Estudio avanzado para Maestros, con la "Guía de Estudio de la Biblia"

Letra Negra: Lección de la ES

Letra Azul: Espíritu de Profecía


 

El viaje a Roma

 

Lección 13: – Para el 29 de septiembre de 2018

Sábado 22 de septiembre

Lee Para el Estudio de esta Semana: Hechos 27, 28; Romanos 1:18-20.

Para Memorizar: “No temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo” (Hech. 27:24).

Hacía tiempo que Pablo deseaba visitar Roma, pero su arresto en Jerusalén cambió todo. Al ceder a la presión legalista de los líderes de la iglesia de Jerusalén, terminó bajo custodia romana durante casi cinco años, incluido el tiempo que pasó en el viaje marítimo a Italia. Este cambio representó un duro golpe para sus planes misioneros.

A pesar del revés, Jesús mismo prometió que el apóstol todavía daría testimonio de él en Roma (Hech. 23:11). Incluso cuando le fallamos, Dios puede darnos otra oportunidad, aunque no siempre nos libra de las consecuencias de nuestros actos. Pablo no solo fue llevado a Roma como prisionero, sino que no hay evidencias bíblicas de que alguna vez haya ido a España como pensaba (Rom. 15:24). Después de ser liberado de lo que se conoce como el primer encarcelamiento romano, Pablo fue arrestado nuevamente, esta vez para sufrir el martirio (2 Tim. 4:6-8) bajo Nerón en el año 67 d.C.

 

Sí, Pablo llegó a Roma, y mientras esperaba en su prisión domiciliaria para ser juzgado ante el emperador, le hablaba sin tapujos, a pesar de sus cadenas (Efe. 6:20; Fil. 1:13), a todo el que se acercaba a él (Hech. 28:30, 31), incluyendo a figuras importantes de la casa del César (Fil. 4:22). 

 

Espíritu de profecía

 

Consideremos por un momento la experiencia de Pablo. El apóstol fue  encarcelado  y  encadenado  en  el  momento  en  que  parecía  que  su  labor era más necesaria para fortalecer la sufrida y perseguida iglesia.

Pero éste fue el momento en que el Señor obró y las victorias que ganó fueron preciosas. Cuando en apariencia Pablo podía hacer menos, la verdad encontró entrada en el palacio real. No fueron los sermones magistrales de Pablo delante  de  estos  hombres  notables,  sino  sus  cadenas  lo  que  llamó  la  atención de ellos. Mediante su cautiverio el apóstol se transformó en un conquistador para Cristo. La paciencia y la humildad con las que él se sometió a su prolongado e injusto confinamiento impulsaron a estos hombres a pesar el carácter del apóstol. Al enviar su último mensaje a sus amados en la fe, Pablo une a sus palabras los saludos de los santos de la casa de César dirigidos a los santos de las otras ciudades (Reflejemos a Jesús, p. 350).

[La]  suficiencia  [de  Pablo]  no  residía  en  sí  mismo  sino  en  la  presencia y en la actividad del Espíritu divino que llenaba su alma y que ponía todo pensamiento en sujeción a la voluntad de Cristo. El hecho de que su propia vida ejemplificaba la verdad que proclamaba proporcionó un poder convincente tanto a su predicación como a su apariencia personal. Dice el profeta: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo  pensamiento  en  ti  persevera;  porque  en  ti  ha confiado”  [Isaías  26:3].

Esta  paz  celestial,  manifestada  en  su  rostro,  ganó  a  muchas almas para el evangelio (La historia de la redención, p. 332).

Así  también  el  encarcelamiento  de  Pablo  llevó  el  evangelio  ante reyes,  príncipes  y gobernantes  que  de  otra  manera  no  habrían  tenido esa  luz.  Los  esfuerzos  hechos  para  retardar  el  progreso  de  la  verdad servirán para impulsarlo y ensanchar-lo. Desde cualquier punto que se considere la verdad, su excelencia se destacará con claridad cada vez más intensa. El error requiere disfraz y oculta miento. Se viste de manto angelical y toda manifestación de su verdadero carácter disminuye sus probabilidades de éxito. Las personas a quienes Dios ha hecho depositarías de su ley no han de permitir que se oculte su luz. La verdad debe ser proclamada en los lugares  oscuros  de  la  tierra.  Hay  que  hacer  frente  a  los  obstáculos  y superarlos. Debe hacerse una gran obra, y esta obra ha sido confiada a los que conocen la verdad. Deben interceder poderosamente con Dios para  obtener  ayuda  ahora.  El  amor  de  Cristo  debe  difundirse  en  su propio corazón. El Espíritu de Cristo debe ser derramado sobre ellos, y deben prepararse para subsistir en el juicio. Mientras se estén consagrando  ellos  mismos  a  Dios,  un  poder convincente  acompañará  sus esfuerzos  para  presentar  la  verdad  a  otros,  y  su  luz  hallará  acceso  a muchos corazones (Testimonios para la iglesia, tomo 5, p. 429). 

 

Domingo 23 de septiembre:

De camino a Roma

 

Después de aproximadamente dos años de confinamiento en Cesarea (Hech. 24:27), Pablo fue enviado a Roma. A juzgar por la primera persona del plural y la riqueza de detalles utilizados para describir el largo y turbulento viaje por mar a Italia (Hech. 27:1-28:16), Lucas acompañaba a Pablo, al igual que otro cristiano llamado Aristarco (Hech. 27:2). Otro personaje importante en la historia fue el centurión romano, Julio, que tenía otros prisioneros a su cargo (Hech. 27:1).

Partieron al final del verano mediterráneo. El ayuno (Hech. 27:9) se refiere al Día de la Expiación, en la segunda quincena de octubre. Debido a las condiciones invernales, los viajes en el Mediterráneo normalmente se evitaban entre noviembre y marzo. No obstante, esta vez afrontaron dificultades desde el principio, y llegaron con mucho retraso a la pequeña bahía de Buenos Puertos, en la isla de Creta (Hech. 27:8).

 

Lee Hechos 27:9 al 12. En Buenos Puertos, ¿cómo intervino Pablo en la historia y cómo fue recibida su intervención?

 

Las advertencias de Pablo no fueron escuchadas, por lo que decidieron navegar hacia el oeste otros 64 kilómetros para llegar a un puerto (Fenice), donde podrían invernar con seguridad. Desafortunadamente, por un cambio climático repentino, se vieron envueltos en una tempestad tan violenta que la tripulación no tuvo más remedio que dejar que la nave fuera llevada a la deriva por el viento hacia el sudoeste, lejos de tierra seca. Pronto comenzaron a arrojar la carga por la borda e incluso algunos de los aparejos de la nave en un intento frenético por aligerarla, dado que ya se estaba llenando de agua. La situación era dramática. Después de varios días de escasas horas de luz, poca visibilidad, fuertes lluvias y vientos huracanados, sin saber dónde estaban y completamente agotados, “ya había[n] perdido toda esperanza de salvar[se]” (Hech. 27:20).

 

Lee Hechos 27:21 al 26. ¿Cuál fue la segunda intervención de Pablo en la historia?

 

Con palabras proféticas, Pablo le transmitió a la tripulación un mensaje que acababa de recibir de Dios. No había razón para desesperar ni perder las esperanzas. Todavía habría peligros y pérdidas, pero todos ellos sobrevivirían.

 

¿Por qué tenía que sufrir tanto un servidor tan fiel y dedicado del Señor como Pablo? ¿Qué lecciones podemos aprender de sus experiencias? 

 

Espíritu de profecía

 

Cuando se encontraba en circunstancias deprimentes, que hubieran desanimado  a  los  cristianos a  medias,  [Pablo]  se  mantenía  firme,  y  lleno de valor, esperanza y ánimo... Se advierte en él la misma esperanza y ánimo cuando se encuentra sobre la cubierta del barco, azotado por  la tormenta,  viendo  como  la  nave  se  iba  destrozando.  Entonces imparte órdenes al capitán del barco, y salva la vida de los que van a bordo. Aun cuando es un prisionero es realmente el amo de la nave y el pasajero más libre y feliz. Cuando todos naufragan y van a dar a una isla de bárbaros, él es el que se domina mejor, el que más contribuye a salvar  a  sus  compañeros  para  impedir que  mueran  ahogados.  Sus manos  recogieron  la  leña  que  dio  fuego  para  calentar  a  los pasajeros ateridos. Cuando éstos vieron la víbora venenosa que se le había enrollado en el brazo, quedaron aterrorizados; pero Pablo con toda calma la sacudió sobre el fuego, sabiendo que no lo dañaría; porque confiaba implícitamente en Dios.

Cuando se vio en presencia de los reyes y dignatarios de la tierra, en cuyas  manos  estaba  su vida, no  se  acobardó,  porque  la  había  encomendado a Dios... La gracia del Señor, como un ángel misericordioso dulcifica y aclara su voz que repite la historia de la cruz y del incomparable amor de Cristo (Mi vida hoy, p. 344).

Los ángeles son enviados a los hijos de Dios con misiones de misericordia.  Visitaron a  Abraham  con  promesas  de  bendición;  al  justo Lot, para  rescatarle  de  las  llamas  de  Sodoma;  a  Elias, cuando  estaba por morir de cansancio y hambre en el desierto; a Elíseo, con carros y caballos  de fuego  que  circundaban  la  pequeña  ciudad  donde  estaba encerrado por sus enemigos; a Daniel, cuando imploraba la sabiduría divina en la corte de un rey pagano, o en momentos en que iba a ser presa de los leones; a San Pedro, condenado a muerte en la cárcel de Herodes; a los presos de Filipos; a San Pablo y a sus compañeros, en la noche tempestuosa en el mar... los santos ángeles ejercieron su ministerio en beneficio del pueblo de Dios.

Cada  discípulo  de  Cristo  tiene  su  ángel  guardián  respectivo.  Estos centinelas  celestiales protegen  a  los  justos  del  poder  del  maligno...  El medio de que Dios se vale para proteger a su pueblo está indicado en las palabras del salmista: “El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le  temen,  y  los  defiende”  [Salmos  34:7]  (El  conflicto  de  los  siglos, pp. 502, 503).

Cristo está tratando de elevar a todos aquellos que quieran ser elevados a un compañerismo consigo, para que podamos ser uno con él, como él es uno con el Padre. Nos permite llegar a relacionamos con el sufrimiento y la calamidad a fin de sacamos de nuestro egoísmo; trata de desarrollar en nosotros los atributos de su carácter: la compasión, la ternura y el amor. Aceptando esta obra de ministración, nos colocamos en  su  escuela,  a  fin  de  ser  hechos  idóneos  para  las cortes  de  Dios. Rechazándola, rechazamos su instrucción y elegimos la eterna separación de su presencia (Palabras de vida del gran Maestro, p. 320). 

 

Lunes 24 de septiembre:

El naufragio

 

En su segunda intervención en la historia, Pablo les aseguró a todos los que estaban a bordo (276 personas en total; Hech. 27:37) que, aunque no todo saldría bien, no habría que lamentar víctimas; solo el barco se hundiría (Hech. 27:22). Catorce días después, las palabras del apóstol se cumplieron. Todavía bajo una terrible tormenta y con el barco completamente a la deriva, los marineros detectaron que había tierra cerca, posiblemente porque podían oír el ruido de las rompientes (Hech. 27:27). Después de una serie de sondeos, y temiendo que la nave fuera empujada contra las rocas a lo largo de la orilla, lanzaron cuatro anclas desde la parte posterior de la nave para reducir la velocidad. Mientras tanto, desesperadamente les pedían a sus dioses que se hiciera de día (Hech. 27:28, 29).

 

Lee Hechos 27:30 al 44. ¿Qué lecciones podemos sacar para nosotros de esta historia?

 

Al comienzo del viaje, el centurión trató bien a Pablo, pero no tenía motivos para confiar en el criterio náutico del apóstol. Sin embargo, después de dos semanas, las cosas cambiaron. Pablo ya se había ganado el respeto del centurión con su intervención profética sobre el naufragio (Hech. 27:21-26), que ahora convergía hacia su cumplimiento.

Pablo instó a la gente de a bordo a que comiese, de lo contrario no tendrían fuerzas para nadar y llegar a tierra. La providencia divina no necesariamente nos exime de hacer lo que normalmente sería nuestro deber. “En esta narración, se mantiene un buen equilibrio entre la certeza de la protección de Dios y los esfuerzos de los involucrados para garantizarlo”.-D. J. Williams, Acts, p. 438.

Al rayar el alba, los marineros avistaron tierra; era una bahía con playa, donde decidieron encallar la nave. Sin embargo, el barco nunca llegó a la playa. Chocó contra un banco de arena y terminó rompiéndose por la fuerza de las olas. Principalmente a causa de Pablo, el centurión frenó el plan de los soldados de matar a los prisioneros para evitar que escaparan. Al final, como Dios había prometido, no se perdió ni una sola vida.

 

¿Qué debiera decirnos esto acerca del poder del testimonio de Pablo, y de su carácter, que en el afán de conservar a Pablo con vida, se les prohibió a los soldados que mataran a algún prisionero?

 

Espíritu de profecía

 

Lea  acerca  de  la  escena  desarrollada  en  el  mar,  cuando  Pablo,  el prisionero, en viaje al lugar donde iba a ser juzgado y ejecutado, dirigió a los soldados y marineros náufragos, abatidos por el cansancio, la falta de  sueño  y  el  hambre,  estas  grandes  palabras  de  valor  y  esperanza:

“Pero  ahora  os  exhorto  a  tener  buen  ánimo,  pues  no  habrá  ninguna pérdida de vida entre vosotros... Porque esta noche ha estado conmigo el  ángel  del  Dios  de  quien  soy  y  a  quien  sirvo,  diciendo:  Pablo,  no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido  todos  los  que  navegan  contigo”.  Con  fe  en  esta  promesa, Pablo aseguró a sus compañeros: “Pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá”. Así ocurrió. Por el hecho de estar en ese  barco  un  hombre  por  medio  del  cual  Dios  podía  obrar,  todo  el contingente de soldados y marineros paganos se salvó. “Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra” [Hechos 27:22-24, 34, 44] (La educación, p. 255).

A  Pablo  y  los  demás  presos  les  amenazaba  ya  una  suerte  más  terrible que el naufragio. Los soldados percibieron que mientras se esforzasen  por  llegar  a  tierra,  les  sería  imposible guardar a  los  presos.

Cada hombre tendría que esforzarse al límite para salvarse a sí mismo. Sin embargo, si faltara alguno de los presos, responderían con su vida los encargados de su cuidado. Por lo tanto los soldados deseaban matar a todos los presos. La ley de Roma sancionaba este cruel recurso, y el plan habría sido llevado a cabo en seguida, si no hubiese sido por aquel hacia el cual todos estaban por igual profundamente obligados. Julio el centurión sabía que Pablo había sido el medio de salvar la vida de todos los  que  estaban  a  bordo;  además,  convencido  de  que  el  Señor  estaba con  él,  temía  hacerle  daño.  El,  por  lo  tanto,  “mandó  que  los  que  pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen a tierra; y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron  saliendo  a  tierra”.  Cuando  se  repasó  la  nómina,  no faltaba ninguno (Los hechos de los apóstoles, p. 355).

Dios hará cosas maravillosas por los que confían en él. El motivo porque los que profesan ser sus hijos no tienen más fuerza consiste en que  confían  demasiado  en  su  propia  sabiduría,  y  no  le dan  al  Señor ocasión  de  revelar  su  poder  en  favor  de  ellos.  El  ayudará  a  sus  hijos creyentes en  toda  emergencia,  si  ponen  toda  su  confianza  en  él  y  le obedecen fielmente (Patriarcas y profetas, p. 526).

No  se  adquieren  en  un  momento  el  valor,  la  fortaleza,  la  fe  y  la confianza implícita en el poder de Dios para salvamos. Estas gracias celestiales  se  adquieren  por  la  experiencia  de años...  Cuando  estos cristianos  primitivos  eran  desterrados  a  las  montañas  y  los  desiertos, cuando en las mazmorras se los dejaba morir de hambre, frío y tortura, cuando el martirio parecía la única manera de escapar a su angustia, se regocijaban de que eran tenidos por dignos de sufrir para Cristo, quien había  sido  crucificado  en  su  favor.  Su  ejemplo  será  un  consuelo  y estímulo para  el  pueblo  de  Dios  que  sufrirá  un  tiempo  de  angustia como nunca lo hubo (Testimonios para la iglesia t. 5, p. 198). 

  

Martes 25 de septiembre:

En Malta

 

Recién al llegar a la orilla los sobrevivientes supieron que se encontraban en Malta, una islita en medio del Mediterráneo, justo al sur de Sicilia. En las dos semanas que habían estado a la deriva en el mar, a merced de la fuerza del viento, habían recorrido unos 764 kilómetros desde Buenos Puertos, Creta. Ahora tendrían que esperar los tres meses invernales antes de seguir viaje (Hech. 28:11).

 

Lee Hechos 28:1 al 10. ¿Qué le pasó a Pablo en la isla de Malta y cómo lo utilizó Dios?

 

La gente de Malta era muy amistosa y hospitalaria, y lo primero que hizo por Pablo y su grupo, ya que todos estaban mojados y fríos, fue encender un fuego para calentarlos; la temperatura de Malta en esta época del año no superaba los 10º C.

El incidente de la serpiente atrajo la atención de la gente hacia Pablo. Al principio, los paganos locales pensaron que el hecho de que haya sido mordido era un acto de retribución divina. Creían que Pablo era un asesino que había logrado salvarse de morir ahogado pero que aún así fue alcanzado por los dioses, o tal vez por la diosa griega Dikē, la personificación de la justicia y la venganza. Como el apóstol no murió, fue aclamado como un dios, como había sucedido en Listra años atrás (Hech. 14:8-18). Aunque Lucas no se detiene en el incidente, cabe esperar que Pablo haya aprovechado esta situación para dar testimonio del Dios al que servía.

Publio era el procurador romano de Malta o simplemente un dignatario local, pero acogió a Pablo y a sus acompañantes durante tres días hasta que encontraron un lugar más fijo para quedarse. De todas formas, la curación del padre de este hombre le dio a Pablo la oportunidad de participar en una especie de ministerio de curación entre los malteses.

El relato de Lucas no menciona que Pablo haya dejado a ningún converso ni ninguna congregación allí al partir de Malta. Esa omisión puede ser totalmente fortuita, pero ilustra el hecho de que nuestra misión en el mundo va más allá de los bautismos o de la plantación de iglesias: también implica preocupación por las personas y sus necesidades. Este es el aspecto práctico del evangelio (Hech. 20:35; comparar con Tito 3:14). 

 

Qué fascinante es que estos isleños ignorantes tuviesen sentido de la justicia divina. ¿De dónde proviene esto en definitiva? Ver Romanos 1:18 al 20. 

 

Espíritu de profecía

 

Los náufragos fueron recibidos bondadosamente por la gente bárbara  de  Melita.  Estos, “encendido  un  fuego  —escribe  Lucas—,  nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que venía, y del frío”. Pablo se mostró activo entre los que ministraban a la comodidad de los demás. Habiendo “recogido algunos sarmientos, y puesto los en el fuego, una víbora, huyendo del calor, le acometió a la mano”. Los circunstantes se horrorizaron...  Mas  Pablo  sacudió  el  reptil  al  fuego,  y  no  padeció  ningún mal. Conociendo la naturaleza venenosa de la víbora, la gente esperaba que en cualquier momento cayese al suelo en terrible agonía. “Más  habiendo  esperado  mucho,  y  viendo  que  ningún  mal  le  venía, mudados, decían que era un dios”. Durante  los  tres  meses  que  los  náufragos  se  quedaron  en  Melita, Pablo y sus compañeros en el trabajo aprovecharon muchas oportunidades de predicar el evangelio... Por causa de Pablo, toda la compañía de los náufragos fueron tratados con suma bondad; se suplieron todas sus necesidades, y al abandonar Melita fueron provistos liberalmente de todo lo necesario para su viaje (Los hechos de los apóstoles, p. 356).

Mirando a Jesús, vemos que la gloria de nuestro Dios consiste en dar. “Nada hago de mí mismo”, dijo Cristo; “me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre”. “No busco mi gloria”, sino la gloria del que me envió [Juan 8:28; 6:57; 7:50; 7:18], En estas palabras se presenta el gran principio que es la ley de la vida para el universo. Cristo recibió todas las cosas  de  Dios,  pero  las  recibió  para darlas.  Así  también  en  los  atrios celestiales,  en  su  ministerio  en  favor  de  todos  los  seres creados,  por medio  del  Hijo  amado  fluye  a  todos  la  vida  del  Padre;  por  medio  del Hijo vuelve, en alabanza y gozoso servicio, como una marea de amor, a la gran Fuente de todo. Y así, por medio de Cristo, se completa el circuito de beneficencia, que representa el carácter del gran Dador, la ley de la vida (El Deseado de todas las gentes, p. 12).

¿Quién  es  el  verdadero  dueño  de  las  casas  y  las  tierras?  ¿No  es acaso Dios? Él tiene en nuestro mundo, y ha colocado en las manos de los  hombres,  una  abundancia  de  recursos  con los  cuales  recibirían alimento los hambrientos, vestido los desnudos y un techo quienes no lo tienen. El Señor induciría a hombres mundanos, aun idólatras, a dar de su abundancia para el sostén de la obra si nos acercáramos a ellos con sabiduría y les diéramos la oportunidad de hacer aquello que tienen el privilegio de realizar. Nosotros tendríamos el privilegio de recibir lo que ellos podrían dar...

El Señor quiere que su pueblo esté en el mundo, pero que no sea del mundo.  Sus  hijos  deben tratar  de  presentar  la  verdad  a  las  personas  encumbradas  para  que  tengan  la  oportunidad de  recibir  y  pesar  las  evidencias... El último mensaje que Cristo dio a sus discípulos antes que fuera quitado  de  ellos  y  arrebatado  al  cielo,  fue  el  mandato  de  llevar  el evangelio por todo el mundo, acompañado por la promesa del Espíritu Santo (Testimonios para los ministros, pp. 197, 198).

 

Miércoles 26 de septiembre:

Pablo en Roma, al fin

 

Después de tres meses en Malta, Pablo y sus compañeros finalmente pudieron continuar viaje (Hech. 28:11). Llegaron a Puteoli (Hech. 28:13), la moderna Pozzuoli, en la bahía de Nápoles, desde donde viajarían a Roma por tierra (ver Hech. 28:11-16).

La noticia del arribo de Pablo llegó rápidamente a Roma, y desde allí un grupo de creyentes viajó varios kilómetros al sur para darle la bienvenida. Aunque nunca había estado en Roma, el apóstol tenía muchos amigos en la ciudad: colaboradores, conversos, parientes y muchos otros que le eran muy preciados (Rom. 16:3-16). La reunión en el Foro de Apio debe haber sido particularmente conmovedora, especialmente debido al naufragio y al hecho de que Pablo ahora estaba preso. Como resultado de una demostración tan única de amor y cuidado por parte de sus queridos amigos, el apóstol le agradeció a Dios y se sintió profundamente animado cuando estaba a punto de enfrentar un juicio ante el emperador.

En su informe oficial, Festo seguramente debe haber escrito que, de acuerdo con la ley romana, Pablo no era culpable de ningún crimen significativo (Hech. 25:26, 27; 26:31, 32). Esto probablemente explique por qué se le permitió alquilar una vivienda particular (Hech. 28:30) en vez de ser enviado a una prisión común o a un campamento militar, aunque, según la costumbre romana, estaba encadenado a un soldado todo el tiempo. El hecho de que Pablo viviera por cuenta propia implica que pudo continuar con su oficio (Hech. 18:3).

 

Lee Hechos 28:17 al 22. ¿Qué hizo Pablo no bien se asentó?

 

Aunque Pablo no podía ir a la sinagoga, la sinagoga podía ir a él. Así que, poco después de su arribo, siguiendo con su política de acercarse primero a los judíos (Rom. 1:16), convocó a los dirigentes judíos locales para declarar su inocencia y explicarles, como lo había hecho antes, que había sido arrestado sin ninguna otra razón que la esperanza de Israel (Hech. 23:6; 24:15; 26:6-8). Su intención no era tanto defenderse sino crear una atmósfera de confianza que le permitiera predicar el evangelio, y demostrar que la resurrección de Jesús era el cumplimiento de la esperanza ancestral de Israel. Sorprendidos porque no habían recibido ninguna información de Jerusalén sobre Pablo, los judíos decidieron escucharlo.

 

Lee Hechos 28:22. ¿Qué nos dice esto sobre la hostilidad contra los creyentes todavía en esta época? ¿Cómo podemos permanecer fieles incluso cuando los demás hablan en contra de nuestra fe?

 

Espíritu de profecía

 

Muchos de los judíos que fueran expulsados de Roma varios años antes, habían recibido permiso de volver, de modo que se encontraban allí  en gran  número.  A  éstos,  ante  todo,  decidió  Pablo  presentar  los hechos concernientes a sí mismo y a su obra, antes que sus enemigos tuvieran oportunidad de pre disponerlos en su contra. Por lo tanto, tres días después de su llegada a Roma, llamó a sus hombres principales, y en una manera sencilla y directa les explicó por qué llegaba a Roma en calidad de preso... No dijo nada del maltrato que había sufrido a manos de los judíos, o de  los  repetidos  complot  para  asesinarle. Sus  palabras  revelaron prudencia y bondad. No estaba buscando atención o simpatía personal, sino defender la verdad y mantener el honor del evangelio (Los hechos de los apóstoles, p. 359).

Se  nos  ofrecen  los  mayores  incentivos  a  ser  Fieles,  los  más  altos motivos,  las  más  gloriosas recompensas.  Los  cristianos  han  de  ser  representantes de Cristo, hijos e hijas de Dios. Son sus joyas, sus tesoros peculiares.  Acerca  de  todos  los  que  se  mantengan  firmes,  declara:

Andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos” [Apocalipsis 3:4]. Los que lleguen a los portales de la bienaventuranza eterna no considerarán demasiado grande ningún sacrificio que hayan hecho.

Dios  le  ayude  a  soportar  la  prueba,  y  a  conservar  su  integridad. Aferrase por la fe a Jesús. No  falte a su Redentor (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pp. 345, 346).

El  cumplimiento  de  todo  deber  como  para  el  Señor  rodea  de  un encanto especial aun los menesteres más humildes, y vincula a los que trabajan en la tierra con los seres santos que hacen la voluntad de Dios en el cielo.

El éxito que se ha de obtener en esta vida, el éxito que nos asegurará la  vida  futura,  depende  de que  hagamos  fiel  y  concienzudamente  las cosas  pequeñas.  En  las  obras  menores  de  Dios  no se  ve  menos  perfección que en las más grandes. La mano que suspendió los mundos en el espacio es la que hizo con delicada pericia los lirios del campo. Y así como  Dios  es  perfecto  en su  esfera,  hemos  de  serlo  nosotros  en  la nuestra...  Y  la  fidelidad  debe  caracterizar  nuestra  vida tanto  en  los detalles  insignificantes  como  en  los  mayores.  La  integridad  en  las cosas pequeñas, la ejecución de actos pequeños de fidelidad y bondad alegrarán la senda de la vida; y cuando hayamos acabado nuestra obra en la tierra, se descubrirá que cada uno de los deberes pequeños ejecutados  fielmente  ejerció  una  influencia  benéfica  imperecedera (Patriarcas y profetas, p. 620).

El cristiano tiene el deber de no permitir que lo moldeen ni el medio en  que  vive  ni  las  circunstancias  que  lo  rodean;  pero  debe  vivir  por encima del ambiente y modelar su carácter de acuerdo con el Modelo divino. Debe ser fiel dondequiera que se halle. Ha de cumplir fielmente con  sus  deberes,  cultivando  las  oportunidades  que  Dios  le  ha  dado  y aprovechando sus capacidades al máximo...

La fidelidad, la economía, el cuidado, la cabalidad, deberían caracterizar nuestro trabajo, no importa dónde nos encontremos... o dondequiera nos toque trabajar en la viña del Señor (Exaltad a Jesús, p. 239).

 

Jueves 27 de septiembre:

La victoria del evangelio

 

En un día establecido, los judíos acudieron en masa a escuchar la presentación del evangelio por parte de Pablo (Hech. 28:23).

 

Lee Hechos 28:24 al 31. ¿Cuál fue el argumento de Pablo al citar a Isaías en este contexto?

 

La cita de Isaías 6:9 y 10 describe lo que sucede cuando las personas se niegan a aceptar el mensaje divino. Aunque algunos judíos creyeron, otros no; y así, debido a esta gran disputa, el apóstol no tuvo más remedio que enfocarse en los gentiles una vez más (Hech. 13:46, 47; 18:6).

Pablo tuvo que esperar dos años para ser juzgado por el emperador. Mientras tanto, aunque limitado a su prisión domiciliaria, aún podía compartir el evangelio sin obstáculos con quienes se acercaban a él. La última escena de Hechos enfatiza la victoria del evangelio, ya que ninguna fuerza, ni judía ni romana, pudo detener su progreso.

No queda claro por qué Lucas termina su libro a esta altura, ya que hay evidencias de que, debido a la fragilidad de los argumentos contra Pablo, fue liberado de este encarcelamiento, emprendió otro viaje misionero y nuevamente lo llevaron a Roma y lo ejecutaron (2 Tim. 4:6-8). Quizá, desde el punto de vista del propósito literario de Lucas, como el evangelio se había predicado incluso en la lejana Roma, ya había alcanzado “hasta lo último de la tierra” (Hech. 1:8).

“La paciencia y el gozo de Pablo, su ánimo y fe durante su largo e injusto encarcelamiento, eran un sermón continuo. Su espíritu, tan diferente del espíritu del mundo, testificaba que moraba en él un poder superior al terrenal. Y por su ejemplo, los cristianos fueron impelidos a defender con mayor energía la causa de cuyas labores públicas Pablo había sido retirado. De esa manera las cadenas del apóstol fueron influyentes, a tal grado que cuando su poder y utilidad parecían haber terminado, y cuando según todas las apariencias menos podía hacer, juntó gavillas para Cristo en campos de los cuales parecía totalmente excluido” (HAp 370).

No obstante, desde el punto de vista de la misión de la iglesia, podría decirse que el libro de Hechos (o la historia de la difusión del evangelio) aún no ha terminado, y es aquí donde cada uno de nosotros entra en escena. Se han escrito capítulos mucho más emocionantes y dramáticos a lo largo de los siglos, a veces con la sangre de los fieles testigos de Dios. Ahora es nuestro turno de agregar un capítulo más, el último, y llevar la misión que Jesús dejó con los discípulos a su pleno cumplimiento; “y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). 

 

Espíritu de profecía

 

Pablo  declaró  que...  Había  rechazado  a  Jesús  de  Nazaret  como impostor,  porque  no  se ajustó  a  ese  concepto.  Pero  ahora  sus  ideas tocantes a Cristo y su misión eran mucho más espirituales y exaltadas, porque  había  experimentado  la  conversión.  El  apóstol  afirmó  que  no le presentaba a Cristo según la carne. Herodes vio a Cristo en los días de  su  humanidad;  Anás también  lo  vio,  y  asimismo  Pilato  y  los  sacerdotes y gobernantes, y los soldados romanos. Pero ellos no le vieron con  los  ojos  de  la  fe,  como  al  Redentor  glorificado.  Comprender  a Cristo por fe y tener un conocimiento espiritual de él era más deseable que  una  relación personal  con  él  tal  como  apareció  en  la  tierra.  La  comunión  con  Cristo  que  Pablo  gozaba  ahora,  era más  íntima,  duradera, que un mero compañerismo terrestre y humano.

Mientras Pablo hablaba de lo que conocía y testificaba de aquello que había visto concerniente a Jesús de Nazaret como la esperanza de Israel, los que honradamente buscaban la verdad fueron convencidos.

Sobre algunas mentes, por lo menos, sus palabras hicieron una impresión  que  jamás  se  borró. Pero  otros  rehusaron  tercamente  aceptar  el claro testimonio de las Escrituras, aun cuando les fuera presentado por uno  que  tenía  la  iluminación  especial  del  Espíritu  Santo.  No  podían  refutar sus argumentos, pero rehusaron aceptar sus conclusiones (Los hechos de los apóstoles, pp. 360, 361).

Así,  aunque  aparentemente  ajeno  a  la  labor  activa,  Pablo  ejerció más  amplia  y  duradera influencia  que  si  hubiese  podido  viajar  libremente de iglesia en iglesia como en años anteriores. Como preso del Señor, era objeto del más profundo afecto de parte de sus hermanos; y sus  palabras,  escritas  por  quien  estaba  en  cautiverio  por  la  causa  de Cristo, imponían mayor atención y respeto que cuando él estaba personalmente con ellos. Hasta que Pablo les fue quitado, los creyentes no se dieron cuenta de cuán pesadas eran las cargas que había soportado por  ellos. En  otros  tiempos  se  habían  excusado  en  gran  parte  de  las responsabilidades porque  les  faltaba  su  sabiduría,  tacto  e  indomable energía; pero ahora, abandonados a su inexperiencia para aprender las lecciones que habían rehuido, apreciaron sus amonestaciones, consejos e instrucciones como no los habían estimado durante su obra personal.

Al  informarse  de  su  valentía  y  fe  durante  su  largo  encarcelamiento, fueron estimulados a una mayor fidelidad y celo en la causa de Cristo (Los hechos de los apóstoles, p. 362).

Todo el que ha recibido a Cristo está llamado a trabajar por la salvación de sus prójimos. “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven”...

Es un error fatal suponer que la obra de salvar almas depende solamente  del  ministerio.  El  humilde  y  consagrado  creyente  a  quien  el Señor de la viña le ha dado preocupación por las almas, debe ser animado por los hombres a quienes Dios ha confiado mayores responsabilidades. Los dirigentes de la iglesia de Dios han de comprender que la comisión del Salvador se da a todo el que cree en su nombre (Los hechos de los apóstoles, p. 90).  

 

Viernes 28 de septiembre

 

Para Estudiar y Meditar:

 

“Cristo dio a la iglesia un encargo sagrado. Cada miembro debe ser un medio por el cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que el Salvador desee tanto como tener agentes que quieran representar al mundo su Espíritu y su carácter. No hay nada que el mundo necesite tanto como la manifestación del amor del Salvador por medio de seres humanos. Todo el cielo está esperando a los hombres y a las mujeres por medio de los cuales pueda Dios revelar el poder del cristianismo” (HAp 479).

 

“Largo tiempo ha esperado Dios que el espíritu de servicio se posesione de la iglesia entera, de suerte que cada miembro trabaje por él según su capacidad. Cuando los miembros de la iglesia de Dios efectúen su labor señalada en los campos menesterosos de su país y del extranjero, en cumplimiento de la comisión evangélica, pronto será́ amonestado el mundo entero, y el Señor Jesús volverá́ a la tierra con poder y grande gloria” (HAp 91).

 

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿Cómo describe Lucas la fe que Pablo tuvo en Dios durante todo el viaje a Roma? Esa fe incondicional, ¿cómo afectó a los demás?
  2. A pesar de todo lo que había pasado, Pablo nunca abandonó su fe ni su misión. En Roma, siguió predicando a pesar de su libertad restringida. ¿Qué podemos hacer cuando nos tientan a renunciar a la proclamación del evangelio?
  3. Lee Romanos 1:14 y 15. ¿Por qué Pablo sentía la obligación de predicar el evangelio a todos? Nosotros, ¿estamos menos obligados que él? Considera esta declaración: “Ganar almas debiera constituir la obra de la vida de todo aquel que profesa seguir a Cristo. Somos deudores ante el mundo por la gracia que Dios nos ha dado, por la luz que ha brillado sobre nosotros, y por la belleza y el poder que hemos descubierto en la verdad” (TI 4:56).
  4. Vuelve a leer el pasaje de Isaías que utilizó Pablo. ¿Cómo podría aplicarse esta idea a nosotros? Sí, hemos recibido mucho conocimiento de la verdad, pero si nos resistimos a ella, o incluso a aspectos que podrían estar reñidos con nuestros propios deseos, ¿qué peligro espiritual podríamos correr?
  5. Imagina que eres el soldado encadenado a Pablo. ¿Qué crees que vio en el hombre al que estaba tan estrechamente ligado?
 

 Nuestros agradecimientos al apoyo y equipo del Hno. Tony García Sarabia. 

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