Estudio avanzado para Maestros, con la "Guía de Estudio de la Biblia"

Letra Negra: Lección de la ES

Letra Azul: Espíritu de Profecía


Lección 12:  Para el 21 de Septiembre de 2019

  

Amar misericordia  

 

 

 

Sábado 14 de septiembre

Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 6:25-33Santiago 1:5-82:1516Isaías 52:71 Juan 3:16-18Isaías 58:1-10.

Para Memorizar: “Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo. El hombre de bien tiene misericordia, y presta; gobierna sus asuntos con juicio” (Sal. 11:45).

Como hemos visto, la Biblia está llena de fervorosas descripciones del interés de Dios por los pobres y oprimidos, y también de llamados a su pueblo a trabajar en favor de ellos. A pesar de la atención que se le da a estos temas, este mandato bíblico solo ha tenido un cumplimiento esporádico y parcial, y se completará solo con la venida de Cristo y los acontecimientos sobrenaturales que le siguen.

Mientras tanto, el mal persiste en muchas formas, alimentado por las oscuras influencias espirituales del diablo y sus ángeles. Este mal a menudo se hace más visible en la pobreza, la violencia, la opresión, la esclavitud, la explotación, el egoísmo y la codicia. En un mundo así, nuestra comunidad, nuestra iglesia y nuestra familia deben luchar contra estos males sin importar lo difícil que sea a veces. En respuesta al amor y los mandamientos de Dios, viviendo a la luz del ministerio y el sacrificio de Jesús y capacitados y guiados por la presencia del Espíritu Santo, debemos ser compasivos, creativos y valientes mientras tratamos de “hacer justicia, y amar misericordia, y humillar[nos] ante [nuestro] Dios” (Miq. 6:8). 

 

Espíritu de Profecía

Nuestro Salvador experimentaba una tierna simpatía por los pobres y dolientes. Y si nosotros somos seguidores de Cristo debemos cultivar también la compasión y la simpatía. El amor por la humanidad doliente debe reemplazar a la indiferencia por la aflicción humana. La viuda, el huérfano, el enfermo y el moribundo, siempre necesitarán que se les ayude. Entre ellos existe una dorada oportunidad para proclamar el evangelio y para poner en alto el nombre de Jesús, la única esperanza y consolación del ser humano. Cuando la persona que sufre obtiene sanidad, y se ha demostrado un interés viviente por el alma afligida, entonces el corazón se abre y se puede derramar el bálsamo celestial sobre él. Si acudimos a Jesús y obtenemos de él conocimiento, fortaleza y gracia, podremos

impartir su consuelo a los demás, porque el Consolador está con nosotros (Consejos sobre la salud, p. 34).

 

Este es el servicio que Dios ha escogido: “Desatar las ligaduras de impiedad, deshacer los haces de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo … y no te escondas de tu carne”. [Isaías 58:6, 7] Cuando comprendáis que sois pecadores salvados solamente por el amor de vuestro Padre celestial, sentiréis tierna compasión por otros que están sufriendo en el pecado. No afrontaréis más la miseria y el arrepentimiento con celos y censuras. Cuando el hielo del egoísmo de vuestros corazones se derrita, estaréis en armonía con Dios, y participaréis de su gozo por la salvación de los perdidos.

 

Es cierto que pretendes ser hijo de Dios, pero si esta pretensión es verdadera, es “tu hermano” el que “muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado”. Está unido a ti por los vínculos más estrechos; porque Dios lo reconoce como hijo. Si niegas tu relación con él, demuestras que no eres sino asalariado en la casa, y no hijo en la familia de Dios (Palabras de vida del gran Maestro, p. 166).

 

Ningún miembro de la familia puede encerrarse en sí mismo, donde otros miembros de la familia no sientan su influencia y espíritu. La misma expresión de su semblante ejerce una influencia para bien o para mal. Su espíritu, sus palabras, sus acciones y su actitud hacia los demás son evidentes… mientras que si está henchido del amor de Cristo, manifestará cortesía, bondad, tierna consideración por los sentimientos ajenos y por sus actos de amor comunicará a quienes le traten una emoción feliz de ternura y agradecimiento. Será evidente que vive para Jesús y aprende diariamente lecciones a sus pies al recibir su luz y su paz. Podrá decir al Señor: “Tu mansedumbre me ha engrandecido” (El hogar cristiano, p. 27).

 

 

Domingo 15 de septiembre:

Las prioridades del reino

Como dejaron en claro las enseñanzas de Jesús y los autores del Nuevo Testamento, quienes deciden vivir como miembros del Reino de Dios lo hacen con un conjunto de valores y prioridades diferentes de los del mundo.

Lee Mateo 6:25 al 33. ¿Cuál es la seguridad que nos dan en estos versículos y cómo debería impactar esta seguridad en nuestras prioridades?

 

Jesús enseñó que “la vida [es] más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido” (Mat. 6:25). Estas cosas son importantes, por supuesto, pero debemos verlas a la luz del Reino de Dios; lo que significa que debemos volver a priorizar nuestra vida en forma real y práctica. Cuando reconocemos en toda la Biblia el llamado a enaltecer y cuidar a los demás, este llamado también se convierte en una de nuestras prioridades para los que procuramos seguir los pasos de Jesús. Lo ideal es que este llamado nos ayude a enfocarnos menos en nosotros mismos y más en los demás.

Este conjunto de prioridades diferentes también cambia nuestra relación con los que ejercen poder sobre nosotros y sobre los oprimidos. Si bien la Biblia instruye a los cristianos a respetar y obedecer a sus gobernantes en la medida de lo posible (ver, p. ej., Rom. 13:1-7), también llega un punto en el que necesitamos hacernos eco de las palabras de Pedro: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29). Jesús equilibró estos dos principios en su respuesta a los que intentaron engañarlo con esta pregunta: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mat. 22:21).

Quienes están en el poder, ya sean gobernantes o de otra índole, a menudo imponen ese poder y lo conservan mediante amenazas o por la fuerza. Como hemos visto en la vida de Jesús, vivir fielmente no siempre requiere pasividad ante el mal en cada situación. Por ejemplo, al tratar con la esclavitud en los Estados Unidos, Elena de White escribió: “Cuando las leyes de los hombres entran en conflicto con la Palabra y la Ley de Dios, hemos de obedecer a estas últimas, cualesquiera que sean las consecuencias. No hemos de obedecer la ley de nuestro país que exige la entrega de un esclavo a su amo; y debemos soportar las consecuencias de su violación. El esclavo no es propiedad de hombre alguno. Dios es su legítimo dueño, y el hombre no tiene derecho de apoderarse de la obra de Dios y llamarla suya” (TI 1:185).

¿Dónde está la línea entre obedecer a las autoridades y defender a quienes podrían ser víctimas de una autoridad opresiva?

 

Espíritu de Profecía

¡Ojalá que un espíritu de sacrificio se posesionara de cada iglesia, y así toda alma que está cerca o lejos aprendiera el valor del dinero, y lo usara mientras puede, y dijera: “De lo recibido de tu mano te damos, Señor”. 1 Crónicas 29:14 .

 

No tenemos tiempo para prestar una preocupante consideración a lo que comeremos y beberemos, y a con qué nos cubriremos. Vivamos en forma sencilla, y trabajemos con sencillez. Vistámonos de una manera tan modesta y apropiada que seamos recibidos dondequiera que vayamos. Las joyas y los vestidos costosos no nos darán influencia. Pero el ornamento de un espíritu manso y pacífico —resultado de la devoción al servicio de Cristo— nos dará poder con Dios. La bondad y la consideración en favor de los que nos rodean son cualidades preciosas a la vista del cielo. Si no habéis dado atención a la tarea de adquirir estas gracias, hacedlo ahora, porque no tenéis tiempo que perder (Mensajes selectos, t. 3, pp. 283, 284).

 

Delante de nosotros hay tiempos que probarán el alma de los hombres, y habrá necesidad de velar, de [practicar] la correcta clase de ayuno. Este no será como el ayuno de los fariseos. Sus ayunos consistían en ceremonias externas. No humillaban el corazón ante Dios. Estaban llenos de amargura, envidia, malicia, contienda, egoísmo y justicia propia. Inclinaban la cabeza simulando humildad, pero eran codiciosos, llenos de estima y de importancia propias. En espíritu eran opresores, exigentes y orgullosos…

 

Todos los que son leales a Dios y a la verdad deben mantenerse firmemente de parte de lo correcto porque es correcto. Juntarse con los que no son consagrados, y aún ser leales a la verdad, es sencillamente imposible. No podemos unirnos con los que se complacen a sí mismos, que se ocupan de planes mundanales, sin perder nuestra relación con el Consejero celestial. Podemos recuperarnos de la trampa del enemigo, pero quedamos lastimados y heridos, y se ha empequeñecido nuestra vida espiritual_ _(Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, pp. 1061, 1062).

 

Las cualidades que brillan con mayor resplandor en los reinos del mundo, no tienen lugar en el reino espiritual de Cristo. Todo lo que es altamente estimado entre los hombres, y que le produce exaltación a su poseedor, como casta, rango, posición o riqueza, no se cotiza en el reino espiritual…

 

Los que hayan actuado por egoísmo y ambición humana, los que hayan luchado por ser los mayores, los que han manifestado importancia propia, los que se han sentido por encima de la confesión de equivocaciones y errores, no tendrán lugar en el reino de Dios. Si los hombres han de ser honrados como miembros de la real familia de Dios, lo será por la forma en que soportaron la prueba de Dios que se les impuso en esta vida…

 

El carácter que nosotros revelemos ahora es el que decide nuestro destino futuro. La felicidad del cielo se hallará poniéndose en conformidad con la voluntad de Dios, y si los hombres llegan a ser miembros de la familia real en el cielo es porque éste ha comenzado con ellos en la tierra. Han atesorado la mentalidad de Cristo, [y] se los hará miembros de la familia real del cielo (God’s Amazing Grace, p. 60; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, p. 60). 

 

 

Lunes 16 de septiembre:

Fatiga por compasión

Al resistirnos a la posibilidad de permitir que nuestras buenas intenciones se vean desbordadas por “todos los problemas del mundo”, a muchos nos gustaría hacer más para marcar la diferencia en la vida de los que sufren. Existen varias actitudes y actividades que pueden ayudarnos a dar respuestas positivas a los necesitados.

Compasión: Como hemos visto, el primer paso hacia la acción es reconocer y empatizar con el dolor de los que sufren. Necesitamos fomentar y conservar nuestra sensibilidad por el sufrimiento. En la actualidad, la gente habla de “fatiga por compasión” o “desgaste por empatía”: la idea de que estamos tan expuestos al dolor y la tragedia que muchos nos cansamos de las tantas causas que requieren nuestra energía emocional y apoyo financiero. Jesús era muy consciente del mal y el dolor que lo rodeaba; sin embargo, siguió siendo compasivo. Así también nosotros.

Educación: Debido a que muchas situaciones de injusticia y pobreza son complicadas, es importante escuchar y aprender lo que podamos sobre estas situaciones. Ha habido muchos ejemplos de gente bien intencionada que ha causado daños en la vida de los demás al tratar de ayudar. Si bien esto no es una excusa para la inacción, debemos tratar de involucrarnos de manera informada y reflexiva.

Oración: Cuando vemos un problema, nuestro primer pensamiento es tomar medidas “prácticas”. Pero la Biblia nos recuerda que la oración es práctica. Podemos marcar la diferencia en la vida de los pobres y oprimidos al orar por ellos y por quienes ejercen poder sobre ellos (ver 1 Tim. 2:12), así como pedir consejo a Dios sobre cómo podemos buscar mejores respuestas para ofrecer ayuda (ver Prov. 2:78).

Expectativas: Otro elemento importante en la obra de aliviar el sufrimiento es tener expectativas adecuadas, dada la complejidad de las circunstancias sociales, políticas y personales. Nuestro deseo debiera ser ofrecer opciones y oportunidades que de otra manera la gente no habría tenido. A veces, lo que la gente haga con estas oportunidades nos decepcionará, pero debemos respetar esas decisiones. Más allá de la forma en que intentemos trabajar a favor de los que sufren, nuestro principio rector debe ser: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mat. 7:12).

Lee Santiago 1:5 al 8. ¿Qué papel debe desempeñar la oración en la acción cristiana? ¿Qué sugiere Santiago 2:15 y 16 acerca de cómo podemos contribuir para que nuestras oraciones por los demás sean respondidas?

 

Espíritu de Profecía

No nos cansemos de hacer bien. Sometamos enteramente nuestro corazón a las enseñanzas de la Palabra… De acuerdo con nuestra fe en el mensaje, será nuestro fervor y nuestro poder para promover el conocimiento de Jesucristo. Hemos de llegar a ser “coadjutores” de Dios, “creciendo en la obra del Señor siempre”.

 

Cada día de nuestra vida hacemos frente a nuevas obligaciones. La terminación de un deber es el comienzo del otro. Nuestra vida ha de emplearse en un solemne servicio en favor del Maestro. Somos los siervos del Señor. Los miembros de la iglesia de Cristo han de ser ejemplos de una vida de servicio, una vida de completa obediencia a nuestro gran Ejemplo (Hijos e hijas de Dios, p. 267).

 

Los siervos de Dios deben utilizar todos los medios a su alcance para engrandecer su reino. El apóstol Pablo declara que “es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad… que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres”. 1 Timoteo 2:3, 4, 1… Cada creyente está comprometido a unirse con sus hermanos para proclamar la invitación: “Venid, que ya todo está preparado”. Lucas 14:17. Cada uno debe animar a los demás a realizar un trabajo de todo corazón. Una iglesia viviente está llamada a llevar a la gente invitaciones conmovedoras. Las almas sedientas han de ser conducidas al agua de la vida (Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 17).

 

Nuestra fortaleza y bendición espirituales estarán en proporción con el trabajo hecho con amor y con las buenas obras realizadas. El apóstol ordena: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. Gálatas 6:2. El cumplimiento de los mandamientos de Dios requiere de nosotros buenas obras, abnegación, sacrificio y dedicación al bienestar de los demás; pero esto no significa que solamente nuestras buenas obras nos salvarán, sino que ciertamente no podremos salvarnos sin buenas obras. Después de hacer todo lo que somos capaces de hacer, debemos decir: Únicamente hemos cumplido nuestro deber, y en el mejor de los casos somos siervos inútiles, indignos del favor más pequeño de Dios. Cristo debe ser nuestra justicia

 

En todo nuestro derredor se encuentran los que sienten hambre del alma, que anhelan el amor, expresado en palabras y acciones. La simpatía y el tierno interés por otros proporcionarán a nuestra alma bendiciones que no hemos experimentado, y nos pondrán en estrecha relación con nuestro Redentor, cuyo advenimiento al mundo fue con el propósito de hacer el bien, y cuya vida hemos de imitar. ¿Qué estamos haciendo por Cristo? (That I May Know Him, p. 334; parcialmente en A fin de conocerle, p. 333). 

 

 

Martes 17 de septiembre:

Generosidad

“Dios ama al dador alegre” (2 Cor. 9:7), y dar con generosidad es un aspecto importante de la vida cristiana. Si bien debemos permitir que la Biblia desafíe nuestras prioridades financieras y de donativos, la generosidad es más que solo poner dinero para una causa, por más honrosa que sea.

La generosidad es una de las mayores actitudes de la vida y una cualidad clave de “los que temen a Jehová” (Sal. 115:13), como se señaló varias veces en el Salmo 112: “Bien le va al que presta con generosidad, y maneja sus negocios con justicia” (Sal. 112:5, NVI).

¿Qué enseñan los siguientes textos sobre la generosidad hacia los necesitados? Levítico 25:35-37Salmo 119:362 Corintios 8:12-151 Juan 3:16-181 Timoteo 6:17-19.

 

En sus cartas del Nuevo Testamento, Pablo citaba regularmente la generosidad de Dios (expresada más plenamente cuando Jesús dio su vida por nosotros) como la fuente de la esperanza cristiana. A su vez, la muerte de Jesús en nuestro favor también es nuestra motivación para vivir siendo generosos con los demás: “Pido a Dios que el compañerismo que brota de tu fe sea eficaz para la causa de Cristo mediante el reconocimiento de todo lo bueno que compartimos” (File. 1:6, NVI).

La generosidad es una actitud hacia la vida, que es amplia, audaz y abarcadora. Demasiadas cosas en nuestra vida individual, en la sociedad y la cultura nos impulsan a centrarnos en nosotros mismos, a retener todo lo posible para nosotros. Y, seamos realistas: para la mayoría, el modo predeterminado es siempre yo, yo, yo de todos modos.

Si es auténtica, nuestra fe hará que muramos al yo y que vivamos más para los demás. Nuestra fe nos ayuda a imaginar el mundo y su gente como Dios los ve, tanto en su bondad como en su pecaminosidad, y nos impulsa a tratar de ayudar a los necesitados, en la medida de lo posible.

Como cualidad, la generosidad es realmente apreciada por los recaudadores de fondos y organizaciones benéficas. Esa generosidad es cuantificable y directamente práctica. Pero las donaciones cuantiosas no necesariamente indican una vida generosa (ver Mar. 12:41-44). Una vida generosa es más grande y más valiosa que cualquier donación. Necesitamos apreciar mejor y cultivar más un espíritu generoso en todo lo que hacemos. Para la mayoría, la generosidad no es algo natural; necesitamos expresar gracia en nuestra vida en forma preactiva y deliberada, sin importar la influencia de nuestra humanidad pecadora y egoísta.

Además de dar dinero, incluso con generosidad, ¿de qué otras formas debemos manifestar un espíritu generoso?

 

Espíritu de Profecía

Los actos de generosidad y benevolencia fueron concebidos por Dios para mantener tiernos y llenos de compasión los corazones de los hijos de los hombres, y para estimular en ellos un interés y afecto mutuo en imitación del Maestro, quien por nuestra causa se hizo pobre, para que a través de su pobreza nosotros fuéramos enriquecidos. La ley del diezmo fue fundada sobre un principio permanente y fue ideada para ser una bendición para el hombre.

 

El sistema de benevolencia fue dispuesto para prevenir el grave mal de la codicia. Cristo vio que en la práctica de los negocios el amor a las riquezas sería la mayor causa de la extirpación de la verdadera piedad del corazón. Vio que el amor al dinero congelaría en forma profunda y dura las almas de los hombres, deteniendo la corriente de impulsos generosos y cerrando sus sentidos a las necesidades del sufriente y el afligido (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 599, 600).

 

La liberalidad abnegada provocaba en la iglesia primitiva arrebatos de gozo; porque los creyentes sabían que sus esfuerzos ayudaban a enviar el mensaje evangélico a los que estaban en tinieblas. Su benevolencia testificaba de que no habían recibido en vano la gracia de Dios. ¿Qué podía producir semejante liberalidad sino la santificación del Espíritu? En ojos de los creyentes y de los incrédulos, era un milagro de la gracia.

 

La prosperidad espiritual está estrechamente vinculada con la liberalidad cristiana. Los seguidores de Cristo deben regocijarse por el privilegio de revelar en sus vidas la caridad de su Redentor. Mientras dan para el Señor, tienen la seguridad de que sus tesoros van delante de ellos a los atrios celestiales. ¿Quieren los hombres asegurar su propiedad? Colóquenla entonces en las manos que llevan las marcas de la crucifixión. ¿Quieren gozar de sus bienes? Úsenlos entonces para la bendición del necesitado y doliente. ¿Quieren aumentar sus posesiones? Escuchen entonces la orden divina: “Honra a Jehová de tu substancia, y de las primicias de todos tus frutos; y serán llenas tus trojes con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”. Proverbios 3:9, 10. Procuren retener sus posesiones para fines egoístas, y provocarán su ruina eterna. Pero den sus tesoros a Dios, y desde aquel momento llevarán estos su inscripción_ _(Los hechos de los apóstoles, p. 277).

 

Antes que Zaqueo mirara el rostro de Cristo, había iniciado la obra que ponía de manifiesto que era un verdadero penitente. Antes que fuera acusado por el hombre, había confesado su pecado. Se había rendido a la convicción del Espíritu Santo, y había empezado a seguir la enseñanza de las palabras escritas para el antiguo Israel tanto como para nosotros. El Señor había dicho hacía mucho tiempo: “Y cuando tu hermano empobreciere, y se acogiere a ti, tú lo ampararás: como peregrino y extranjero vivirá contigo. No tomarás usura de él, ni aumento; mas tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. No le darás tu dinero a usura, ni tu vitualla a ganancia”. “Y no engañe ninguno a su prójimo; mas tendrás temor de tu Dios” [Levítico 25:35-37]. Estas palabras habían sido pronunciadas por Cristo mismo cuando estaba envuelto en la columna de nube, y la primera respuesta de Zaqueo al amor de Cristo consistió en manifestar compasión hacia el pobre y doliente (El Deseado de todas las gentes, p. 508). 

 

 

Miércoles 18 de septiembre:

Trabajar por la paz

Lee Mateo 5:9. En la clase de mundo en el que vivimos, ¿cómo hacer lo que Jesús dice aquí? En última instancia, ¿cuánto éxito podemos tener? Ver Marcos 13:7.

 

Los conflictos violentos son una causa importante de sufrimiento. Los costos de la guerra incluyen las víctimas directas y las vidas destrozadas, la atención y los recursos que se destinan a la maquinaria militar que mejor sería destinarlos para aliviar otras necesidades humanas y el sufrimiento constante de los sobrevivientes y veteranos de guerra, inclusive entre los “vencedores”. Hay muchos conflictos más pequeños que dejan cicatrices en un sinnúmero de vidas en las familias y las comunidades. Por consiguiente, la pasión por la justicia no puede ignorar el mandato de ser pacificadores.

En la esencia del evangelio de Jesús encontramos el gran acto divino de pacificación para reconciliar a la humanidad pecaminosa con su Creador (ver 2 Cor. 5:18-21). Y la reconciliación que recibimos se convierte en la pauta para que nosotros también seamos “embajadores” de esta reconciliación para los demás.

Isaías 52:7. ¿Cómo ponemos en práctica este texto también?

 

El evangelio de la paz también se convierte en la motivación, la pauta y el recurso para trabajar por la paz en nuestro mundo violento: “El corazón que está en armonía con Dios es participante de la paz del cielo y esparcirá a todo su alrededor su influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y atribulados por las luchas de este mundo” (DMJ 27).

En el Sermón del Monte, Jesús dijo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mat. 5:9). Llevando este concepto más lejos, no solo ratificó el mandamiento de no matar, sino además dijo que no debemos enojarnos ni guardar rencor (ver Mat. 5:21-26) y que debemos amar a nuestros enemigos y orar por quienes nos persiguen (ver Mat. 5:43-48), lo que significa que debemos trabajar activamente para buscar el bien de ellos. Hay muchas historias inspiradoras de gente que ha dedicado su vida a trabajar por la paz en lugares del mundo con puntos conflictivos, brindando señales de reconciliación y curación, y a menudo aliviando gran parte de la injusticia y el sufrimiento que estos conflictos han causado.

¿Cuáles son las formas en que tu iglesia, a nivel local, podría actuar como pacificadora?

 

Espíritu de Profecía

El pecado ha destruido nuestra paz. Mientras el yo no sea subyugado, no podemos encontrar descanso. Ningún poder humano puede regir las dominantes pasiones del corazón. En esto somos tan impotentes como lo fueron los discípulos para dominar la rugiente tormenta. Pero Aquel que habló palabras de paz a las olas de Galilea ha hablado la palabra de paz a cada alma. No importa cuán fiera sea la tempestad, los que se vuelven a Jesús clamando “Señor, sálvanos”, hallarán liberación. La gracia de Jesús que reconcilia el alma con Dios aquieta la contienda de la pasión humana y en su amor halla descanso el corazón…

 

Todo el que consiente en renunciar al pecado y abre su corazón al amor de Cristo, se hace participante de este lugar celestial. No hay otro fundamento para la paz fuera de éste. La gracia de Cristo, recibida en el corazón, subyuga la enemistad; apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en paz con Dios y sus prójimos no puede ser desdichado. La envidia no estará en su corazón; no encuentran lugar allí las malas conjeturas; no puede existir el odio. El corazón que está en armonía con Dios es participante de la paz del cielo y difundirá por doquiera su bendita influencia. El espíritu de paz actuará como rocío sobre los corazones cansados y turbados con las contiendas mundanales (En los lugares celestiales, p. 37).

 

Dios derrama sus bendiciones sobre todos. Él “hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos”. “El es benigno para con los ingratos y malos” [Lucas 6:35]. Nos invita a ser como él. “Bendecid a los que os maldicen —dijo Jesús—, haced bien a los que os aborrecen, … para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos”. Tales son los principios de la ley, y son los manantiales de la vida (El Deseado de todas las gentes, p. 277).

 

El glorioso evangelio, el mensaje del amor redentor de Dios, debe llegar a toda la gente, y se debe manifestar en el corazón de los obreros. El tema de la gracia salvadora es un antídoto para la aspereza de espíritu. El amor de Cristo en el corazón se manifestará mediante una obra ferviente en favor de la salvación de las almas…

 

Sea presentado el evangelio como la Palabra de Dios para vida y salvación. El evangelio será ensalzado mediante la manifestación de un espíritu que obra por amor. “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz”. Isaías 52:7 (Cada día con Dios, p. 295). 

 

 

Jueves 19 de septiembre:

Una voz para los que no tienen voz

Salomón escribió que hay “tiempo de callar, y tiempo de hablar” (Ecl. 3:7). Tenía razón, y encontrar ese equilibrio no es sencillo para nadie. Sin embargo, en lo que respecta a hablar por los oprimidos, a ser una voz para los que no tienen voz y procurar vencer el mal con el bien, ¿es posible que como iglesia hayamos pecado por exceso de silencio cuando deberíamos haber hecho oír nuestra voz?

Los cristianos a menudo dicen que son las manos y los pies de Jesús, refiriéndose al llamado a servir en forma práctica a los demás como Jesús ordena. Pero en el papel profético, según lo demuestra la Biblia, el primer llamado de Dios es a que los hombres y las mujeres sean su voz y que, al hablar en nombre de Dios, también se pronuncien a favor de aquellos que Dios quiere defender (ver Sal. 146:6-10).

Lee Isaías 58:1 al 10. ¿Qué debiera decirnos hoy este mensaje (dado en un momento, lugar y contexto específicos) en otro momento, lugar y contexto? ¿Cuánto ha cambiado realmente entre la época en que Isaías escribió esto y nuestro mundo hoy?

 

El llamado de los profetas a la justicia nunca fue un camino que los condujo a la popularidad. Pero motivados por el cometido que Dios les encargó, al comprender la pasión de Dios por la justicia, al simpatizar con la situación de los pobres y oprimidos y buscar lo mejor para su sociedad, estos profetas se atrevieron a ser una voz para los que no tienen voz en su tiempo y espacio, a pesar de la oposición, la incomodidad y los peligros (ver 1 Ped. 3:17).

Sobre la base de nuestra interpretación del evangelio y el llamado a reflejar a Jesús ante el mundo, los adventistas del séptimo día también tenemos muchas cosas buenas que ofrecer para afrontar el mal en el mundo.

Por ejemplo: “Los adventistas creemos que las acciones destinadas a reducir la pobreza y las injusticias que conlleva constituyen una parte fundamental de nuestra responsabilidad social como cristianos. La Biblia revela claramente el interés especial que Dios tiene por los pobres y lo que espera que sus seguidores hagan a favor de los desvalidos. Todos los seres humanos llevamos la imagen de Dios y somos receptores de las bendiciones divinas (Luc. 6:20). Cuando trabajamos en beneficio de los pobres, seguimos el ejemplo y las enseñanzas de Jesús (Mat. 25:3536). Como comunidad espiritual, los adventistas abogamos por un trato justo hacia los pobres, levantamos nuestra voz a favor de ‘los que no tienen voz’ (Prov. 31:8, NVI) y en contra de los que ‘privan de sus derechos a los pobres’ (Isa. 10:2, NVI) y participamos con Dios en ‘hacer justicia a los pobres’ (Sal. 140:12, NVI)” (Declaración adventista oficial sobre la pobreza mundial, 24 de junio de 2010).

Espíritu de Profecía

[Jesús] ni una sola palabra pronunció en su defensa. Al fin, sus acusadores quedaron enredados, confundidos y enfurecidos. El proceso no adelantaba; parecía que las maquinaciones iban a fracasar. Caifás se desesperaba. Quedaba un último recurso; había que obligar a Cristo a condenarse a sí mismo. El sumo sacerdote se levantó del sitial del juez, con el rostro descompuesto por la pasión, e indicando claramente por su voz y su porte que, si estuviese en su poder, heriría al preso que estaba delante de él. “¿No respondes nada? —exclamó—, ¿qué testifican estos contra ti?”

 

Jesús guardó silencio. “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” [Isaías 53:7].

 

Por fin, Caifás, alzando la diestra hacia el cielo, se dirigió a Jesús con un juramento solemne: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios”.

 

Cristo no podía callar ante esta demanda. Había tiempo en que debía callar, y tiempo en que debía hablar. No habló hasta que se le interrogó directamente. Sabía que el contestar ahora aseguraría su muerte. Pero la demanda provenía de la más alta autoridad reconocida en la nación, y en el nombre del Altísimo. Cristo no podía menos que demostrar el debido respeto a la ley. Más que esto, su propia relación con el Padre había sido puesta en tela de juicio. Debía presentar claramente su carácter y su misión (El Deseado de todas las gentes, p. 653).

 

El que está constreñido por el amor de Cristo avanza entre sus semejantes para ayudar a los desamparados y alentar a los abatidos, para señalar a los pecadores el ideal que Dios tiene para sus hijos y para dirigirlos hacia él.

 

No debemos jamás ser indiferentes e insensibles, especialmente cuando tratamos con el pobre. Cortesía, benevolencia y compasión se deben demostrar a todos. La parcialidad hacia el rico desagrada a Dios. Jesús es menospreciado cuando se desatiende a sus hijos necesitados. Ellos no son ricos en bienes de este mundo pero son caros a su amante corazón (En los lugares celestiales, p. 236).

 

Vi que en la providencia de Dios las viudas y los huérfanos, los ciegos, los sordos, los cojos y los afligidos en una diversidad de formas, han sido colocados en estrecha relación cristiana con su iglesia, para probar a su pueblo y desarrollar su verdadero carácter. Los ángeles de Dios están observando para ver cómo tratamos a estas personas que necesitan nuestro apoyo, amor y benevolencia desinteresada. Así es como Dios prueba nuestro carácter. Si profesamos la verdadera religión de la Biblia, sentiremos que tenemos con Cristo una deuda de amor, bondad e interés en favor de sus hermanos; y no podemos menos que evidenciar nuestra gratitud por el amor inmensurable que nos mostró mientras éramos pecadores indignos de su gracia, teniendo un profundo interés y un amor desinteresado por aquellos que son nuestros hermanos y que son menos afortunados que nosotros (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 561). 

 

 

Viernes 20 de septiembre

Para Estudiar y Meditar:

Lee “Una experiencia de índole superior”, en El ministerio de curación, pp. 403-413; “Nuestro deber hacia los desafortunados” y “El deber del hombre hacia sus semejantes”, en Testimonios para la iglesia, t. 3,pp. 561-585; y “Trabajando por Cristo”, en Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 22-35.

“Podemos buscar por cielo y por tierra, y no encontraremos verdad revelada más poderosa que la que se manifiesta en obras de misericordia hacia quienes necesitan de nuestra simpatía y ayuda. Esta es la verdad tal como es en Jesús. Cuando los que profesan el nombre de Cristo practiquen los principios de la regla de oro, acompañará al evangelio el mismo poder de los tiempos apostólicos” (DMJ 16).

“Un amor supremo hacia Dios y un amor abnegado hacia nuestros semejantes es el mejor don que nuestro Padre celestial puede conferirnos. Tal amor no es un impulso, sino un principio divino, un poder permanente. El corazón que no ha sido santificado no puede originarlo ni producirlo. Únicamente se encuentra en el corazón en el cual reina Cristo. […] Ese amor, cuando uno lo alberga en el alma, endulza la vida, y esparce una influencia ennoblecedora en su derredor” (HAp 440).

Preguntas para Dialogar:

  1. Como hemos visto en el estudio de esta semana, el evangelio sigue siendo el modelo y la motivación para actuar en favor de los demás, como lo hizo Jesús en nuestro favor. ¿Cuánto ha expandido este tema tu comprensión y tu aprecio por las buenas nuevas de lo que Dios ha hecho por nosotros y en cómo nos muestra su amor?
  2. Alzar la voz por los que no tienen voz, participar en actividades pacifistas o similares nos coloca en ámbitos públicos y políticos. Sin embargo, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha sido defensora de la separación de la iglesia y el Estado. ¿Cuál es la diferencia entre una participación política inadecuada y hablar y trabajar en favor de la paz de manera pública?
  3. ¿Qué paso o medida que analizamos en el estudio de esta semana te gustaría adoptar en tu vida y en tu comunidad? ¿Cómo podrías lograrlo?
  4. ¿Por qué motivo relacionado con la maldad y la opresión en tu comunidad o en el mundo en general has decidido orar?

Resumen: Ser seguidores de Jesús nos cambia la vida de muchas maneras, e incluso nos infunde entusiasmo para sumarnos a la preocupación activa de Dios por los pobres y los oprimidos. Si bien nunca será una tarea fácil ni popular, esto cambiará nuestras prioridades y nos motivará a adoptar medidas activas para curar el sufrimiento del mundo que nos rodea.

 

Espíritu de Profecía

Lee Ministerio de curación, “Una experiencia de índole superior”, pp. 403-412. 

 

RESEÑA

Nosotros no generamos misericordia: reflejamos la misericordia de Dios. La misericordia es parte de la respuesta de Dios a la fragilidad humana. Además, Dios muestra misericordia a través de sus siervos. La palabra hebrea para “misericordia” es hesed, que significa “amor leal” o “bondad amorosa”. La palabra griega es eleos, que significa tener una profunda preocupación por el bienestar de los demás. Es una cualidad divina que encontramos tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Es notorio que, en las instrucciones para la construcción del Santuario del Antiguo Testamento, en Éxodo 25, Dios le haya dicho a Moisés que construya un “propiciatorio” [“asiento de la reconciliación”, JBS] de oro puro como cubierta para el arca del pacto en el Lugar Santísimo (vers. 21), aunque “propiciatorio” es una palabra diferente de hesed.

En esta lección, hallaremos certezas bíblicas de que quienes sirven a Dios pueden librarse de las preocupaciones para enfocarse en las prioridades del reino. Examinaremos las actitudes y estrategias que guían a los misericordiosos y generosos para hacer frente a los desafíos y oportunidades de servicio. Tomaremos nota del llamado y el papel de los misericordiosos para facilitar la reconciliación y el restablecimiento de la paz, así como el salir en defensa de quienes no tienen voz. Si tienes un ejemplar del Manual de la iglesia, consulta los consejos de la iglesia sobre el mantenimiento pacífico de una postura firme a favor de la justicia y el derecho en los asuntos cívicos.1

En clase, exploren el progreso de su iglesia para responder a las súplicas de misericordia. Traten de evaluar la efectividad de su iglesia en amar la misericordia y mostrarla.

 

COMENTARIO

Texto bíblico: Nuestro ministerio para el mundo no se circunscribe solo al ámbito de las doctrinas e ideas. Debe demostrarse en actos de misericordia, equidad, compasión y justicia. “La obra práctica tendrá mucho más efecto que el mero sermonear. Debemos dar alimento al hambriento, ropa al desnudo y albergue al que no tiene hogar. Y se nos llama a hacer más que esto. Únicamente el amor de Cristo puede satisfacer los deseos del alma” (PVGM 343).

El amor de Jesús y la prioridad de mostrar misericordia se evidencian claramente en sus parábolas y sus actos de sanidad, tanto física como espiritual. Por ejemplo, en la parábola de las ovejas y los cabritos en el tiempo del fin (Mat. 25:31-40), Jesús asocia la salvación con la ética misericordiosa. Este vínculo vuelve a surgir en la historia de la curación espiritual de Zaqueo. La misericordia y la gracia de Cristo conquistaron el corazón de Zaqueo. Zaqueo respondió prometiendo ser misericordioso, entregar la mitad de sus bienes a los pobres y restituir por cuadruplicado a quien hubiese estafado. Entonces Jesús le anunció: “Hoy ha venido la salvación a esta casa” (Luc. 19:9). Una vez más, Jesús vincula la salvación con la ética social misericordiosa, una prioridad del reino.

Al parecer, en su ministerio Jesús dedicó más tiempo a sanar que a enseñar, y regularmente mostraba misericordia al curar a los endemoniados, desfigurados, ciegos, sordos, mudos y los de espíritu herido. “La tendencia de las religiones de todos los tiempos ha sido preocuparse más por la religión que por la humanidad; Cristo se preocupó más por la humanidad que por la religión; en realidad, su preocupación por la humanidad fue la principal expresión de su religión”.2

Invita a los miembros de la clase a analizar las implicaciones de la cita anterior. Invítalos a leer Santiago 1:26 y 27; y 2:15 al 18 en voz alta como introducción al análisis.

 

Ilustración

Hacer justicia y amar misericordia (Miq. 6:8) puede parecer una tarea imposible a la luz de los problemas abrumadores y colosales de la sociedad.

Para analizar en clase: Tu iglesia ¿de qué modo puede remediar la fatiga por compasión (o el desgaste por empatía) al resistir la tentación de no hacer nada porque no puede hacer todo?

Se cuenta la historia de un niño que caminaba por una playa donde se encontró con cientos de estrellas de mar moribundas que el mar arrastró hasta la playa. El niño comenzó a arrojar las estrellas de mar al océano. Alguien lo vio y le dijo que no podía ayudar a todas esas estrellas de mar. Mientras arrojaba otra estrella al océano, respondió que lo poco que podía hacer marcaba la diferencia para esa estrella.

Aunque te canses y te sientas desbordado al tratar de ayudar a cada persona necesitada y en cada situación que se presenta, comienza con algo. Puedes marcar la diferencia para aquellos a quienes ayudas.

Textos bíblicos: Mostrar misericordia requiere educación porque muchas situaciones son complicadas y confusas. Con el tiempo, la misericordia colisionará con una fuerza opuesta: la injusticia. Contra esta fuerza abrumadora, los actos de misericordia pueden parecer deplorablemente inadecuados. ¿De qué sirven una taza de sopa y un emparedado cuando una adicción profunda controla la vida de una persona?

Tener que enfrentar inevitablemente la fuerza abrumadora de la injusticia puede ser la razón por la que la Biblia pone el mismo énfasis tanto en la misericordia como en la justicia. El designio básico de Dios para mostrar misericordia se resume en Miqueas 6:8, que instruye al pueblo de Dios a “hacer justicia, y amar misericordia”. Hacer justicia significa tratar a los demás con equidad y razonabilidad. Significa tomar decisiones que sean justas y razonables también. Amar misericordia significa ser compasivo, amable y perdonar a alguien sobre quien ejerces poder. Ejercer estas dos virtudes juntas, según el mandato de Miqueas, hace que nos involucremos en forma integral y motivadora con aquellos a quienes servimos. Por ejemplo, el adicto necesita comida y tratamiento. Los niños de la calle necesitan amistad y trabajo.

¿Cuáles son las implicaciones de los conceptos expresados arriba para la estrategia de servicio de tu iglesia? ¿Qué historias bíblicas de los milagros de sanidad de Jesús muestran a personas que cooperan con el Gran Médico en su curación/mejoría? Por ejemplo, ver Lucas 17:11 al 14; y Juan 5:1 al 9; Juan 8:2 al 11; y Juan 9:1 al 7.

 

Ilustración

Para ilustrar la importancia de pasar de la asistencia social (darle un pescado) al desarrollo personal (enseñarle a pescar), analiza la siguiente historia. ¿Qué pautas de generosidad se dan?

Un defensor de la reforma social coordinó un programa llamado “adopta a una familia”, para familias urbanas que no podían comprar regalos de Navidad para sus hijos. El día de Navidad, los donantes entregarían regalos a las familias de la ciudad que adoptaron. Una Navidad, el organizador de este programa estaba en las casas de las familias necesitadas cuando llegaron los donantes de este programa de adopción de familias. Los niños estaban muy emocionados y felices con los regalos bellamente envueltos, pero las madres se mantenían reservadas, aunque amables. Si había un papá en la casa, desaparecía por la puerta de atrás cuando veía que se acercaban los donantes de obsequios. Estos padres sufrían de pérdida de dignidad y orgullo. Su fracaso como proveedores para sus hijos quedaba en evidencia en su propia casa.

Después de esta experiencia, la organización de este programa abrió una tienda familiar. En lugar de entregar regalos envueltos a sus familias adoptivas de la ciudad, se les pidió a los compasivos donantes que llevaran un regalo sin envolver a la tienda familiar, donde se montó una tienda de juguetes para Navidad. Se colocó un precio bajo en cada artículo. Se invitó a los padres de la comunidad a la tienda navideña. Quienes no tenían dinero, podían trabajar en la tienda para ganar lo necesario para comprar regalos para su familia, ya que se había generado un flujo de fondos al vender las donaciones. En Navidad, los padres pudieron experimentar la alegría de ver a sus hijos abrir regalos que ellos mismos les habían entregado con sus propias manos. El nombre del programa dejó de ser “Adopta una familia” para llamarse “Orgullo para padres”. ¡Permitamos que los pobres también den!

Textos bíblicos: La pacificación es un acto de misericordia. Por su misericordia, Jesús ofrece paz a los atribulados de espíritu (Juan 14:27). Dios nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo. Él le ha dado a su pueblo el “ministerio de la reconciliación” (2 Cor. 5:18) para ayudar a promover la paz entre la gente en cumplimiento de su mandato: “Procuren vivir en paz con todos” (Heb. 12:14, RVC). Dios incluso instruyó a los israelitas: “Procuren la paz de la ciudad a la que permití que fueran llevados” (Jer. 29:7, RVC).

La pacificación está relacionada con pertenecer a la familia de Dios (Mat. 5:9). Quienes fomentan la paz mesiánica de Dios recibirán la recompensa de ser sus hijos e hijas, ya que reflejan su carácter. Esta paz se basa en la palabra hebrea shalom, que significa bienestar total, personal y comunitario.3 Dios quiere que su pueblo lleve este shalom a las comunidades en las que sirve.

Pídele a la clase que comparta formas en las que su iglesia ha sido pacificadora, tanto en el ámbito interno como el externo.

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Los bienintencionados y los misericordiosos pueden convertir los intentos de mostrar misericordia en “caridad tóxica”. La misericordia no es un fin, sino solo la puerta, una oportunidad para marcar la diferencia. La misericordia que no avanza en la misma dirección que la justicia (que incluye el desarrollo de los destinatarios de nuestra misericordia) hará más mal que bien tanto al receptor como al dador. Hacer algo por, en lugar de hacerlo con quienes lo necesitan, muy a menudo produce caridad tóxica. Debemos creer profundamente que cada persona, cada comunidad, sin importar cuán fragmentada esté, tiene algo valioso para aportar. Hacer por una comunidad lo que esta puede hacer por sí misma es perjudicial para la vida de la comunidad, como también para la persona. Solución: la intervención misericordiosa no debe ser impulsada ni dirigida por voluntarios sino por la comunidad.

Si la clase es grande, divídela en parejas para analizar en clase ideas para aplicar los conceptos antes mencionados en la vida real. Que los alumnos realicen una dramatización donde inician un proyecto para satisfacer una necesidad que hayan descubierto en la comunidad. O que evalúen una intervención comunitaria existente con la que estén familiarizados. Pídeles también que consideren estas preguntas (escriban sus ideas en las líneas provistas):

1. ¿Cuántos líderes autóctonos (es decir, locales, nativos) capaces hay detrás del esfuerzo?

2. El programa ¿muestra que el objetivo primordial es la autosuficiencia definitiva del vecindario?

3. ¿En qué medida el plan emana de la iglesia local, que se asocia con entidades de la comunidad?

4. El plan ¿promueve la interdependencia antes que la dependencia continua?
Para terminar, que los miembros de la clase compartan con todo el grupo lo que analizaron.

Referencias

1 Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Manual de la iglesia, 7ª edición (ACES, 2015), pp. 139, 140.

2 Henry Drummond, The Programme of Christianity (Nueva York: Thomas Y. Crowell & Company, 1891), p. 9.

The English Standard Version Study Bible (Wheaton, Illinois: Crossway Bibles, 2008), p. 1.828.

 

agradecimientos a las  Flias. García - Sarabia

 

 

El ministerio de curación

Una Experiencia de Índole Superior

 

pp. 403-413

Necesitamos de continuo una nueva revelación de Cristo, una experiencia diaria que se armonice con sus enseñanzas. Altos y santos resultados están a nuestro alcance. El propósito de Dios es que progresemos siempre en conocimiento y virtud. Su ley es eco de su propia voz, que dirige a todos la invitación: "Sube más arriba. Sé santo, cada vez más santo." Cada día podemos adelantar en la perfección del carácter cristiano.

Los que trabajan en el servicio del Maestro necesitan una experiencia mucho más elevada, más profunda y más amplia que la que muchos han deseado tener. Muchos que son ya miembros de la gran familia de Dios poco saben de lo que significa contemplar su gloria, y ser transformados de gloria en gloria. Muchos tienen una percepción crepuscular de la excelencia de Cristo, y sus corazones se estremecen de gozo. Anhelan sentir más hondamente y en mayor grado el amor del Salvador. Cultiven ellos todo deseo del alma por conocer a Dios. El Espíritu Santo obra en quienes se someten a su influencia, amolda y forma a quienes quieran ser así formados. Dedicaos a la cultura de pensamientos espirituales y a la santa comunión. Sólo habéis visto los primeros rayos de la aurora de su gloria. Conforme sigáis conociendo a Dios, veréis que "la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto." "(Proverbios 4:18.)

"Estas cosas os he hablado "-dijo Cristo,-"para que mi gozo " esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido." ( Juan 15:11)

Cristo tenía siempre presente el resultado de su misión. Su vida terrenal, tan recargada de penas y sacrificios, era alegrada por el pensamiento de que su trabajo no sería inútil. Dando su vida por la vida de los hombres, iba a restaurar en la humanidad la imagen de Dios. Iba a levantarnos del polvo, a reformar nuestro carácter conforme al suyo, y embellecerlo con su gloria.

Cristo vio "del trabajo de su alma" y fue "saciado." Vislumbró lo dilatado de la eternidad, y vio de antemano la felicidad de aquellos que por medio de su humillación recibirían perdón y vida eterna. Fue herido por sus transgresiones y quebrantado por sus iniquidades. El castigo que les daría paz fue sobre él, y con sus heridas fueron sanados. El oyó el júbilo de los rescatados, que entonaban el canto de Moisés y del Cordero. Aunque había de recibir primero el bautismo de sangre, aunque los pecados del mundo iban a pesar sobre su alma inocente y la sombra de indecible dolor se cernía sobre él, por el gozo que le fue propuesto, escogió sufrir la cruz y menospreció la vergüenza.

Es para todos los creyentes

De este gozo han de participar todos sus discípulos. Por grande y gloriosa que sea en lo porvenir, toda nuestra recompensa no está reservada para el día de nuestra liberación final. En esta misma vida hemos de entrar por fe en el gozo del Salvador. Cual Moisés, hemos de sostenernos como si viéramos al Invisible.

La iglesia es ahora militante. Actualmente arrostramos un mundo en tinieblas, casi enteramente entregado a la idolatría. Pero se acerca el día cuando habrá terminado la batalla y la victoria habrá sido ganada. La voluntad de Dios ha de cumplirse en la tierra como en el cielo. Las naciones de los salvados no conocerán otra ley que la del cielo. Todos constituirán una familia dichosa, unida, vestida con las prendas de alabanza y de acción de gracias: con el manto de la justicia de Cristo. Toda la naturaleza, en su incomparable belleza, ofrecerá a Dios tributo de alabanza y adoración. El mundo quedará bañado en luz celestial. La luz de la luna será como la del sol, y la luz del sol siete veces más intensa que ahora. Los años transcurrirán alegremente. Y sobre todo las estrellas de la mañana cantarán juntas, y los hijos de Dios clamarán de gozo, mientras que Dios y Cristo declararán a una voz que "ya no habrá más pecado, ya no habrá más muerte."

Un motivo de aliento

Estas visiones de la gloria futura, descritas por la mano de Dios, deberían ser de gran valor para sus hijos.

Deteneos en el umbral de la eternidad y oíd la misericordiosa bienvenida dada a los que en esta vida cooperaron con Cristo y consideraron como un privilegio y un honor sufrir por su causa. Con los ángeles, echan sus coronas a los pies del Redentor, exclamando: "El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza. . . . Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás." (Apocalipsis 5:12, 13.)

Allí los redimidos saludan a quienes los encaminaron hacia el Salvador. Se unen en alabanzas a Aquel que murió para que los humanos gozaran una vida tan duradera como la de Dios. Acabó el conflicto. Concluyeron las tribulaciones y las luchas; los cantos de victoria llenan todo el cielo, al rodear los rescatados el trono de Dios. Todos entonan el alegre coro: "Digno, digno es el Cordero que fue inmolado," y que nos rescató para Dios.

"Miré, y he aquí una gran compañía, la cual ninguno podía contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que "estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos; y clamaban en alta voz, diciendo: Salvación a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero." ( Apocalipsis 7:9, 10 )

"Estos son los que han venido de grande tribulación, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos. No tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni otro ningún calor. Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos." ( Vers. 14-17 ) "Y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas."( Apocalipsis 21:4 )

En el monte con Dios

Necesitamos tener siempre presente esta visión de las cosas invisibles. Así comprenderemos el verdadero valor de las cosas eternas y de las transitorias, y esto nos dará más poder para influir en los demás a fin de que vivan una vida más elevada.

"Sube a mí al monte," nos dice Dios. Antes de que pudiera Moisés ser instrumento de Dios para libertar a Israel, se le señalaron cuarenta años de comunión con Dios en las soledades de las montañas. Antes de llevar el mensaje de Dios a Faraón, habló con el ángel en la zarza ardiente. Antes de recibir la ley de Dios como representante de su pueblo, fue llamado al monte, y contempló su gloria. Antes de ejecutar la justicia sobre los idólatras, fue escondido en la cueva de la roca, y le dijo el Señor: "Proclamaré el nombre de Jehová delante de ti.""Misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; . . . y que de ningún modo justificará al malvado." "(Exodo 33:19; 34:6, 7.) Antes de deponer, con la vida, su responsabilidad respecto de Israel, Dios le llamó a la cumbre del Pisga y desplegó ante él la gloria de la tierra prometida.

Antes de emprender su misión, los discípulos fueron llamados al monte, con Jesús. Antes del poder y la gloria de Pentecostés, vino la noche de comunión con el Salvador, la reunión en un monte de Galilea, la escena de despedida en el monte de los Olivos, con la promesa de los ángeles, y los días de oración y de comunión en el aposento alto.

Jesús, cuando se preparaba para una gran prueba o para algún trabajo importante, se retiraba a la soledad de los montes, y pasaba la noche orando a su Padre. Una noche de oración precedió a la ordenación de los apóstoles, al Sermón del Monte, a la transfiguración, y a la, agonía del pretorio y de la cruz, así como la gloria de la resurrección.

El privilegio de la oración

Nosotros también debemos destinar momentos especiales para meditar, orar y recibir refrigerio espiritual. No reconocemos debidamente el valor del poder y la eficacia de la oración. La oración y la fe harán lo que ningún poder en la tierra podrá hacer. Raramente nos encontramos dos veces en la misma situación. Hemos de pasar continuamente por nuevos escenarios y nuevas pruebas, en que la experiencia pasada no puede ser una guía suficiente. Debemos tener la luz continua que procede de Dios.

Cristo manda continuamente mensajes a los que escuchan su voz. En la noche de la agonía de Getsemaní, los discípulos que dormían no oyeron la voz de Jesús. Tenían una percepción confusa de la presencia de los ángeles, pero no participaron de la fuerza y la gloria de la escena. A causa de su somnolencia y estupor, no recibieron las evidencias que hubieran fortalecido sus almas para los terribles acontecimientos que se avecinaban. Así también hoy día los hombres que más necesitan la instrucción divina no la reciben, porque no se ponen en comunión con el Cielo.

Las tentaciones a que estamos expuestos cada día hacen de la oración una necesidad. Todo camino está sembrado de peligros. Los que procuran rescatar a otros del vicio y de la ruina están especialmente expuestos a la tentación. En continuo contacto con el mal, necesitan apoyarse fuertemente en Dios, si no quieren corromperse. Cortos y terminantes son los pasos que conducen a los hombres desde las alturas de la santidad al abismo de la degradación. En un solo momento pueden tomarse resoluciones que determinen para siempre el destino personal. Al no obtener la victoria una vez, el alma queda desamparada. Un hábito vicioso que dejemos de reprimir se convertirá en cadenas de acero que sujetarán a todo el ser.

Muchos se ven abandonados en la tentación porque no han tenido la vista siempre fija en el Señor. Al permitir que nuestra comunión con Dios se interrumpa, perdemos nuestra defensa. Ni aun todos vuestros buenos propósitos e intenciones os capacitarán para resistir al mal. Tenéis que ser hombres y mujeres de oración. Vuestras peticiones no deben ser lánguidas, ocasionales, ni caprichosas, sino ardientes, perseverantes y constantes. No siempre es necesario arrodillarse para orar. Cultivad la costumbre de conversar con el Salvador cuando estéis solos, cuando andéis o estéis ocupados en vuestro trabajo cotidiano. Elévese el corazón de continuo en silenciosa petición de ayuda, de luz, de fuerza, de conocimiento. Sea cada respiración una oración.

Seremos guardados del mal

Como obreros de Dios, debemos llegar a los hombres doquiera estén, rodeados de tinieblas, sumidos en el vicio y manchados por la corrupción. Pero mientras afirmemos nuestro pensamiento en Aquel que es nuestro sol y nuestro escudo, el mal que nos rodea no manchará nuestras vestiduras. Mientras trabajemos para salvar las almas prontas a perecer, no seremos avergonzados si ponemos nuestra confianza en Dios. Cristo en el corazón, Cristo en la vida: tal es nuestra seguridad. La atmósfera de su presencia llenará el alma de aborrecimiento a todo lo malo. Nuestro espíritu puede identificarse de tal modo con el suyo, que en pensamiento y propósito seremos uno con él.

Por la fe y la oración Jacob, siendo de suyo débil y pecador, llegó a ser príncipe con Dios. Así podréis llegar a ser hombres y mujeres de fines elevados y santos, de vida noble, hombres y mujeres que por ninguna consideración se apartarán de la verdad, del bien y de la justicia. A todos nos acosan preocupaciones apremiantes, cargas y obligaciones; pero cuanto más difícil la situación y más pesadas las cargas, tanto más necesitamos a Jesús.

Error grave es descuidar el culto público de Dios. Los privilegios del servicio divino no son cosa de poca monta. Muchas veces los que asisten a los enfermos no pueden aprovechar estos privilegios, pero deben cuidar de no ausentarse de la casa de Dios sin necesidad.

Al atender a los enfermos, más que en cualquier ocupación secular, el éxito depende del espíritu de consagración y de sacrificio con que se hace la obra. Los que asumen responsabilidades necesitan colocarse donde puedan recibir honda impresión del Espíritu de Dios. Debéis tener tanto más vivos deseos que otros de la ayuda del Espíritu Santo y del conocimiento de Dios por cuanto vuestro puesto de confianza es de más responsabilidad que el de ellos.

Nada es más necesario en nuestro trabajo que los resultados prácticos de la comunión con Dios. Debemos mostrar con nuestra vida diaria que tenemos paz y descanso en el Salvador. Su paz en el corazón se reflejará en el rostro. Dará a la voz un poder persuasivo. La comunión con Dios ennoblecerá el carácter y la vida. Los hombres verán que hemos estado con Jesús como lo notaron en los primeros discípulos. Esto comunicará al obrero un poder que ninguna otra cosa puede dar. No debe permitir que cosa alguna le prive de este poder.

Hemos de vivir una vida doble: una vida de pensamiento y de acción, de silenciosa oración y fervoroso trabajo. La fuerza recibida por medio de la comunión con Dios, unida con el esfuerzo diligente por educar la mente para que llegue a ser reflexiva y cuidadosa, nos prepara para desempeñar las obligaciones cotidianas y conserva al espíritu en paz en cualesquiera circunstancias por penosas que resulten.

El divino Consejero

Cuando están afligidos, muchos piensan que deben dirigirse a algún amigo terrenal, para contarle sus perplejidades y pedirle ayuda. En circunstancias difíciles, la incredulidad llena sus corazones y el camino les parece obscuro. Sin embargo, está siempre a su lado el poderoso Consejero de todos los siglos, invitándoles a depositar en él su confianza. Jesús, el gran Ayudador les dice: "Venid a mí, que yo os haré descansar." ¿Nos apartaremos de él para seguir en pos de falibles seres humanos que dependen de Dios tanto como nosotros mismos?

Tal vez echáis de ver las deficiencias de vuestro carácter y la escasez dé vuestra capacidad frente a la magnitud de la obra. Pero aunque tuvierais la mayor inteligencia dada al hombre, no bastaría para vuestro trabajo. "Sin mí nada podéis hacer" (Juan 15:5), dice nuestro Señor y Salvador. El resultado de todo lo que hacemos está en manos de Dios. Suceda lo que suceda, aferraos a él, con firme y perseverante confianza.

En vuestros negocios, en las amistades que cultivéis durante vuestros ratos de ocio, y en los vínculos que duren toda la vida, iniciad todas vuestras relaciones tras seria y humilde oración. Así probaréis que honráis a Dios, y Dios os honrará. Orad cuando os sintáis desfallecer. Cuando estéis desalentados, permaneced mudos ante los hombres; no echéis sombra sobre la senda de los demás; mas decídselo todo a Jesús. Alzad vuestras manos en demanda de auxilio. En vuestra flaqueza, asíos de la fuerza infinita. Pedid humildad, sabiduría, valor, y aumento de fe, para que veáis la luz de Dios y os regocijéis en su amor.

Consagración y confianza

Cuando nos mostramos humildes y contritos, nos encontramos en situación en que Dios puede y quiere manifestarse a nosotros. Le agrada que evoquemos las bendiciones y los favores ya recibidos como motivos para que nos conceda aun mayores bendiciones. Colmará las esperanzas de quienes en él confían por completo. El Señor Jesús sabe muy bien lo que necesitan sus hijos y cuánto poder divino asimilaremos para bendición de la humanidad, y nos concede todo lo que estemos dispuestos a emplear para beneficiar a los demás y ennoblecer nuestra propia alma.

Debemos tener menos confianza en lo que por nosotros mismos podemos hacer, y más en lo que el Señor puede hacer para nosotros y por medio nuestro. La obra en que estáis empeñados no es vuestra; es de Dios. Someted vuestra voluntad y vuestro camino a Dios. No hagáis una sola reserva, ni transijáis con vosotros mismos. Aprended a conocer lo que es ser libre en Cristo.

El oír sermones sábado tras sábado, el leer la Biblia de tapa a tapa, o el explicarla versículo por versículo, no nos beneficiará a nosotros ni a los que nos oigan, a no ser que llevemos las verdades de la Biblia al terreno de nuestra experiencia personal. La inteligencia, la voluntad y los afectos deben someterse al gobierno de la Palabra de Dios. Entonces, mediante la obra del Espíritu Santo, los preceptos de la Palabra vendrán a ser los de la vida.

Cuando pidáis a Dios que os ayude, honrad a vuestro Salvador creyendo que recibís su bendición. Todo poder y toda sabiduría están a nuestra disposición. No tenemos más que pedir.

Andad siempre en la luz de Dios. Meditad día y noche en su carácter. Entonces veréis su belleza y os alegraréis en su bondad. Vuestro corazón brillará con un destello de su amor. Seréis levantados como si os llevaran brazos eternos. Con el poder y la luz que Dios os comunica, podéis comprender, abarcar y realizar más que lo que jamás os pareció posible.

"Estad en mí"

Cristo nos ordena: "Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviera en la vid; así ni vosotros si no estuvierais en mí. . . . El que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer. . . . Si estuvierais en mí, y mis palabras estuvieron en vosotros, pedid todo lo que quisierais, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos."

"Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor...."

"No me elegisteis vosotros a mí, mas yo os elegí a vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, él os lo dé." (Juan 15: 4-16)

"He aquí yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." (Apocalipsis 3:20)

"Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que la recibe." (Apocalipsis 2:17)

"Al que hubiere vencido, ...le daré la estrella de la mañana, y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, y mi nombre nuevo." (Vers. 26-28; 3:12)

"Una cosa hago"

Aquel cuya confianza está en Dios podrá decir como dijo Pablo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." (Filipenses 4:13.) Cualesquiera que sean los errores y fracasos de lo pasado, podemos, con la ayuda de Dios, sobreponernos a ellos. Con el apóstol podemos decir:

"Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús." (Filipenses 3: 13, 14.) 

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Comentarios de Jonathan Gallagher
Jonathan Gallagher es un ministro ordenado de la Iglesia Adventista trabajó por siete años en una iglesia en Inglaterra –su tierra natal–, seguidos por ocho años de administración eclesiástica. Cuenta con un doctorado en divinidad de la Universidad de St. Andrews en Escocia y es autor de siete libros y numerosos artículos. Está casado con Ana Gonçalves y tiene dos hijos adultos, Paul y Rebekah
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Comentarios: 2
  • #1

    Julio Cesar Burgos (lunes, 26 agosto 2019 21:25)

    Muy bien comentada la lección.
    Excelente labor. Muchas gracias!!

  • #2

    Panfilo Mercado (miércoles, 11 septiembre 2019 08:40)

    Exelente presentación y si quiero bajar esta aplicación como lo hago?