley en la cual confiaban para salvación no había sido capaz de salvar a Israel de la idolatría. Relacionó a Jesucristo con toda la historia judaica (La historia de la redención, pp. 274, 275).

Vi que Esteban era un poderoso hombre de Dios, especialmente suscitado para ocupar un lugar importante en la iglesia. Satanás se regocijó por su muerte; porque sabía que los discípulos iban a sentir muchísimo su pérdida. Pero el triunfo de Satanás fue corto; porque en aquella compañía, presenciando la muerte de Esteban, estaba alguien a quien Jesús iba a revelarse. Saulo no tomó parte en el apedreamiento de Esteban, pero consintió en su muerte… Pero Dios puede quebrantar el poder del gran adversario, y librar a los que son llevados cautivos por él. Cristo había elegido a Saulo como “instrumento escogido”, que predicase su nombre, fortaleciese a sus discípulos en su obra, y lograse más que ocupar el lugar de Esteban (Primeros escritos, p. 198).

Despiértense los que se han sumido en la somnolencia y la indiferencia. Se nos llama a ser santos, y deberíamos tener cuidado de no dar la impresión de que importa poco si conservamos o no las características peculiares de nuestra fe. Sobre nosotros descansa la solemne obligación de asumir una actitud más decidida con respecto a la verdad y la justicia de la que hemos asumido en lo pasado.

La línea de demarcación entre los que guardan los mandamientos de Dios y los que no lo hacen se manifestará con claridad inconfundible. Debemos honrar conscientemente a Dios, y usar con diligencia todos los medios posibles para mantener con él una relación que esté de acuerdo con su pacto, para que podamos recibir sus bendiciones tan esenciales para el pueblo que va a pasar por una prueba tan severa. Dar la impresión de que nuestra fe, nuestra religión, no es un poder dominante en nuestras vidas, equivale a deshonrar a Dios en gran manera (Cada día con Dios, p. 194).


Lección 4 | Miércoles 25 de julio

JESÚS EN LA CORTE CELESTIAL

Puesto que, por definición, un profeta (en hebreo, nāḇî) es alguien que habla de parte de Dios, Esteban se convirtió en profeta en el mismo momento en que presentó la rîḇ de Dios contra Israel. No obstante, su ministerio profético fue bastante corto.

Lee Hechos 7:55 y 56. ¿Cuál era el significado de la visión de Esteban?

Hechos 7:55-56

55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.

“Al llegar Esteban a este punto, se produjo un tumulto entre los oyentes. Cuando relacionó a Cristo con las profecías, y habló de aquel modo del Templo, el sacerdote rasgó sus vestiduras, fingiéndose horrorizado. Esto fue para Esteban un indicio de que su voz iba pronto a ser acallada para siempre. Vio la resistencia que encontraban sus palabras y comprendió que estaba dando su postrer testimonio. Aunque no había llegado más que a la mitad de su discurso, lo terminó abruptamente” (HAp 82).

Mientras Estaban estaba de pie ante los dirigentes judíos exponiendo la causa de Dios contra ellos, Jesús estaba de pie en la corte celestial, es decir, en el Santuario celestial, junto al Padre: una indicación de que el juicio en la Tierra era solo una expresión del verdadero juicio que tendría lugar en el cielo. Dios juzgaría a los falsos maestros y dirigentes de Israel.

Esto explica por qué aquí falta el llamado al arrepentimiento, una característica común en los discursos anteriores de Hechos (2:38; 3:19; 5:31). La teocracia de Israel estaba llegando a su fin, lo que significa que Israel como nación ya no mediaría en la salvación del mundo como se le prometió a Abraham (Gén. 12:3; 18:18; 22:18); lo harían los seguidores de Jesús, judíos y gentiles, que ahora se esperaba que abandonaran Jerusalén y dieran testimonio al mundo (Hech. 1:8).

Lee Hechos 7:57 a 8:1 y 2. ¿Cómo relata Lucas la muerte de Esteban?

Hechos 7:57 a 8:1 y 2

57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. 58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.

Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él.

La lapidación era el castigo por blasfemar (Lev. 24:14), aunque no queda claro si Esteban fue condenado a muerte o simplemente linchado por una multitud de fanáticos. De todos modos, él fue el primer creyente en Jesús que se registra que murió por causa de su fe. El hecho de que los testigos pusieran su ropa a los pies de Saulo sugiere que él era el dirigente de los opositores de Esteban. Sin embargo, cuando Esteban oró por sus verdugos, también oró por Saulo. Solo una persona con un carácter superior y una fe inquebrantable podría hacer una cosa así, una poderosa manifestación de su fe y la realidad de Cristo en su vida.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Esteban, el primer mártir cristiano, en su terrible conflicto con los principados, las potestades y las malicias espirituales en lugares encumbrados, exclamó: “Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios”. Le fue revelado el Salvador del mundo como si estuviera contemplándolo desde el cielo con el más profundo interés, y la luz gloriosa del rostro de Cristo brilló sobre Esteban con tal fulgor, que hasta sus enemigos vieron que su rostro resplandecía como el rostro de un ángel.

Si permitiéramos que nuestra mente meditara más en Cristo y en el mundo celestial, hallaríamos un estímulo y un apoyo poderoso para pelear las batallas del Señor. El orgullo y el amor al mundo perderán su poder al contemplar las glorias de esa tierra mejor que tan pronto será nuestro hogar. Junto a la belleza de Cristo, todos los atractivos terrenales parecerán de poco valor (Mensajes para los jóvenes, p. 78).

Aunque estaba a la mitad de su sermón, [Esteban] concluyó abruptamente… El prisionero leyó su suerte en los rostros crueles que lo rodeaban, pero no flaqueó. El temor de la muerte lo había abandonado. Los sacerdotes rabiosos y la turba embravecida no observaron terror en él. La escena que tenía ante su vista se desvaneció. Para él las puertas del cielo estaban abiertas de par en par, y al mirar hacia adentro vio la gloria de los atrios divinos, y a Cristo, como si acabara de levantarse de su trono, listo para sostener a su siervo que se encontraba a punto de sufrir el martirio por su causa…

La descripción de la escena gloriosa que se desarrollaba delante de él era más de lo que sus perseguidores podían soportar. Tapándose los oídos para no escuchar más sus palabras, y profiriendo fuertes gritos, se abalanzaron furiosamente contra él movidos por una misma intención. “Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió…

El sello de Dios se veía en el rostro de Esteban, y sus palabras, que penetraron en las mismas almas de los que las escucharon, permanecieron en las mentes de los observadores y dieron testimonio de la verdad acerca de la cual había hablado (Exaltad a Jesús, p. 98).

Si los siervos de Dios cumplen fielmente el cometido a ellos confiado, grande será su recompensa cuando el Maestro diga: “Da cuenta de tu mayordomía’’ [Lucas 16:2]. La ferviente labor, el trabajo abnegado, el esfuerzo paciente y perseverante, serán recompensados abundantemente. Jesús dirá: Ya no os llamo siervos, sino amigos [véase Juan 15:15], El Maestro no concede su aprobación por la magnitud de la obra hecha, sino por la fidelidad manifestada en todo lo que se ha hecho. No son los resultados que alcanzamos, sino los motivos por los cuales obramos, lo que más importa a Dios. El aprecia sobre todo la bondad y la fidelidad (Obreros evangélicos, p. 282).


Jueves 26 de julio | Lección 4

LA PROPAGACIÓN DEL EVANGELIO

El triunfo sobre Esteban provocó una persecución masiva contra los creyentes de Jerusalén, sin duda instigada por el mismo grupo de opositores. El líder del grupo era Saulo, que causó un gran daño a la iglesia (Hech. 8:3; 26:10). Sin embargo, la persecución resultó tener un buen efecto.

De hecho, al dispersarse por toda Judea y Samaria, los creyentes iban predicando el evangelio. Entonces se cumplió el mandato de testificar en esos lugares (Hech. 1:8).

Lee Hechos 8:4 al 25. ¿Qué lecciones se revelan en este relato?

Hechos 8:4-25

Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad. Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. 10 A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. 11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.13 También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito. 14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. 20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. 24 Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí. 25 Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.

Los samaritanos eran medio israelitas, incluso desde el punto de vista religioso. Eran monoteístas que aceptaban los primeros cinco libros de Moisés (el Pentateuco), practicaban la circuncisión y esperaban al Mesías. Sin embargo, para los judíos, la religión samaritana se había corrompido, lo que significa que los samaritanos no tenían ninguna participación en las misericordias del Pacto de Israel.

La inesperada conversión de los samaritanos asombró a la iglesia de Jerusalén, por lo que los apóstoles enviaron a Pedro y a Juan para evaluar la situación. El hecho de que Dios haya retenido a su Espíritu hasta que llegaran Pedro y Juan (Hech. 8:14-17) probablemente fue para convencer a los apóstoles de que los samaritanos debían ser aceptados como miembros plenos de la comunidad de la fe (ver Hech. 11:1-18).

Sin embargo, no se detuvo allí. En Hechos 8:26 al 39, tenemos la historia de Felipe y el etíope, un eunuco, que después de un estudio bíblico pidió el bautismo. “Y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó” (Hech. 8:38).

Primero, los samaritanos; luego, el etíope, un extranjero que había venido a Jerusalén para adorar y ahora estaba volviendo a su casa. El evangelio estaba cruzando las fronteras de Israel y llegando al mundo, como se predijo. No obstante, todo esto era solo el comienzo, ya que estos primeros creyentes judíos pronto viajarían por todo el mundo conocido y predicarían la gran noticia de la muerte de Jesús, que pagó el castigo por sus pecados y les ofrece a todos, en todas partes, la esperanza de la salvación.

Pedro le dijo a Simón que iba “camino a la amargura y a la esclavitud del pecado” (Hech. 8:23). ¿Cuál era la solución para su problema, y para cualquier persona que quizás esté en una situación similar?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[El] etíope simboliza una numerosa clase de personas que necesita ser enseñada por misioneros como Felipe, esto es, por hombres que escuchen la voz de Dios y vayan adonde él los envíe. Muchos leen las Escrituras sin comprender su verdadero sentido. En todo el mundo, hay hombres y mujeres que miran fijamente al cielo. Oraciones, lágrimas e interrogaciones brotan de las almas anhelosas de luz en súplica de gracia y de la recepción del Espíritu Santo. Muchos están en el umbral del reino esperando únicamente ser incorporados en él.

Un ángel guio a Felipe a uno que anhelaba luz y estaba dispuesto a recibir el evangelio. Hoy también, los ángeles guiarán los pasos de aquellos obreros que consientan en que el Espíritu Santo santifique sus lenguas y refine y ennoblezca sus corazones.

El que mandó a Felipe al eunuco etíope; que envió a Pedro al centurión romano; y la pequeña israelita en auxilio de Naamán, el capitán sirio, también envía hoy, como representantes suyos, a hombres, mujeres y jóvenes, para que vayan a los que necesitan ayuda y dirección divinas (Conflicto y valor, p. 332).

El Señor desea que cada uno ocupe el lugar que nos ha asignado. Si estamos dispuestos a caminar con sencillez y piedad, y confiar en el Señor tal como un niñito confía en su padre terrenal, nos capacitará para hacer la obra que nos ha encomendado realizar. Si buscamos al Señor, El actuará en nuestro favor…

No somos nosotros los que producimos las impresiones sobre la mente y el corazón. Son los ángeles de Dios los que las hacen. Ellos ven cada esfuerzo que hacemos y subyugan los corazones e iluminan las mentes de aquellos por quienes estamos trabajando, de tal manera que las impresiones celestiales se graben y los corazones y las mentes sean inducidos a ver y comprender…

Cuando se sientan tentados a desanimarse, recuerden esto: Los ángeles de Dios los rodean… Esta es la instrucción que estoy tratando de dar a nuestro pueblo. Deseo que comprendan lo que podría lograrse si trabajaran obedeciendo la voluntad del Señor (Alza tus ojos, p. 128).

Cada uno de nosotros, individualmente, tiene un caso pendiente en el tribunal del cielo. El carácter está siendo pesado en las balanzas del Santuario y debiera ser el sincero deseo de todos caminar con humildad y cuidado, no sea que, olvidando dejar brillar su luz ante el mundo no obtengan la gracia de Dios y pierdan todo lo que es de valor. Toda disensión, toda diferencia y crítica debe ser puesta a un lado, junto con toda maledicencia y amargura; deben atesorarse la bondad, el amor y la compasión mutuas, para que la oración de Cristo de que sus discípulos fuesen uno como lo son él y su Padre pueda ser contestada. La armonía y la unidad de la iglesia son las credenciales que ellos presentan ante el mundo demostrando que Jesús es el Hijo de Dios. La conversión genuina siempre conducirá hacia el amor genuino por Jesús y por todos aquellos por quienes él murió.

Todo el que hace lo que pueda por Dios, que es leal y celoso por hacer el bien a los que lo rodean, recibirá la bendición de Dios sobre sus esfuerzos… No es la grandeza de la obra sino el amor con que se hace, el motivo tras la acción, lo que determina su valor. Hay obra que hacer por nuestros vecinos y por aquellos con quienes nos asociamos… Somos soldados de Cristo y estamos bajo la obligación de velar, no sea que el enemigo nos gane la delantera y capte para servicio suyo almas que pudiéramos haber ganado para Cristo (Testimonios para la iglesia, tomo 5, p. 259).


Lección 4 | Viernes 27 de julio

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

 

“La persecución que sobrevino a la iglesia de Jerusalén dio gran impulso a la obra del evangelio. El éxito había acompañado la ministración de la palabra en ese lugar, y había peligro de que los discípulos permanecieran demasiado tiempo allí, desatendiendo la comisión del Salvador de ir a todo el mundo. Olvidando que la fuerza para resistir al mal se obtiene mejor mediante el servicio agresivo, comenzaron a pensar que no tenía ninguna obra más importante que la de proteger a la iglesia de Jerusalén de los ataques del enemigo. En vez de enseñar a los nuevos conversos a llevar el evangelio a quienes no lo habían oído, corrían el peligro de adoptar una actitud que indujera a todos a sentirse satisfechos con lo que habían realizado. Para dispersar a sus representantes donde pudieran trabajar para otros, Dios permitió que fueran perseguidos. Ahuyentados de Jerusalén, los creyentes ‘iban por todas partes anunciando la palabra’ ” (HAp 86).

Nuestros agradecimientos al apoyo y equipo del Hno. Tony García.

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